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Diario de Mallorca

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OPINIÓN

El ‘balconing’ en espacios naturales

Primer caso mortal de balconing de Mallorca en 2022 en Magaluf

Costará sangre, sudor y lágrimas desentrañar la Ley de Turismo de los hoteleros del PSOE, Més y Podemos, así que el comienzo de la temporada oficial de balconing aporta pistas impagables para entender el texto legal. Resulta que el cacareado «nuevo modelo» turístico del que todos hablan consiste en grabar las caídas voluntarias en vídeo, para difundir a continuación una imagen envidiable de Mallorca al mundo entero.

El «nuevo modelo» también consiste en ampliar el balconing a espacios naturales, una modalidad a cielo abierto frente a la atmósfera opresiva de los recintos urbanos. En este ciclo mortal, que en un solo día ha conducido del hotel al acantilado, debe radicar la circularidad aspiracional. En cuanto a la sostenibilidad, se da por supuesta en cualquier actividad que se desarrolle en la isla, ya sea una paella o la libanización de la barriada de Santa Catalina.

En medio del caos provocado por comportamientos tan deliberados como perfectamente predecibles, Francina Armengol ha encontrado esta vez el tono exacto. Dolor por las víctimas, pero con la contrapartida inmediata de que «los excesos no son bien recibidos», en relación al turismo de demasiada aventura. Este axioma se suma en las obras completas presidenciales a su alusión ante los dictadores de la industria de cruceros a «los mallorquines, que también tienen derechos». La necesidad de una constatación apunta a la magnitud del agravio a los nativos. Dos frases salvan la legislatura con más soltura que una legislación hueca, al menos queda alguien ahí consciente de que se está jugando las elecciones en desventaja.

Pecaría de redundante reseñar la obstinación hotelera, ahora negando la esencia del balconing. Una persona en estado de muy presumible intoxicación que se pasea por el balcón, se sube al balcón, se tambalea por la parte equivocada del balcón y se cae del balcón, no es balconing para los empresarios. Hartos de racionalizar el discurso hotelero con menguados medios, acudiremos al titular explícito del nada sensacionalista The Guardian. Allí se lee que «Turista británico muere en Magaluf tras lanzarse desde el balcón de un séptimo piso». Llámenlo zambullida.

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