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Diario de Mallorca

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Catedrático de Geografía Humana y experto en turismo
Entrevista

Pere Antoni Salvà: «Si bajamos los impuestos, el cambio de modelo económico es imposible»

«Limitar la compra de viviendas por parte de extranjeros es una utopia deseable, pero dudo que sea compatible con pertenecer a la UE»

El catedrático de Geografía Humana, Pere Antoni Salvà. Manu Mielniezuk

El profesor emérito de la UIB incide en que Baleares se ha convertido en una destinación que ha tenido una propaganda importante de lugar presidencial de cierta calidad, con unos paisajes de gran atracción que han provocado un efecto llamada.

Esta semana el Consejo General del Notariado publicó las cifras de compraventa de viviendas en 2021 y los extranjeros ya compran más del 50 por ciento en Balears. ¿Qué valoración hace?

Desde un punto de vista territorial, se trata de un hecho negativo porque perdemos el control sobre un territorio. Hasta ahora había estado dominado por una serie de fuerzas, pero entraba dentro de la lógica capitalista actual. Nos hemos convertido en una destinación que ha tenido una propaganda importante de lugar presidencial de cierta calidad, con unos paisajes de gran atracción que han provocado un efecto llamada. Esto está relacionado con el cambio del turismo. Primero tuvimos un turismo esencialmente hotelero, pero cuando esos turistas se jubilaron empezó un proceso de compra de tierras. En la década de 1980 se decía que Mallorca era el ‘land’ 17 de Alemania.

El expresidente de Balears Gabriel Cañellas ya dijo que teníamos que convertirnos en la segunda residencia de Europa. ¿Podríamos decir que esto ya se ha cumplido?

Sí, ya nos hemos convertido en la segunda residencia de Europa. La Serra de Tramuntana, por ejemplo, ya hace años que tiene unos porcentajes muy elevados de residentes y propietarios extranjeros. En algunas zonas ya superan la propiedad de más del 50% del territorio. Hay que decir que la inversión ha sido buena, y muchos de estos nuevos propietarios han invertido en las fincas para rehabilitarlas. Los extranjeros compran porque los mallorquines decidimos vender. El turismo provoca un desarrollo de todo el litoral, pero la mayoría de las compras en interior ha sido consecuencia de que la agricultura no ha tenido alternativas. Muchas residencias temporales se han convertido en habituales a medida que los propietarios se han ido jubilando.

Esto ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de limitar la compra de viviendas por parte de extranjeros. ¿Cree que es factible?

Yo lo calificaría como una utopía deseable. Siempre hablamos de que vamos a hacer algo, pero en una situación así solo hay dos opciones: salir de la Unión Europea o adaptarnos a la libre circulación europea, tanto de personas como de capital. Los ejemplos que se ponen de otros países no son del todo correctos. Dudo que sea compatible con pertenecer a la UE. Tendemos a hablar de los extranjeros, pero nos olvidamos de los fondos de inversión y grandes empresas que están comprando muchísimas viviendas para especular. Incluso las cadenas hoteleras que adquieren los hoteles de las islas.

La tendencia habitual es comparar Balears con Venecia, pero ellos pierden población y nosotros ganamos cada año.

Venecia ya ha vuelto a anunciar la cuota de entrada para los visitantes. La congestión de estos días ha sido tan grande que se han visto obligados a plantearlo. Este tipo de medidas sí que podemos aplicarlas, sobre todo tasas y control de población. Aquí tenemos la llamada ecotasa. La que se planteó al inicio era muy clara, pero ahora ya no se destina a revertir los efectos del turismo.

Marco d’Eramo afirma que «el turismo está tan arraigado en nuestro yo que cuestionarlo significa redefinir nuestra idea de libertad». ¿Es el caso de Balears?

Absolutamente. Tenemos que ir inevitablemente hacia una diversificación económica. Aunque el cambio de modelo no se hace en un día, hay que empezar a legislar en esa dirección. Necesitamos que todos los partidos y agentes sociales se unan para que el cambio sea real.

Habla de la importancia de los impuestos en este cambio de modelo.

Sí, porque tenemos que pagar muchos servicios públicos, cada vez más debido al aumento de población.

Está muy ligado con la infrafinanciación autonómica.

Si bajamos los impuestos, el cambio de modelo económico es imposible. ¿De dónde quitamos los recursos? Educación y salud siempre son los primeros que reciben. Además, hay que mantener las infraestructuras que posibilitan la llegada de tantos turistas: playas, carreteras, aeropuerto, puertos, lugares públicos, etcétera. La plusvalía que aporta el turismo debería revertirse en la calidad de vida de los ciudadanos de Balears.

En los últimos meses se habla mucho de ‘sostenibilidad’. ¿Es realista hablar de ello vista la situación que viven las islas?

No es para nada realista, pero sí deseable. Llevamos repitiendo esta palabra desde los años 70, cuando se produjo la crisis del petróleo. Con cada crisis salen estos elementos, pero cuando la superamos acaba primando la economía. Pensé que con la covid cambiaría el paradigma, pero ha quedado demostrado que me equivoqué. La nueva normalidad significa seguir con lo que teníamos.

¿Ha habido demasiado discurso y pocas decisiones?

El discurso es muy bueno para vender. A veces nos lo creemos porque parece que habrá un cambio, pero la realidad es que falta un plan estratégico a veinte años vista. Todos los Libros Blancos sobre turismo que se han hecho se quedaron en estanterías.

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