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Diario de Mallorca

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BOULEVARD

Més (per Menorca) declara la independencia ecológica de la isla

Miguel Ángel Revilla constata que «Balears ha creado escuela en corrupción», un homenaje indiscutible aunque el cántabro rebaje el mérito docente al incluir a Madrid y Valencia en el lote

Así recibió la Universitat a Felipe de Borbón y Letizia Ortiz en 2005. El futuro rey saludó a quienes le increpaban y el acto no se suspendió.

La izquierda incorregible se entusiasma con el tercer puesto de Jean-Luc Mélenchon, que casi le arrebata la segunda plaza a Marine Le Pen. Es decir, gana un candidato de derechas y le sigue una aspirante de ultraderecha que se disputarán el Elíseo, pero hemos asistido a un triunfo incontestable del progresismo. La feligresía gauchiste es fácil de contentar, se conforma con la medalla de plata. O de bronce.

Lo cual viene a cuento de que la autopista de Campos de la segunda legislatura consecutiva de izquierdas iba a pasar por Maó, con Mercedes Garrido pilotando de nuevo las excavadoras a las órdenes de su jefa. Sin embargo, Més (per Menorca) no es Menys (per Mallorca), así que los socios menorquines rechazaron el chantaje biosférico que habían aceptado mansamente sus casi equivalentes mallorquines.

Habrá reconciliación, pero Més (per Menorca) ha lanzado el mensaje inequívoco de declarar la independencia ecológica de su isla frente a la pinza mercantil de PP/PSOE, mucho más amenazadora que PP/Vox. Además, los ecosoberanistas tienen la inteligencia política de convertirse en el eje del archipiélago. En Mallorca, construyen autopistas, queman tebeos feministas y prohíben presentaciones de libros en la UIB. Decida usted cuál es la versión cabal.

Menorca se rebela y se reserva la biosfera. Solo se ha producido un amago, pero es muy posible que el abandono de los cargos políticos aproxime a Més (per Menorca) al tercer escaño en el Parlament de 2023. Y aquí viene la única verdad irrefutable de esta página. No queda nada claro que el Pacto pueda repetir el año próximo, pero desde luego que no sumará la cifra mágica de treinta diputados sin el concurso del partido menorquín que ejerce la oposición al Govern en ausencia del PP.

No debemos desperdiciar ningún piropo. Una semana atrás, el cántabro y bronco Miguel Ángel Revilla pontificaba desde su silla gestatoria en La Sexta que «Balears ha creado escuela en corrupción». Universidad, más que escuela. Es el mayor homenaje que podemos recibir, aunque el socio del PSOE repartiera ese título académico con Valencia y Madrid.

Un observador desapasionado advertirá que Mallorca se ha quedado algo rezagada en la lucha contra la corrupción, hasta el punto de concluir una sanación milagrosa. No hay tal, ocurre simplemente que la misma Audiencia que fue vanguardista en las condenas a cohechadores se dedica ahora a castigar con toda justicia a quienes persiguen a corruptos, aparte de emitir inauditos comunicados masivos de magistrados que se niegan a juzgar a un presunto delincuente bajo gravísimas acusaciones. Los comportamientos políticos son los mismos que exalta Revilla desde su púlpito, pero ahora en silencio. Hemos vuelto a los orígenes.

Jaume Carot nunca se conforma con hacer el ridículo una sola vez. El censor de la UIB reincide en el peligro que hubiera corrido Mallorca entera si, en su suma munificencia, no hubiera prohibido la presentación de un libro. Desesperamos tiempo atrás de que este físico solo teórico aceptara las leyes de la experiencia, pero allá vamos. En la primavera de 2005 me hallaba en el campus departiendo apaciblemente con el colega Antonio Caño, mientras aguardábamos la llegada del príncipe Felipe de Borbón y de su esposa Letizia Ortiz, que habían incluido a la Universitat en su visita oficial a Mallorca.

Los ánimos se hallaban encrespados aquella tarde en la UIB, con una mayoría de alumnos definitivamente hostiles a la gira principesca y otra minoría también ruidosa contraprogramando con banderas españolas. La imagen que hoy nos ilustra no nos permite mentir sobre la tensión reconcentrada. Pues bien, Felipe VI se apeó con tranquilidad del coche oficial situado a una distancia prudente pero no excesiva de los gritos, rodeado por los escoltas policiales que el censor niega que puedan acceder al campus. El entonces Príncipe de Asturias se dirigió a los estudiantes que le insultaban y les levantó la mano afectuoso. El acto no se canceló, se desarrolló sin problema alguno. De hecho, el ahora Rey acometió una iniciativa mucho más peligrosa, al saltarse en el Consolat la comitiva oficial para saludarme muy amigable e intercambiar unas palabras, pongo a Jaume Matas y a Ramon Socias por testigos. Ergo, el censor de la UIB se limitó a comportarse según su costumbre, con miedo. Lo del vicerrector Marcos Nadal, a quien todos elogiaban, resulta más inexplicable.

Reflexión dominical secular: «El único dato de su biografía digno de ser reseñado es que llegó a centenario».

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