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Diario de Mallorca

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«El impacto de la nueva reforma laboral en Baleares va a ser brutal»

José García Relucio es secretario general de UGT-Servicios en Baleares

García Relucio defiende la nueva ley turística para mantener a Balears en la vanguardia del sector. Guillem Bosch

La reforma laboral pactada entre patronal y sindicatos pone el foco en la reducción de la temporalidad. ¿Qué impacto va a tener en Balears?

Casi todas las actividades que tienen que ver con los servicios se van a ver afectadas, empezando por la hostelería y siguiendo por el comercio, la limpieza... El impacto en Balears va a ser brutal, con miles y miles de trabajadores y trabajadoras que van a pasar a disponer de un empleo estable.

¿Una norma de este tipo no eleva el riesgo de la picaresca? ¿Qué papel va a tener que jugar la inspección de trabajo?

Ahí está la clave. Los servicios de inspección van a tener que funcionar. Una de las cuestiones importantes de esta reforma es el régimen sancionador. Se prevén penalizaciones de 1.000 euros por cada contrato en fraude de ley. Eso tiene un poder muy disuasorio. Si a eso le añadimos el refuerzo con la llegada de inspectores desde la península durante la temporada turística, la picaresca, que no va a dejar de existir, será menor de lo que venía siendo hasta ahora.

¿Qué valoración hace del acuerdo con carácter general? ¿El coste del despido sigue siendo una asignatura pendiente?

El acuerdo es muy bueno. Se ha avanzado en derechos de los trabajadores, como en el tema de la estabilidad en el empleo. Se ha avanzado también en la negociación colectiva, al prevalecer los convenios sectoriales sobre los de empresa. Se ha dejado muy claro como han de ser los ERTE a partir de ahora y que circunstancias debe de tener cada uno. ¿Qué se ha quedado en el cajón para una futura negociación? Nuestro secretario general a nivel estatal, Pepe Alvarez, se ha comprometido con la organización a seguir negociando dos cuestiones que para mí son fundamentales. La primera son los expedientes de regulación de empleo (ERE). Somos el país de Europa donde es más fácil despedir colectivamente, y eso no puede seguir así. Y lo que tampoco es de recibo es que el despido siga como lo dejó el PP en 2012. No puede ser que un empresario te pueda despedir porque le da la gana, y no solo se haya reducido la indemnización, sino que hay algo que es todavía más importante, y es la desaparición de los salarios de tramitación, que lleva a muchos trabajadores a aceptar indemnizaciones inferiores a las que les corresponden para no tener que esperar la sentencia de un juez.

¿El acuerdo puede ser modificado durante la negociación política en las cortes o debería de ser respetado por todos los partidos al 100%?

El acuerdo se debe de respetar. Lo que subyace en estos momentos es el tema nacionalista, sobre todo desde Cataluña y el País Vasco, desde donde se ejerce la presión para que los convenios de ámbito autonómico estén por encima de los nacionales. Es un debate muy político. En cualquier caso, yo soy partidario de que prime el autonómico en muchas cuestiones. No hay que olvidar que estamos en unas islas.

Acaban de presentarse las líneas generales de la nueva Ley General Turística de Balears. ¿Por lo poco que se conoce de momento, que valoración hace?

Es la primera vez que una ley turística habla de los trabajadores. Hasta ahora, parecía que los hoteles funcionaban solos o con robots dentro. Es algo que lo cambia todo. Todavía desconocemos el articulado, pero las líneas generales van en la dirección correcta. Balears siempre ha sido la vanguardia turística, y para seguir siendo esta referencia tiene que haber una nueva legislación que hable de la circularidad, del medio ambiente, del consumo del producto local, y sobre todo tener en cuenta a las personas que trabajan en los hoteles, que son las que atienden a los clientes.

Se han incluido medidas, como las de las camas elevables para facilitar la labor de las camareras de piso, que ya estaban siendo adoptadas por algunas grandes cadenas. ¿El objetivo ha sido forzar el cambio entre los pequeños hoteleros?

Estoy seguro de que así es. Las grandes cadenas están viendo que el sector debe de ir en la dirección que plantea esta ley. Pero los intereses de los pequeños, que solo tienen hoteles en las islas, son distintos y tienen una concepción distinta de como tiene que ir el negocio. Si visitas según que hoteles hoy, la misma baldosa que hay en la escalera del personal es la que había hace 40 años. Han cambiado muy pocas cosas. Sí la piscina, sí el aspecto exterior, pero en los servicios para los trabajadores, como los vestuarios o los comedores del personal, sigue todo igual. Y no puede ser. Aunque sin lujos, las condiciones de esos espacios deben de ser tan óptimas como las que se ofrecen al cliente.

Hubo negociaciones de último minuto para que la presidenta de la federación hotelera de Mallorca, María Frontera, aceptara asistir al acto de presentación de la ley en Madrid. ¿Qué sucedió?

Vi muchos nervios. Parece que la federación hotelera estaba por la labor de llegar a un acuerdo con el Govern en el tema de esta ley, pero a última hora las responsables de la federación se echaron atrás. Decidieron que no estaban seguras. Desde mi punto de vista están cometiendo errores muy graves, en el sentido de que cuando no se sienten seguras de algo, lo que sucede en demasiadas ocasiones, suelen decir que lo tienen que llevar a la asamblea. Parecen más un sindicato asambleario que una patronal hotelera (ríe). Los que estamos al frente tanto de organizaciones sindicales como empresariales hemos de tomar decisiones y asumir luego las consecuencias, hayamos acertado o equivocado. En este caso, pasó esto. Se echaron atrás y cundió el pánico en la conselleria de Turismo porque ya estaba todo preparado para la presentación en Madrid. En el tema de la instalación de las camas elevables, que es la medida estrella, estaba previsto que su instalación en los hoteles se completara en cinco años, y finalmente consiguieron llevar este plazo hasta los seis. El Govern nos consultó este cambio, y lo aceptamos en aras del consenso.

Usted estuvo en la feria turística de Madrid. ¿Qué expectativas detectó para la temporada de este año?

Las sensaciones son muy buenas y espero que se cumplan, porque estamos en unos tiempos en los que cualquier cosa que sucede afecta al turismo. Para esta próxima temporada, lo de 2019 se puede quedar hasta corto, y podemos conseguir un año récord si nos dejan trabajar. Y los hoteleros lo saben.

En 2021 la temporada empezó tarde, en junio. Y se logró alargarla algo más de lo habitual. ¿Eso no podría conseguirse cada año?

Somos muy beligerantes en este tema. Hoteleros, sindicatos y Govern hemos de apostar por temporadas de nueve meses, e incluso penalizar económicamente a las empresas que apuestan por los seis meses. Abrir solo medio año lo hace cualquiera, monta un chiringuito, recoge y se larga a Canarias. Hay que empezar por zonas como la Bahía de Palma o el norte de la isla, como Alcúdia o Can Picafort.

Los últimos años han sido difíciles. ¿Cómo llegan los diferentes sectores a las puertas de una nueva temporada turística?

El que llega peor es el pequeño comercio, como el de playa, las microempresas de dos o tres trabajadores. La restauración ha sufrido mucho con todas las restricciones, pero los que han tenido la oportunidad de seguir con el negocio, ahora están funcionando muy bien, aunque imponiendo unos ritmos de trabajo increíbles a sus plantillas. Es un sector que ha sabido aguantar el chaparrón y adaptarse. Los hoteleros en general llegan bien porque el año pasado tuvieron la oportunidad de recuperarse contra todo pronóstico por lo que sucedió antes de junio. Al final tuvieron temporada. Voy a dar un dato: los grandes hoteleros, con tres meses a tope, tienen para vivir todo el año. Ganan tanto dinero... imagínate cuando tienen ocho meses.

El ocio nocturno apenas ha podido abrir.

Les hemos apoyado en lo que hemos podido pese a que las relaciones con los anteriores responsables de su patronal no eran buenas. Pero la última prueba para abrir la BCM ha sido nefasta. Ellos mismos han tenido que dar marcha atrás. Lo mejor es rebobinar y si no se puede abrir, no se abre.

¿El mal estado de algunas empresas puede llevar a que se intenten tomar atajos por la vía del fraude?

El fraude que más espero este año es el de los excesos de jornada, sobre todo en bares y restaurantes, y deseo que la Inspección de Trabajo también tome nota de este tema. Lo de pretender ajustar plantillas en exceso forma parte del ADN empresarial de Balears, de ahí las constantes quejas en relación a las cargas y los ritmos de trabajo.

¿Cuestiones como el encarecimiento de la vivienda puede hacer que este año vuelva a haber problemas para traer de otras zonas el personal que se necesita?

Podemos encontrarnos con escasez de trabajadores que se quieran dejar explotar, pero no de personas que quieren trabajar. Si se dan condiciones laborales y salarios dignos, no habrá problemas. Lo que tienen que saber los empresarios es que hoy en día los jóvenes no están como hace 40 años y ya no piden trabajo de lo que sea, afortunadamente.

Los grandes hoteleros impulsaron el convenio con la subida salarial del 17% en cuatro años, y después dejaron la federación en manos de los pequeños y medianos. ¿Cómo están ahora las relaciones con esa patronal?

No hay relaciones. Solo nos han llamado en una ocasión en cuatro años, y fue para que no se subieran los salarios. Es la triste realidad. No será porque no hayamos demostrado que somos un sindicato dialogante, y hemos estado a las duras y a las maduras. Ahora tenemos que afrontar la fuerte subida de los precios, y es algo que va a condicionar la negociación de los próximos convenios colectivos. Creo que las actuales responsables de la federación tienen una visión de los sindicatos anterior a la Constitución.

¿Tras desentenderse las grandes cadenas de la federación se ha roto la unidad empresarial en este sector?

Lo que está sucediendo en este momento en el sector hotelero es que cada empresa va a lo suyo. Con los grandes, que tienen experiencia, la negociación siempre ha sido dinámica porque les interesan los acuerdos.

¿En el diseño de las restricciones durante la pandemia se han tomado medidas que no le hayan gustado?

En este tema siempre hemos estado supeditados a la opinión de los que saben, que son las autoridades sanitarias. Hay medidas que no me gustan, pero hemos tenido que cumplirlas.

¿La instalación de las camas elevables puede hacer que algún hotelero quiera compensar la inversión aumentando las cargas de trabajo?

En las grandes cadenas que ya han adoptado esta medida, las cargas de trabajo no han aumentado, y eso es algo que deben de saber las camareras de piso. Además hay que advertir a las empresas que es algo que no vamos a consentir.

UGT quiere implantar la jornada de 32 horas semanales. ¿Sueño imposible?

Se va a terminar aplicando, y espero que sea a medio plazo. Aquí está en juego la conciliación de la vida laboral y la familiar. Con 40 horas es imposible.

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