Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista
Maria Antònia Pascual Maestra

«Trabajar en el Aula Hospitalaria es una lección de vida continua»

La profesora que abrió el Aula Hospitalaria en Son Dureta hace más de veinticinco años se siente muy satisfecha de que la conselleria de Educación ponga su nombre al centro, ahora ubicado en Son Espases

Pascual afirma que en el Aula «se vive muy el presente». | B. RAMON

¿Cómo se siente al saber que han puesto su nombre al centro que usted inauguró y ayudó a crear?

Pues me enorgullece mucho. No pasa siempre que la administración valore el trabajo. Y además me emociona saber que la propuesta de poner mi nombre vino de los compañeros de trabajo que han quedado.

Pero ¿qué es el Aula Hospitalaria?

Primero debo decir que el nombre ha cambiado desde hace poco tiempo y que actualmente se denomina ‘Centre per a l’atenció hospitalària i domiciliària’ y es un centro educativo perteneciente a la conselleria de Educación y que tiene como objetivo principal ayudar a todos los alumnos ingresados, pero en especial a los de larga estancia, a superar sus estudios y a poder avanzar hacia otro curso. No hay que confundir ese centro con un espacio para que los niños jueguen mientras sus padres van al médico. Es un centro educativo oficial y público y con todas las prerrogativas que eso implica, con una enseñanza absolutamente oficial y homologada.

¿Cómo surgió la idea de crearlo?

En todas las comunidades autónomas españolas existían centros como este, pero también en casi todos los países del mundo. En Europa incluso se crearon este tipo de espacios durante la Segunda Guerra Mundial. Así que aquí no fuimos pioneros. De todas maneras, las primeras iniciativas en este sentido que se dieron en España fueron auspiciadas por los Hermanos de San Juan de Dios.

¿Cómo funciona el Aula?

Pues está abierta todos los días lectivos en horario escolar, como cualquier centro educativo público. Los alumnos pueden asistir todos los días y las trabajadoras, siempre en combinación con la escuela a la que el alumno pertenece, les dan clases y apoyo. Es importante remarcar ese tema: el alumno no deja de pertenecer al centro al que se ha matriculado, sea público, concertado o privado. Las programaciones son las que le marcan sus profesores y los exámenes los mandan ellos, cosa que obliga a mantener una relación constante con los tutores y orientadores. El personal del Aula coordina ese trabajo para conseguir que el alumno pueda seguir sus estudios lo más normal posible. Así que nunca deja de ser alumno de su centro. Cada alumno sigue formando parte de la escuela en la que se matriculó a principio de curso.

¿Y si un alumno se debe quedar en la habitación un día concreto y no puede asistir a clase por prescripción médica?

Entonces el personal va a la habitación para ofrecerle ayuda, siempre que la salud del paciente lo permita. Así que nos podemos encontrar que un día concreto haya muchos alumnos y al día siguiente pues muchos menos. En el Aula se vive muy el presente, el momento concreto. Es muy difícil hacer predicciones pues nunca sabes cómo estarán los alumnos de un día para otro.

¿Cómo fueron los inicios?

Fue en el curso 95-96 cuando Esperanza Quintana, una persona de la delegación del ministerio de Educación, pues todavía no se habían dado las transferencias en ese campo, y que había visitado aulas hospitalarias en Madrid, hizo todo lo posible para que se creara una en Balears. Me enteré por el BOIB de que se buscaba una profesora y me presenté, junto a otros aspirantes. Todos presentamos un proyecto y eligieron el mío, siempre en comisión de servicios, pues yo era funcionaria y tenía plaza en otro centro público. Empecé sola y así estuve durante tres cursos hasta que se incorporó una compañera. Fueron años relativamente duros por lo que representa poner en marcha un proyecto nuevo. Prácticamente cada día debía explicar a alguien cuál era mi trabajo, pues muchos se preguntaban «¿Y qué hace una maestra en un hospital?».

Maria Antònia Pascual posa para la entrevista concedida a este diario. | B. RAMON

Y luego vino el cambio a Son Espases.

Sí y con lo que significó tener un espacio propio, pues en Son Dureta estábamos, en cierto modo, ocupando una antigua sala de espera. Mientras se construía el nuevo centro ya pudimos opinar sobre cómo creíamos que debía ser el aula.

Imagino que físicamente no hablamos de un aula al uso, con pizarras y pupitres.

No, de ninguna manera. Al principio me asocié con la red catalana de aulas hospitalarias y asistí a cursos y jornadas con todas las responsables. Eso me inició en el tema. Y una cosa que aprendí fue que no podía haber pizarras con tiza, pues el polvo sería perjudicial para los alumnos. Poco a poco vimos que lo mejor era poner mesas grandes, nada de pupitres ni mesa ni tarima del profesor, para así crear un espacio acogedor. También disponemos de unos sofás en una sala anexa para poder hablar con las familias o con los mismos alumnos. El esquema es muy diferente del de una clase normal.

¿Qué alumnos tienen la posibilidad de asistir al Aula Hospitalaria?

Sobre el papel los que cursan enseñanza obligatoria, aunque también vienen alumnos de últimos cursos de educación infantil e incluso otros mayores que cursan Bachillerato o Formación Profesional. Sin ir más lejos, el pasado mes de julio tuvimos un alumno que se examinó de Selectividad en el Aula ya que no podía ir al campus a realizar los exámenes.

¿Y si durante una de las clases un alumno necesita alguna ayuda médica puntual?

Pues al estar ubicada el aula muy cerca de la zona de pediatría, enseguida llamamos a una enfermera y acude al instante. Aula y hospital están muy bien coordinados. Piense que los alumnos siguen tratamientos fuertes y puede que se encuentren bien ahora y en media hora necesiten ayuda médica. Como le decía antes, no podemos predecir, debemos vivir y trabajar el instante.

¿Cree que los padres están informados de la existencia de este servicio educativo?

Las trabajadoras del aula, cada mañana, antes de empezar las clases, pasan por las habitaciones de los nuevos ingresados y se les explica todo lo referente al Aula. La sección de enfermería del hospital también colabora, avisando a los padres. De todas maneras, después de más de veinticinco años, todavía hay gente que desconoce la existencia del Aula Hospitalaria.

Y vayamos más lejos: ¿Qué pasa cuando un alumno no puede asistir al hospital y debe permanecer en casa?

Pues que puede acceder al servicio domiciliario, ya que hay dos personas, adscritas al Aula, que se desplazan a las casas de los alumnos que por lo que sea no están hospitalizados, pero tampoco pueden ir a su escuela.

¿El personal del Aula debe ser funcionario de la conselleria?

Hasta ahora era funcionario en comisión de servicios, pues tener una plaza fija implica que luego tienes difícil cambiar. Y no todo el mundo sirve para este tipo de trabajo que implica, además del de maestro o profesor, una carga emocional fuerte. Trabajar en centros como este implica, con el tiempo, ir cargando una mochila emocional muy dura, ya que algunos alumnos nos han dejado para siempre. Y, por otra parte, mientras están allí, debes animarlos y trabajar con ellos con optimismo y alegría. Realmente no sé si he aprendido yo más que los alumnos, pues este trabajo me ha dado coraje y me ha reforzado emocionalmente. Es difícil de imaginar como criaturas de seis o siete años poseen tan alto grado de madurez y de manera de afrontar las situaciones dramáticas. Trabajar en el Aula Hospitalaria es una lección de vida continua. Pero también están aquellos a los que has ayudado a seguir estudios y que, una vez recuperados, vienen a verte al aula. Eso es muy gratificante.

¿Y si el Aula hospitalaria no existiera?

Tendríamos que crearla, pues esos alumnos acabarían perdiendo el curso. Hoy es impensable prescindir del enorme servicio que da. Y no solamente a los enfermos pediátricos, sino también a los ingresados por salud mental, que incluye los trastornos de alimentación.

Empezó usted sola, pero ¿cuántas personas hay hoy trabajando en el centro?

Seis en Mallorca, distribuidas entre Pediatría, Salud mental y atención domiciliaria, una en Menorca y otra en Eivissa.

¿Y qué ocurre cuando un alumno es dado de alta?

Pues lo normal es que vuelva a su centro de referencia.

¿Cómo es el día a día?

Me ayudó mucho haber sido directora de un centro como el de Mancor de la Vall, en el que cada profesor tenía dos cursos en el mismo espacio, pues en el Centro hospitalario pasa algo parecido, se mezclan alumnos de diferentes edades y que se ayudan entre sí. Todo ello crea y mantiene un ambiente de amistad y colaboración entre los chicos. La situación que viven cada uno de ellos les hace más comprensivos hacia el otro. Y además el Aula normaliza, en lo posible, la vida de esos chicos, ya que, en vez de quedar en la habitación, pueden salir y socializarse durante unas horas cada día.

¿Cuál es la valoración que hace de esos más de veinte años en el centro?

Me gusta decir que he sido una persona muy afortunada ya que he hecho un trabajo que me ha satisfecho y al lado de compañeras que se han convertido en amigas. Piense que para que una maestra realice su trabajo durante tanto tiempo dentro de un hospital, con alumnos, muchos de ellos con problemáticas de salud graves, debe de gustarle mucho, pues si no es así, mejor quedar en una escuela, haciendo tutorías y enseñando una o varias asignaturas.

En diversas ocasiones se ha referido a sus compañeras de trabajo, siempre en femenino.

Y es que la realidad es que mayoritariamente, muy mayoritariamente, han sido mujeres las que han trabajado en el Aula. No sabría explicarlo, pero quizás porque hemos tenido que luchar para conseguir nuestros derechos, lo que nos ha hecho más fuertes. Y para trabajar en ese tipo de centros se debe ser muy fuerte, emocionalmente.

Compartir el artículo

stats