Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Boulevard | La Policía vio un suicidio en un homicidio con intento de violación

Una vez confirmada la agresión sexual con resultado de muerte a Martina Rossi en Cala Major, las delegaciones del Gobierno, Govern y Consell convocarán un minuto de silencio

Una década para esclarecer la causa real de la muerte de Martina Rossi

El Tribunal Supremo italiano ha condenado a seis años de cárcel a dos jóvenes italianos por el homicidio de Martina Rossi, que se precipitó desde un balcón en un hotel de Cala Major mientras huía de una manada de compatriotas que querían violarla. Hasta aquí la versión italiana de los hechos. Traducidos al castellano por la Policía Nacional, fue un simple suicidio, una caída accidental o un balconing sin causantes y por tanto sin delito.

Es decir, la Policía vio un suicidio donde había un homicidio causado por un intento de violación. Enhorabuena. Se despachó un crimen que la justicia italiana ha investigado durante una década, siempre pueden acusar de connivencia a la jueza de Puigdemont. A los profanos, por fuerza ha de sorprendernos la minuciosidad de dicho cuerpo policial en las causas exigidas por Cursach, frente a su brillante y breve intervención en la muerte de Martina Rossi. Y con nombres repetidos en ambos casos. Esta falsedad lacerante costaría la destitución en un país civilizado, lo más probable aquí es una condecoración, dado que el ascenso ya se ha producido. A cambio, la feliz intervención en la agresión sexual demuestra el nulo valor de las invenciones policiales bajo inspiración del magnate.

Lástima de dinero malgastado por la Policía, en ambos casos. No nos cabe ninguna duda de que el jefe supremo policial o como se diga ha iniciado un expediente severo, como se haría en cualquier organización digna de tal nombre, una vez que termine de convencernos de que en Mallorca no hay yihadistas, igual que no hubo homicidio. Por cierto, le comunicamos que su predecesor fue destituido porque pasaba demasiado tiempo lejos de su destino. Está garantizado asimismo que los sindicatos policiales sumados en tropel a la querella archivada contra un tebeo, sin duda una lectura a su nivel, se manifestarán sin dilación sobre la brillante investigación.

Sería interesante comparar los miles de folios dedicados por la Policía a exculpar a Cursach, con el fajo más liviano consagrado a equivocarse sobre un homicidio. Conviene evocar los últimos segundos de la vida de Martina Rossi, para entender el escarnio adicional que implica el cierre en falso. Y creo que podemos adelantar sin riesgo a equivocarnos que, una vez confirmada la agresión sexual con resultado de muerte en Cala Major, las delegaciones del Gobierno, Govern y Consell convocarán un minuto de silencio. Lo contrario significaría consolidar el clasismo de ceñirse a las víctimas que no comprometan a las propias estadistas. De hecho, seguro que ya se habrán pronunciado sobre el particular, aunque sus comunicados y el clamor del Institut de la Dona se me habrán traspapelado. «Se ha hecho justicia», sentencia Bruno Rossi, padre de la joven fallecida. No en Mallorca, como de costumbre. Los abogados italianos exigen a España que pida perdón. No conocen a España.

Cobrar 21 euros por menos de veinte horas de aparcamiento en Son Sant Joan es peor que un robo, es un insulto. Parece mentira que Mallorca se deje usurpar la parte más importante de su tablero. Sometidas a un hipotético control democrático, las autoridades mutilan el bosque de Bellver de pinos y lo prostituyen con un parque de atracciones. Si pudieran obrar a su antojo, venderían el engorroso castillo piedra a piedra para urbanizar la montaña circundante. Pregúntese simplemente cuántos concejales han visitado el último año el enclave, situado a demasiada distancia de los bares de Cort.

Sometidas a un hipotético control democrático, las autoridades mutilan el bosque de Bellver y lo prostituyen con un parque de atracciones. Si pudieran obrar a su antojo, venderían el engorroso castillo piedra a piedra para urbanizar la montaña.

Las butacas de ópera han pasado en el Teatre Principal de 60 a 80 euros, el teatro de 25 a 35, y eso que la inflación todavía no ha empezado a golpear. El cheque bebé de Zapatero que Sánchez ha rescatado como cheque cultural a adolescentes se agota en una sola función. La actividad cultural más frecuentada es el fútbol, y el secretísimo Real Mallorca efectuó un lobby tan intensivo como silencioso ante el Govern durante la pandemia, para ampliar su aforo de Son Moix.

Reflexión dominical desubicada: «En Mallorca siempre estás en el lugar inoportuno en el momento inoportuno».

Compartir el artículo

stats