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Mallorca se vuelca en la noche del primer baile

Las discotecas abordan una apertura tímida y llena de restricciones, mientras que las zonas de marcha, como el Paseo Marítimo, se llenan de jóvenes con ganas de desfase

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Mallorca se vuelca en la noche del primer baile

La noche más esperada por la gente joven ha llegado a Mallorca. Se trata de uno de los últimos pasos hacia la nueva normalidad: la reapertura del ocio nocturno. El pasado viernes, las discotecas y salas de fiestas pudieron abrir por primera vez en más de dieciocho meses.

Pese a que todos los jóvenes habían soñado en su estreno como una noche de desfase, la realidad es que las restricciones y las medidas de seguridad marcaron el ritmo de la noche. Los jóvenes tomaron las calles en busca de diversión y fiesta, y llenaron hasta los topes las zonas de marcha, como el Paseo Marítimo o Santa Catalina.

La mayoría de locales de fiestas, por su parte, estuvieron cerrados. Los pocos que abrieron trataron de cumplir al máximo las medidas de seguridad, pese a la dificultad que supone que todo el mundo cumpla las reglas, y esto truncó los deseos de algún que otro adolescente con ganas de desmadre.

Nunca antes se había visto una discoteca así: todos estrictamente sentados en las mesas, con un limitadísimo aforo en las pistas de baile y con las terrazas libres de humo de tabaco. Para fumar, hay que salir del recinto; para bailar, hay que esperar a que otro termine, y para moverse de la mesa, hay que ponerse la mascarilla.

Así lo vivieron los afortunados que llegaron a entrar en algún local de fiesta; muchos se quedaron fuera, algunos por no tener el certificado covid —condición sine qua non para entrar en los locales de ocio nocturno— y otros porque en el establecimiento ya no había más sitio.

Pere Joan Navarro, el encargado de la discoteca Lunita, asegura que tuvo que despachar a cientos de personas en la entrada porque el aforo no daba para más. Este local, ubicado en Can Pastilla, puede albergar a 500 clientes, pero como las restricciones obligan a reducir la capacidad al 75%, el aforo máximo es de unas 375 personas.

Sin embargo, es “imposible”, según Navarro, acoger a tantos clientes cumpliendo las medidas de distancia y calidad del aire. En total, sumando las normas restrictivas y el aforo reducido, solo caben unas 170 personas.

El encargado, que ya antes de la reapertura se imaginaba que abrir el local no compensaría, se reafirma en su idea: “No es rentable abrir así, no salen los números. La semana que viene nos pensaremos si volver a cerrar la discoteca”, afirma el responsable, que ha tenido que incrementar el personal de seguridad para garantizar que se cumplen las normas. “Nosotros vendemos diversión. Si no dejamos que la gente se divierta, no vendemos”, lamenta.

Respecto a las medidas de seguridad, el encargado asegura que es “inviable” que se cumpla al dedillo todo lo que pide el Govern. Pese a estar sorprendido por la cantidad de gente que respeta las normas, el encargado asegura que siempre queda algún rebelde que se quita la mascarilla o que se levanta de la silla para bailar: “Es muy difícil de controlar, estamos como policías”, explica el responsable frente a su discoteca en Can Pastilla.

Otro de los puntos calientes fue la zona de Santa Catalina. Las discotecas Luna y Sabotage afrontaban la noche con esperanzas, sabedores de la importancia de este primer gran paso hacia la normalidad. Pero la realidad fue complicada para algunos. Las largas y lentas colas hicieron que muchos desistieran en el intento de bailar en pista. "Nadie diría que sigue habiendo pandemia", comentó una chica en la plaza del Vapor, asombrada ante la cantidad de personas allí reunidas.

Los afortunados que sí pudieron entrar no podían esconder su felicidad. Alguno incluso recordaba que, pese a sus limitadas aptitudes prepandémicas, la falta de práctica había limitado aún más sus movimientos. Marítimo aportó el contraste. Allí parecía que la pandemia ya era cosa del pasado. Pubs llenos, sin distancia y gente sin mascarilla. Pese a todo, la noche volvió a ser protagonista y dejaba claro que la gente tiene ganas de salir.

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