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Análisis

«Sa nostra presidenta» es Armengol

Los hoteleros siguen encabezando la oposición a la izquierda, ahora vendiendo sus hoteles el día en que el Govern presume de economía

Francina Armengol en el Parlament durante el debate de Política General.

Francina Armengol en el Parlament durante el debate de Política General. Guillem Bosch

Unos griegos desconocidos adquieren complejos hoteleros mallorquines de cinco estrellas, el mismo día en que la presidenta del Govern no solo presume de industria boyante, sino que se burla específicamente de los datos de Grecia. Así se cierra una magnífica temporada, y se anula el discurso presidencial por desnudamiento del estado real de la autonomía. Falta liquidez, el sector está en venta.

La compraventa no solo es una de tantas, mirada con envidia por los empresarios mallorquines que no consiguen desprenderse de sus activos. Demuestra además que los hoteleros siguen encabezando la oposición a la izquierda, ahora vendiendo sus establecimientos el mismo día en que el Govern presume de economía.

Mientras tanto, la derecha inoperante pretende embarcar a Mallorca en su peculiar ceremonia de la confusión. El pasado lunes, la semiportavoz parlamentaria y exconsellera Núria Riera prodigaba elogios hacia «sa nostra presidenta». Parecía una muestra ejemplar de consenso interpartidista, hasta que se reparaba en que se refería de manera equívoca a la solo presidenta del PP balear.

Marga Prohens hiberna en Madrid mientras la legislatura avanza en Palma. «Sa nostra presidenta» es Armengol, y multiplicar la condición presidencial con servilismo no obrará el prodigio de materializar a la presumible candidata del PP. Al contrario, los enredos de nomenclatura solo contribuyen a ahondar la ausencia comprometedora.

El portavoz popular Toni Costa se encontró este miércoles con el mismo problema, en su réplica a la visión paradisiaca de Armengol. El diputado ibicenco y revelación de la legislatura citó con frecuencia a Prohens, como si la denominación in effigiem implicara una atribución de su discurso a una persona que se encontraba en Madrid. Con algo de creatividad, habría subido al estrado con un iPad, desde donde «sa nostra presidenta» anhelada se dirigiera a la cámara.

En la mayor encrucijada política de los últimos años, cuando a escala estatal y provincial se decide el recambio o la continuidad, el PP pretende ganar las elecciones por impregnación. Aspira a que se asiente la evidencia. Peca del mismo optimismo que lastró la intervención inaugural de Armengol, aunque «sa nostra presidenta» del Govern se caracteriza por imprimir un tono fúnebre a las buenas noticias.

Al anunciar que finalmente llegarán fondos de insularidad presupuestados por el ejecutivo, Armengol parecía estar abroncando a Madrid por su generosidad. Nunca ha habido un contraste tan acusado entre el mensaje y su interpretación. En lo tocante a la súbita reaparición del REB, está claro que se desentierra al Santo Régimen para sacarlo en procesión cada vez que prende un incendio. En especial, cuando el fuego viene atizado por los socios de Més y Podemos, a quienes el PSOE considera por primera vez indispensables para su supervivencia. A regañadientes.

Ante una oposición menos montaraz que lo exigido por la angustia del presente, el Govern se ha deshecho en augurios, promesas, anuncios y presagios. En efecto, ninguna realidad tangible como los cien millones largos que los griegos más que arruinados invierten en Mallorca. En cuanto al valor de los futuribles, cabe esperar que superen en crédito al pronóstico de que «el virus no volverá a marcar jamás el ritmo de esta sociedad», otra garantía avalada por «sa nostra presidenta».

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