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Análisis

El triunfalismo de la presidenta salvavidas

Armengol ha «conseguido que el virus fuera menos letal», porque «hemos salvado más vidas que nadie» y en el futuro logrará «hacernos más felices»

Armengol

¿Cuál es el superlativo de triunfalista? Ningún president se había atrevido a la descripción fantástica por ilusoria de la actualidad de Balears que ha efectuado Francina Armengol, ni en los tiempos de bonanza económica. Y eso que el Consolat ha sido habitado por fabuladores de la talla de Jaume Matas o José Ramón Bauzá. Según la presidenta, la comunidad no solo vive el mejor de los tiempos posibles, sino sobre todo de los imposibles dada su desconexión de la realidad. En sus propias palabras desbocadas, asume «una transformación histórica».

La invención fabulosa de Armengol era tan descabellada que amortiguó en lugar de excitar los tibios aplausos de su grupo. Para entender el sesgo del Govern, las citas de la presidenta a los empresarios multiplicaron a las menciones a los trabajadores, en la franja noble de su discurso. La plebe doliente se quedó para los minutos de la basura, mezclada literalmente con la ganadería. Si quieres que tus vagas promesas sobre regulación de alquileres pasen desapercibidas, colócalas al final de una perorata de hora y media.

En buena lógica, el discurso inaugural del debate del estado de la autonomía tendría que haberlo pronunciado Iago Negueruela, que ha llevado a cabo y presentado todas las políticas del Govern durante la pandemia. La sustitución del macroconseller por la presidenta alumbró excesos que nunca se hubiera permitido el combativo portavoz.

Armengol se felicitó de que «hemos conseguido que el virus fuera menos letal», un manifiesto digno de Donald Trump y que puede reportar a la presidenta el Nobel de Medicina. Por si no quedaba claro, machacó que «hemos salvado más vidas que nadie», y repitió esta sentencia por triplicado en diversos formatos. A riesgo de pecar de desagradecidos tras haber sido salvados por la intercesión presidencial, parece mentira que una farmacéutica, obligada a un mínimo conocimiento de las patologías, pueda asignarse la función de salvavidas. La  indiscutible vocación política de la presidenta supone así un alivio para sus hipotéticos clientes en la botica.

Poseída por su sobreactuación, Armengol se comprometió incluso a «hacernos más felices», entre acusaciones veladas y por tanto cobardes a los «derrotistas» que discrepen de su visión idílica. La euforia le impidió un comportamiento respetuoso hacia los datos. Presumió de vacunación en la comunidad colista, la única que semanas después que el resto de regiones no ha alcanzado todavía el setenta por ciento de inmunización de la población total, la única escala aceptable como saben incluso los expertos del Govern

Pese a su condición de colista en inyecciones, Balears tiene ahora mismo cientos de miles de vacunas sin administrar, cuando la conselleria se escudaba en la ausencia de materia prima. La comunidad va colista en todos los segmentos de edad, por lo que Armengol encontró la única década juvenil en que solo momentáneamente se sitúa a la cabeza. En la ebriedad de final del discurso, el famoso setenta por ciento había crecido respecto al conjunto de la población, sin limitaciones. Omitiendo que toda España culpó a Balears de que no pudiera cumplirse el objetivo estatal de inmunidad de rebaño. Y el resultado hubiera sido mucho peor sin la presión de los «derrotistas», que presagiaron el ridículo histórico que amenazaba al Govern.

Tampoco aclaró Armengol si la «respuesta ejemplar» de la población a la vacuna incluía al Obispo y a los vacunados preferentes del Ib-Salut, un comportamiento vergonzoso que le obligó a destituir al responsable de vacunación. A la presidenta salvavidas solo le interesa el bienestar de la población en cuanto que se le debe a ella, como si pasara factura por sus servicios.

Únicamente de reojo admite Armengol que «en muchas otras ocasiones nos hemos equivocado», sin especificar ni una de ellas. No menciona sus dos meses de toque de queda ilegal según el Supremo, ni las restricciones nulas por no haberlas consultado según era preceptivo. El discurso melodramático y truculento no estaba diseñado para enfrentarse a los datos, se enredaba en la simpatía caritativa hacia quienes «temblaban por sus puestos de trabajo».

Se apoya Armengol en «la fuerza de diálogo social», por supuesto a ella debido. Colocar al Don Nadie de los coches de alquiler entre los síseñor de las mesas de oyentes descalifica al colectivo. Incluso desde la grandilocuencia asumida por Armengol, es irresponsable sentenciar que «el virus no volverá a marcar jamás el ritmo de esta sociedad». La expulsión discursiva y negacionista del coronavirus fue machacada por dos veces, sin admitir que el Govern se limitó a aplicar la doctrina salvaje de Ayuso en plena quinta ola. 

Por desgracia, hasta ahora Armengol se ha equivocado siempre en las previsiones sobre la pandemia, una prevención a aplicar a su imposición de que «la recuperación será completa», tal que se tratara de una verdad de BOIB. ¿Cómo lo sabe? En sus palabras, el Govern asegura que el Govern logrará los mejores resultados de España, según las previsiones efectuadas por el propio Govern.

Se está celebrando el debate del estado de la presidenta de la autonomía, y la dejación de responsabilidades en manos de su conseller para todo permitía plantearse si Armengol quería salir de la política, aunque no salir derrotada. Ahuyentó esa hipótesis con la promesa de «dejarme la piel», si bien olvidó que su epidermis ya no le pertenece. La ha desfigurado la guardia pretoriana que ha arruinado su carisma.

Los ignorantes que rodean a los gobernantes desean convertirlos en productos, con el resultado de reducirlos a subproductos de su entorno. El minuto de silencio que propuso Armengol han sido dos largos años en su caso personal. Con la excusa de preservar sus esencias, ha perdido la naturalidad, las virtudes que la llevaron adonde está.

Los triunfalistas que han dañado a Armengol son los culpables de la alargadísima sombra del Hat Bar, que nunca debieron permitir, en el que participaron entusiastas y que no significa tanto una necesidad de esparcimiento liberador en medio de la tragedia como la urgencia por burlarse de las restricciones impuestas al resto de la ciudadanía. Los guardianes de la ortodoxia han logrado incluso que su jefa se vea envuelta en un escándalo de corrupción, una vicisitud que sorteó el pétreo Antich durante años. Es posible que al robotizar a la presidenta, hayan coronado su intención de que nadie llegue a Armengol, pero desde luego han garantizado que Armengol no llegue a nadie. Todo lo cual carecería de la menos importancia frente a Biel Company, pero los tiempos y las encuestas han cambiado. En aplicación del realismo que soslaya el Govern, solo los exprogresistas pueden derrotarse a sí mismos en las urnas en estos momentos. Y en el primer día de debate no han aportado ninguna vacuna para inmunizarse contra el descalabro. 

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