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OPINIÓN

Sanidad expedienta a la paciente (clienta)

Al grito de «qué se han creído estos ancianos», la misma conselleria que robó las vacunas destinadas a la tercera edad para inyectarlas a sus altos cargos ha decidido expedientar a la paciente (clienta) que tuvo la desfachatez de hablar en mallorquín en Mallorca. Se le agravó la ofensa sin escucharla, porque el IB-Salut patrocina la idea de que la salud se administra mejor si no se pierde el tiempo hablando con el paciente (cliente).

El argumento del cierre apresurado del expediente a la paciente (clienta), porque de acciones contra los asaltacolas nada se sabe, se resume en «nosotros no solo decidiremos en qué idioma te hablamos, decidiremos si te hablamos». Ni siquiera cabe entrar en la indefensión adicional de la víctima enferma, y en el atentado contra su autonomía descrita en la ley. Simplemente, paga dos mil euros al año por un servicio que se le ha prestado en condiciones discutibles.

Frente a la actuación clasista de los rectores sanitarios, indignos de sus médicos y sus pacientes (clientes), la intervención de Francina Armengol ha sido magnífica por una vez, al negarse a que el expediente se dirija antes de abrirlo contra la paciente (clienta). Aunque sea con cierto retraso, la presidenta ha comprendido que tiene que responder ante su electorado. La cacicada hubiera prosperado de no mediar la presión de Més, que también salía condenada en el expediente y que se niega por fin a pagar las facturas del Pacto.

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