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OPINIÓN

El ‘islaicismo’llega a la escuela

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Vuelta al cole en Baleares Guillem Bosch | B. Ramon

El comienzo del curso aportaba una excelente oportunidad para felicitar al colectivo docente que ha impartido clases presenciales. Dado que la transmisión del coronavirus no respeta edades pese a la levedad del contagio para los menores afectados, los profesores in aula son los otros héroes de la pandemia, a la altura de los sanitarios.

Por desgracia, con la otra Iglesia hemos dado, y el Govern ha despistado el escándalo de los barracones eternos implantando la enseñanza del Islam. Es lógico que un ejecutivo socialcomunista propugne el islaicismo, y nadie duda ya de que Mahoma predicó la única religión verdadera. Con todo, la izquierda vuelve a hacerle el trabajo sucio a la ultraderecha, al abrir la puerta a quienes se aprovechan de la tolerancia ajena para predicar la intolerancia propia.

El Govern puede ampararse en el trato acogedor que los países de confesión musulmana brindan a religiones alternativas como el catolicismo. Y dado que el Islam dispone de teocracias en ejercicio como Arabia Saudí o Irán, con la reciente incorporación de Afganistán, se debe precisar cuál es el modelo a favorecer. Fijando modestamente los ojos en el vecindario, Marruecos no solo tiene un Rey compatible con el cargo de Comendador de los Creyentes, sino que el artículo 489 de su código penal castiga con cárcel la homosexualidad, en la vecina Argelia es el 338. Lo mismo ocurre con el vicio nefando del adulterio. Es importante que la escuela siembre las bases del futuro de Mallorca, mientras el conseller alega que cumple por imperativo legal. Sería un argumento respetable en un Govern que no batiera marcas de varapalos del Tribunal Superior, el Supremo y el Constitucional. También aquí habría sido preferible que jueces y juezas se vieran obligados a decidir si quieren Islam en clase.

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