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20º aniversario del 11-S - Para reclutar a terroristas europeos desde Mallorca se utilizaban cassettes grabados en francés

Las doctrinas del 11S se difundieron desde Palma

El lugarteniente de Osama Bin Laden para el armamento nuclear visitó tras un atentado el lujoso apartamento del Paseo Marítimo donde Ahmed Brahim fomentaba la yihad terrorista

Bill Clinton escuchó música en el Cappuccino palmesano, a los pies del piso de Brahim en el Paseo Marítimo. | DIARIO DE MALLORCA

La conexión mallorquina con el 11S posee la intimidad suficiente para ser tildada de escalofriante. Tras los atentados en 1998 de Kenia y Tanzania que causaron más de dos centenares de muertos, un lugarteniente de Osama Bin Laden recurrió a un extraño circuito para desembocar en Mallorca. Mamdouh Mahmud Salim, alias Abu Hajer al Iraqi, utilizó a Estambul como escala intermedia para aterrizar en Son Sant Joan, ocultando que procedía de los cuarteles africanos de Al Qaeda.

El alambicado circuito era seguido por los servicios secretos estadounidenses, sorprendidos de que su objetivo se instalara en un lujoso piso de un edificio de alto standing del Paseo Marítimo de Palma. Allí residían personajes como Maria Antònia Munar o el cardiólogo Miquel Triola, a la sazón presidente del Colegio de Médicos. El adjunto de Bin Laden encargado de aprovisionarse de material nuclear permaneció en Palma durante cuatro días de septiembre. Su anfitrión era el saudí Ahmed Brahim, casado con la finlandesa Elena Pirjo y administrador de una sociedad náutica denominada Nora Yachting. Con esta identificación se desplegaban los lazos que mantendría Mallorca tanto con el 11S como con el 11M.

Abu Hajer emprendió el vuelo desde Son Sant Joan hacia Alemania, donde fue finalmente detenido. Pretextó que su estancia mallorquina tenía por objeto la compra de un coche de segunda mano. Encarcelado en Estados Unidos, le arrancó un ojo a un guardia. A raíz de sus visitas a Mallorca comenzaron las escuchas policiales en el piso en primera línea donde la familia Brahim vivió durante catorce años. La elegante esposa del contacto de Al Qaeda había dejado repentinamente de vestir ropa occidental de marca, para someterse a las estrictas reglas de la indumentaria islámica.

La Audiencia Nacional no solo descartó sino que criticó, en el primer juicio mundial sobre el 11S presidido por el magistrado Javier Gómez Bermúdez, las escuchas policiales a Ahmed Brahim. Se llegaba a censurar que se recurriera a distintos juzgados para garantizar la continuidad de los seguimientos. Con posterioridad se condenaría al saudí por estar integrado en la estructura de Al Qaeda como reclutador, amén de su actividad incesante en la difusión de los preceptos radicales y de los edictos o fatwas que justificaban las acciones violentas contra los infieles.

Pese a su dilatada residencia en Palma, Ahmed Brahim solo fue detenido cuando se instaló en la localidad barcelonesa de Sant Joan Despí. Corría abril de 2002, el 11S obligaba a aumentar la presión sobre la estructura europea de Al Qaeda. Pese a la inocencia reclamada por su esposa y su hija, la misma Audiencia Nacional le condenó en 2006 a diez años de cárcel por un delito de integración en la organización terrorista Al Qaeda, y por actuar «siguiendo su estrategia». El Supremo revalidaría la sentencia.

Brahim había montado en Palma un auténtico centro de comunicaciones, de una sofisticación sorprendente para la época. Aunque en un principio se le asignó el papel de tesorero de Al Qaeda, su labor se centraba en la difusión de las doctrinas salafistas que debían servir para captar a terroristas en suelo europeo. Las grabaciones para seducir a jóvenes musulmanes se grababan en cassettes, como la famosa cinta hallada en la furgoneta Renault Kangoo de Alcalá de Henares el 11M.

El idioma utilizado por Brahim era el francés, dado que los emigrantes musulmanes de segunda generación desconocían el árabe. Una de las conexiones más sospechosas se estableció con el intelectual islamista Tariq Ramadan, receptor a través de su hermano de las cintas y que se apresuró a desvincularse de la trama. Aquel fervor pedagógico durante el cambio de milenio debía justificar la matanza del 11S.

Para la historia de las coincidencias vertiginosas, Mallorca fue también el lugar donde un miembro de Al Qaeda estuvo seguramente más cerca de un despreocupado presidente americano. Bill Clinton sufrió durante su segundo mandato los atentados en Africa, que ya avanzaban los objetivos de Bin Laden. En su visita a Mallorca junto a su esposa Hillary Clinton y su hija Chelsea, el entonces inquilino de la Casa Blanca pidió un lugar de moda donde trasnochar al aire libre. Se le propuso y aceptó la terraza del Cappuccino del Paseo Marítimo, aledaño al ático que por entonces habitaba Brahim.

Si cuesta desmentir la intimidad de Brahim con Al Qaeda durante el 11S, más inquietante resulta su proximidad a la estructura islámica que golpeó a los cuatro trenes de Atocha el 11M. Serhane el Tunecino fue uno de los cabecillas del mayor atentado de la historia en suelo europeo, antes de suicidarse con la mayoría de sus compañeros en Leganés. En la agenda telefónica del residente palmesano se encontró la anotación «Serhane, islamic friend», y la relación con este «amigo islámico» se extendía a la hija del difusor del salafismo.

Una simple ojeada al calendario permite comprobar que la detención de Brahim se produce un año después del 11S y otro antes del 11M. Sin embargo, nunca se cruzaron los datos que habrían permitido la intercepción a tiempo de Serhane. La profunda rivalidad entre las policías españolas se tradujo en una incomunicación fatídica.

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