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Lletra menuda | Imagen, carácter y relevo familiar

Exterior de la sede central de la Banca March en Palma.

Exterior de la sede central de la Banca March en Palma.

Mientras el grueso de la banca española ha estado inmersa en los últimos años en una vorágine de concentraciones salpicadas de sonados escándalos financieros, Banca March, bastante amiga del silencio y la acción, se ha esforzado en acotar su propio terreno.

Su camino no ha sido llano en este sentido, porque la competencia es cruda, ha tenido que soltar algo de lastre y no ha podido prescindir de la polémica por el cierre de significativas oficinas. Pero lo peor parece haber pasado y la imagen de la casa está consolidada y reforzada. Solo podía hacerlo un banco familiar. Banca March es hoy una firma con atención preferente a patrimonios aventajados y a eso que ellos mismos acuñan como coinversión. Es la senda escogida, lo bueno y mejor si es posible, antes que lo genérico y cotidiano.

El paso del testigo familiar, en el seno del Consejo de Administración, de manos de Juan March Delgado a su hija Catalina March Juan, es consecuencia del paso del tiempo y la operación inevitable para adaptar lo de siempre a las exigencias de la época actual.

La arquitecta de los March será consejera dominical –accionista de la sociedad– y podrá incrementar, junto a las otras tres mujeres del consejo, el peso femenino en el gobierno del banco. En el umbral de su centenario, Banca March también hace especial hincapié en el valor de los consejeros independientes. Cuida equilibrios.

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