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Boulevard | Menos mal que no hay ningún ministro mallorquín

Los británicos Reuben Brothers acaban de descubrir que sus adquisiciones de miles de hectáreas en el litoral mallorquín no pueden ser urbanizadas, salvo que la izquierda haga otra jugada como la autopista de Campos

A bordo de naves espaciales y grúas, Richard Branson conquista el espacio exterior del planeta y el interior de Son Bunyola, con la possessió deshuesada en Banyalbufar camino de su reconversión en hotel, un tipo de edificación infrarrepresentado en Mallorca.

A bordo de naves espaciales y grúas, Richard Branson conquista el espacio exterior del planeta y el interior de Son Bunyola, con la possessió deshuesada en Banyalbufar camino de su reconversión en hotel, un tipo de edificación infrarrepresentado en Mallorca.

Cuesta decidir si es mas humillante que Mallorca no haya aportado un ministro al Gobierno en 19 años, o que el último mallorquín en La Moncloa fuera Jaume Matas. Desde aquella duodécima legislatura democrática hasta la actual se han sucedido treinta gabinetes ministeriales de orfandad. La peripecia de Pedro Sánchez en La Moncloa se inició en 2018, con tres mallorquinas en puestos de similar irrelevancia. Carmen Orte, Bel Oliver y Aina Calvo desaparecieron pronto del organigrama y de cualquier posibilidad de promoción. Salieron por la puerta pequeña, desalojadas incluso con cierta violencia. Desaparecieron y nadie se ha preocupado de sustituirlas.

Un ministro mallorquín es más difícil que encontrar a un consejero delegado del Ibex que no contratara a Villarejo. Durante los siete años de Rajoy no se registró ni siquiera un secretario de Estado procedente de la isla, por mucho que María Salom presuma de la cartera que rechazó. Y repasando el erial de la política insular, hay que respirar aliviados ante el olvido de Sánchez. Menos mal que no hay ningún ministro mallorquín, nos ahorra la vergüenza añadida de cotejar nuestra realidad con el entorno. Y por supuesto, el único candidato con una posibilidad real sería Iago Negueruela, aunque nos desconcierta que ahora aspire a la cartera de Epidemiología, después de rebatir al Robert Koch Institut en pleno. Por mucho menos nos han llamado negacionistas los palafreneros del conseller.

Cada vez que se publiquen datos irreales sobre la ingente lucha contra el botellón, replicaremos con la realidad contrastada. Durante el pasado fin de semana se desarrollaron sin interrupción ni intercepción las fiestas de rigor en todo el litoral palmesano. La noche completa, de sol a sol. Lo raro es que los jóvenes encuentren un hueco para celebrar el botellón, dado que bares y restaurantes se han apropiado del espacio público.

La ruta de nuestros visitantes mide la salud de la gastronomía patria. Cayetana Álvarez de Toledo y Arcadi Espada cenaron por supuesto juntos el martes en La Mirona de la calle Sant Jaume, y el miércoles tenían cita en el Bistró del Jardín de Maca de Castro, donde su seguro servidor disfrutó más del servicio que de la comida, pero qué sabremos nosotros.

Y ahora ha llegado el momento de medirse con auténticos gigantes, porque Andreu Buenafuente se apropió en su programa nocturno Late Motiv de la expresión «macrobrotellón», patentada por esta sección tres domingos atrás. La camiseta de Nike para el Real Mallorca es idéntica al vestuario primitivo estilo pirata que emplea la marca con Rafael Nadal, incluso en la degradación del color rojo.

Los Reuben Brothers suena a dúo musicovocal, en especial porque los magnates ingleses se llaman Simon... y David, no Garfunkel. Son la mayor fortuna compartida del Reino Unido, empezaron su reconquista balear por Ibiza. De repente adquirieron miles de hectáreas en fincas litorales de Manacor, Pollença y Andratx. En este municipio saltaron las alarmas pues, aunque desde siempre pagaban caro, se quedaron con la inviolable ses Basses, «donde no puede levantarse ni un cuarto de baño», a precio de sa Mola de mi amigo Bascones.

A través de una auditoría urbanística, los Reuben acaban de descubrir que sus adquisiciones en el litoral mallorquín no pueden ser urbanizadas en contra de lo prometido al cerrar las operaciones. Salvo que la izquierda haga otra jugada como la autopista de Campos. Y a quién le sorprendería.

Quizá los Reuben tengan que esperar tanto como nuestro próximo protagonista porque, en la imagen que hoy nos ilustra, se demuestra que Richard Branson conquista, a bordo de naves espaciales y grúas, el espacio exterior del planeta y el interior de Son Bunyola. La possessió se ha deshuesado en Banyalbufar camino de su reconversión en hotel, un tipo de edificación infrarrepresentado en Mallorca. Y cuyo primer visto bueno correspondió al mismo PSM del establecimiento que desfiguró Capdepera, para quienes busquen precedentes a los Reuben.

Reflexión dominical peyorativa: «Solo los políticos serían capaces de empeorar una pandemia».

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