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Cooperar para ser más que vecinos

Cooperativistas de vivienda explican las ventajas y dificultades de desarrollar una alternativa habitacional poco explicada en Mallorca

Mateu Sureda posa en el solar que la cooperativa tiene adjudicado para construir sus viviendas.

Mateu Sureda posa en el solar que la cooperativa tiene adjudicado para construir sus viviendas. Manu Mielniezuk

Hay un camino alternativo para acceder a una vivienda digna, asequible y para toda la vida en Mallorca: construyéndola colectivamente, prescindiendo de intermediarios y tomando las decisiones en común. Las cooperativas de vivienda en cesión de uso son un modelo conocido pero poco explorado en la isla, una buena idea difícil de materializar que sin embargo se abre paso gracias al empuje de unos cuantos residentes convencidos de su éxito.

El camino es largo y se recorre cuesta arriba, más empinada después de la pandemia. «Necesitamos cooperativistas y gente con ilusión de hacer grupo y de compartir. Esto no es a corto plazo, hay que construir, tomar muchas decisiones y tener ganas. Y también necesitamos apoyo de las administraciones públicas», resume Laura López, presidenta de Juntos Llucmajor.

Algunos de los cooperativistas de Juntos Llucmajor. | JUNTOS LLUCMAJOR

Cooperativa Juntos Llucmajor: «Esto no es algo a corto plazo; hay que construir, tomar muchas decisiones y tener ganas»

LAURA LÓPEZ - Llucmajor

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Es una de las dos únicas cooperativas de vivienda en cesión de uso que sobreviven en Mallorca. La otra es La Balanguera, en Santa Maria. Germinaron en el semillero de Cohabita, un programa diseñado por el IBAVI en 2018 que abonaba el terreno para edificar un proyecto de vida colaborativo. Aunque esta entidad pública les despejaba notablemente el camino cediendo el suelo y el proyecto arquitectónico mediante un concurso público en 2019, queda mucho por recorrer antes de que ambas cooperativas puedan poner el primer ladrillo.

Cooperativa La Balanguera: «Pedimos facilidades al Ayuntamiento, tenemos un proyecto social que va más allá de construir un edificio»

MATEU SUREDA - Santa Maria del Camí

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«Hemos proyectado 23 viviendas y tenemos que ser 23 cooperativistas, pero a día de hoy solo somos 14», explica López. «Durante este tiempo hemos tenido altas y bajas. Llegamos a tener lista de espera, pero la pandemia lo ha parado todo y cuando ganamos el concurso el grupo estaba agotado porque el proceso nos vino un poco grande», relata.

Quien llega a la meta tiene recompensa porque un cooperativista puede acceder a una vivienda en torno a un 30% más barata que en el mercado libre, que es el margen de beneficio que se llevaría el promotor. Cada socio debe poner un depósito de 15.000 euros —retornables si abandona la cooperativa— y cuando entra a vivir una mensualidad entre 400 y 500 euros, aunque la cifra difiere en función del número de habitaciones. Pero no es solo el precio, detrás hay una idea casi revolucionaria en Mallorca. «Que los edificios son para habitarse, no para especular», resume Mateu Sureda, de la cooperativa La Balanguera de Santa Maria.

«Los cooperativistas no son dueños de las viviendas, tienen la cesión de uso durante un máximo de 99 años según lo que marca Cohabita. No se pueden vender porque son de la cooperativa, pero a cambio pagarás un precio asequible por una vivienda con todas las comodidades», valora Sureda.

A diferencia de sus compañeros de Llucmajor, La Balanguera tiene casi completa su lista de cooperativistas, diecinueve de los veinte que necesitan. Pero les ha frenado un obstáculo inesperado. «Cuando teníamos el proyecto listo, el Ayuntamiento aprobó una ley que obliga a las nuevas construcciones a tener aparcamientos. Eso nos obligará a replantear todo el proyecto, también a nivel de costes. He pedido una reunión con el alcalde porque el nuestro es un proyecto social que va más allá de construir un edificio», subraya este cooperativista.

Este modelo de vivienda implica otra manera de relacionarse entre los vecinos. Tanto el proyecto de Llucmajor como el de Santa Maria incluyen huertos y espacios sociales. «No somos una comuna, somos un grupo en el que todos tomamos las decisiones y nos ayudamos los unos a los otros», indica López.

Pedro Rodríguez y los miembros de Plegats han abierto la cooperativa nuevos socios. | J. B.

Cooperativas ‘senior’

Pero Mallorca también incuba otro tipo de cooperativas de vivienda, las denominadas ‘senior’, basadas en el mismo concepto de colaboración mutua pero dirigidas a quienes piensan en un retiro en compañía. Ka Nostra y Plegats apuestan en la isla por un modelo que tampoco está exento de dificultades.

«Es como empezar de nuevo a una edad en la que la gente ya no se lo suele plantear. Nos creemos que cuando llegamos a los 60 años nuestro proyecto de vida ha acabado y yo digo que no. Precisamente ahora empieza otro en el que tenemos tiempo para nosotros y la suficiente energía para hacer cosas. A estas alturas no me pondré a cargar sacos de cemento, pero tenemos la experiencia que te da la vida y somos muy aprovechables», explica Pedro Rodríguez, de Plegats.

Cooperativa Plegats: «Parece que cuando llegamos a los 60 nuestro proyecto de vida ha acabado y yo digo que no»

PEDRO RODRÍGUEZ

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La cooperativa está «a mitad de camino» de convertir en realidad la ilusión de construir un máximo de 25 viviendas con jardín, un comedor abierto al exterior, espacios comunes y servicios de curas y de atención a la dependencia. La cooperativa se dirige a personas entre 50 y 70 años y están en plena campaña para abrirse a nuevos socios hasta alcanzar la cifra que les permita dar el impulso definitivo al proyecto. «Queremos que todo sea propiedad de los cooperativistas, cuidarnos entre nosotros y si estoy mal y necesito algo, que mi vecino lo sepa. Esto no será un hotel con muchos servicios y zonas comunes», subraya Rodríguez, que anima a los interesados a escribirles [plegats.mallorca@gmail.com].

La construcción del inmueble y los servicios asociados se costearían con una entrada inicial de entre 150.000 y 200.000 euros, y una mensualidad en torno a los ochocientos euros. En todo caso, el presupuesto final dependerá del coste del solar.

«Inicialmente buscamos solares siguiendo la vía del tren, pero ya nos estamos abriendo a otras zonas porque son muy caros. Ojalá las administraciones nos dieran más facilidades porque el nuestro es un proyecto social del que también se beneficiaría el pueblo en el que estaríamos», reclama Rodríguez.

Miquel Àngel Cloquell: "Necesitamos que la gente se organice para armar un proyecto de vivienda cooperativa" B. Ramon

«Falta financiación y cultura de asociacionismo»

Miquel Àngel Cloquell ha estudiado las experiencias de vivienda cooperativa en cesión de uso en Mallorca, y también los obstáculos con los que se topan quienes lo intentan. Cuestiona que uno de los problemas sea la falta de suelo —«no hay datos que lo corroboren»— y apunta al menos a otros dos factores.

«Hay problemas de financiación importantes para desarrollar estos proyectos porque no puedes ir a un banco convencional. Y la banca ética en Mallorca no está suficientemente desarrollada para sostener proyectos de 800.000 o un millón de euros», asume este arquitecto técnico.

Cloquell también ha constatado « una importante falta de cultura de asociacionismo y de interacción de las personas para llevar a cabo proyectos». «Es necesario difundir el modelo, pensar que en uno o dos años puede ser posible en Mallorca un proyecto de cooperativa en cesión de uso no es real. Puede que en ocho o en diez», sostiene este experto.

Cloquell organiza un curso para entender mejor la vivienda cooperativa entre el 19 y el 23 en la UIB.

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