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Opinión

La incongruencia tiene un coste | Por Mateu Ferrer

Botellón en la Playa de Palma

El agobio ha sido mayúsculo, cómo nos va a extrañar que todo el mundo quiera divertirse un poco, y los adolescentes con mayor razón. Es a la administración a quien compete anticiparse y evitar los desmadres. La mayoría de la gente entiende que deba haber restricciones; lo que no comparte son las incongruencias. ¿Cómo explica el Govern a los vecinos de Ciutadella que prohíba un año más los caragols de es Born y demás rituales con caballos de Sant Joan, y permita en cambio que miles de catalanes y mallorquines se agolpen en el mismo escenario para beber alcohol? ¿Cómo explica el Govern, el Ayuntamiento de Palma y la Delegación del Gobierno -responsable de la Policía- que se agolpen cientos de estudiantes en la plaza de Toros de Palma en macroconciertos sin respetar las medidas de seguridad, mientras los ciudadanos no pueden todavía irse de copas? ¿Cómo explican que la Policía tardara horas en desalojar el reguetón del día 15, ante la impotencia y preocupación vecinal? ¿Qué sentido tiene organizar pruebas piloto ayer en una discoteca de Eivissa y en el concierto de Sidonie del Mallorca live, y esta noche en una sala de Palma, con controles sanitarios a la entrada y durante la fiesta, mientras la Policía consiente los botellones en las zonas de siempre?

Desde el 24 de mayo, los nuevos contagios de covid han estado a diario por debajo de los cincuenta casos. Desde este martes están por encima, llegando incluso al centenar el jueves. Ya hemos pasado por eso. Si las autoridades quieren hacerse respetar, que actúen donde, cuando y como toca, en lugar de tanta incoherencia.

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