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Opinión

A la tercera fue la venida | Por Matías Vallés

Ala tercera fue la venida de ingleses, pero el coronavirus enseña que los efectos secundarios se desencadenan antes que los primarios. El mismo día en que Mallorca se abraza al turismo británico con independencia de que sirva para multiplicar el número de contagios en la isla, Macron y Merkel se conjuran para que la Unión Europea en pleno prohíba el desembarco en su territorio de los habitantes de dicho país, asolado por la variante india del virus.

La alergia británica se invierte en Mallorca, donde al sonar el gong de la campaña veraniega se disolvió como por ensalmo la pasión por «salvar vidas». De acuerdo con las implacables cifras de contagios que pronto serán suprimidas de los cauces informativos, la isla debió disponer durante los meses pasados de unas libertades que los salvavidas solo permiten ahora que los datos han empeorado. Sin necesidad de valorar si las restricciones solo deben imponerse a los mallorquines que actúan como figurantes en la zarzuela estival, queda desacreditada la intervención del mínimo criterio científico.

Los alemanes y los británicos quieren a Mallorca más que los mallorquines, y también más que a los mallorquines. Basta repasar la exigua lista de territorios que Londres coloca en verde, para apreciar que no ha podido resistir un día más la tensión balear de sus ciudadanos. La pandemia es ahora mismo lo de menos, con peores datos y el mismo comportamiento turístico que en el breve verano de 2020.

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