Dos estudios llevados a cabo por investigadores de la Universitat de les Illes Balears (UIB) han detectado por un lado la presencia de metales pesados en los tejidos de tortugas bobas que han varado en Baleares y por otro que la gran mayoría ha ingerido plásticos.

El primero de los estudios ha cuantificado la presencia de cadmio, mercurio y plomo en los tejidos de 11 tortugas (9 que llegaron muertas a las costas de Baleares y 2 que murieron en el centro de recuperación), en "cantidades bajas" pero similares a las halladas en otros estudios previos realizados en otros puntos del Mediterráneo.

La presencia de esos metales en los músculos de las tortugas bobas (Caretta caretta) procede de su alimentación y está relacionado con actividades humanas, sobre todo por el uso de hidrocarburos, ha explicado el investigador de la facultad de Ciencias de la UIB, Antoni Sureda, en una rueda de prensa en Palma Aquarium, donde se han presentado los resultados con motivo de la celebración del Día Mundial de las Tortugas Marinas.

"Son contaminantes de hidrocarburos básicamente, que, una vez en el medio marino, con las corrientes, se mueven por todas partes y como las tortugas circulan mucho, es difícil controlar la exposición", ha explicado y ha detallado que otras fuentes de esos metales son los vertidos y la combustión de la industria por la expulsión de humos.

Aunque la bioacumulación de esos metales es tóxica y puede derivar en problemas neuronales en los animales, entre otros, Sureda ha precisado que las concentraciones halladas en las tortugas estudiadas en las islas "a priori no sería preocupante, pero lo normal sería que no estuvieran".

Los investigadores Antoni Sureda y Antònia Solomando. UIB

Sobre este primer estudio realizado en Baleares sobre la afectación de los metales pesados en tortugas, publicado en la revista Environmental Science and Pollution Research, Sureda ha destacado que el hallazgo "refleja que la problemática es global".

La intención de los investigadores es dar continuidad a este estudio para hacer un seguimiento en el tiempo, porque varias investigaciones indican que en los últimos 20 años los niveles de plomo han disminuido, sobre todo porque "las gasolinas ya no llevan plomo", un hecho que demuestra que "si el hombre deja de usar determinados productos, se refleja en la naturaleza".

Un segundo estudio de la UIB ha analizado a nivel bioquímico el estrés oxidativo en 15 tortugas llegadas al Centro de Recuperación de Fauna Marina de la Fundación Palma Aquarium y ha detectado que los niveles, que están "disparados" cuando a su llegada, van descendiendo paulatinamente y, transcurrido un mes, a medida que avanza su recuperación física, se sitúan en niveles normales, lo que implica que, en ese plazo, "estarían listas para volver al mar", ha explicado Sureda.

Han aprovechado este estudio, publicado en Science of the Total Environment, para determinar también el sexo de las tortugas, que es indistinguible hasta que son adultas, mediante la medición de hormonas, con una pequeña muestra de sangre.

Sureda ha explicado que la importancia de este estudio es que revela que el manejo de las tortugas logra descender su estrés oxidativo y permite "conocer más la especie para poder tomar medidas para mejorar su manejo y conservación".

Una tortuga marina en una playa. UIB

Por otra parte, la investigadora Antonia Solomando, que dedica el doctorado en Ecología Marina que está llevando a cabo al estudio del impacto de plásticos en la fauna marina del Mar de Baleares, ha asegurado que casi todas las tortugas marinas estudiadas (también analiza cetáceos) los habían ingerido.

"En la gran mayoría de tortugas encontramos plásticos", ha explicado, tanto en las halladas muertas al estudiar su aparato digestivo, como en las que llegan vivas al centro de recuperación y los acaban excretando.

Sureda ha recalcado que, al igual que con los metales pesados, "el plástico también es un problema ubicuo". Ha reivindicado que "hay que actuar de verdad", reduciendo y suprimiendo su uso y ha advertido de que ya hay estudios que señalan que "lo que llaman ahora bolsas biodegradables está causando el mismo problema que antes, se acabarán deshaciendo, pero mientras tanto terminan en el mar".

"El problema no es sustituir una cosa por otra sino ir hacia la reducción", ha recalcado.