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SANIDAD

La hemodiálisis, mejor en tu propia casa

Mateu Forteza: «Ahora podré dializarme cuando quiera y no llevar una dieta tan exigente»

Mateu Forteza Arbona recibiendo la formación en hemodiálisis

Mateu Forteza Arbona recibiendo la formación en hemodiálisis

Son Espases ha comenzado a formar a 3 de los 38 pacientes que reciben tratamiento de hemodiálisis regular en el centro con el objeto de que ellos mismos puedan someterse a esa eliminación de toxinas en sus propios domicilios. 

De esta manera, se convierte en el primer hospital público de las islas que ofrece esta prestación domiciliaria que aumentará la independencia y el bienestar de los pacientes renales avanzados. Uno de ellos, el pollencí Mateu Forteza Arbona, cuenta su experiencia tras dos semanas y media de formación con una máquina compleja a la que, admite antes de quedarse con ella a solas en su domicilio, aún mira con respeto.

«Hace siete años», comienza este mallorquín de 59, «tuve el paro renal, me fallaron los dos riñones y tuve que comenzar con hemodiálisis. Tras un año con este tratamiento, pude pasarme a la diálisis peritoneal en mi propio domicilio».

Esta última técnica no tiene tantos efectos secundarios como la hemodiálisis. Se ha de infundir un líquido en el peritoneo cada cuatro horas con el objeto de que supla las funciones renales de limpieza que, por las noches, puede alargarse hasta las ocho horas con el objeto de permitir un reparador descanso. «El problema es que el peritoneo, que es una membrana, se acaba gastando con el trasiego de tanto líquido. En definitiva, desde hace un año he tenido que volver al programa de hemodiálisis de forma ambulatoria en el hospital», lamenta.

Su día a día actual se rige por esta rutina: acude a Son Espases tres veces por semana, lunes, miércoles y viernes. A las 6.30 de la mañana le pasa a buscar una ambulancia en Pollença que va recogiendo a otros pacientes a los que deja en el centro de referencia dos horas más tarde. Una vez pasados los controles sanitarios, cada paciente ha de permanecer unas cuatro horas y media en su butaca de dialización conectado a la máquina. Una vez completada la sesión, son devueltos a sus casas.

«Suelo llegar a las tres o tres y media cada día y normalmente arribo cansado, mareado y con el estado anímico bajo. Por eso por las tardes me suelo quedar en casa. Si estoy más o menos bien, en el sofá, y en algunas raras ocasiones en la cama», prosigue Mateu señalando que el malestar tan solo lo padece el día del tratamiento, que a la mañana siguiente puede hacer vida normal.

Dos cánceres

Una vida normal que le ha hurtado su patología renal. El hecho de no poder eliminar correctamente las toxinas de su cuerpo le ha pasado factura. Ya ha sufrido dos cánceres, de hígado y de pulmón, y otras patologías a las que ya se refiere como «menores».

Para poder dejar este tratamiento tan exigente tendría que someterse a un trasplante renal, pero el problema es que los pacientes oncológicos han de esperar unos cinco años antes de someterse a esta intervención y tan solo han pasado tres desde la remisión de los tumores.

Mientras llega esa fecha, Mateo, una persona inquieta siempre deseosa de adquirir nuevos conocimientos, ya lleva dos semanas y media formándose en Son Espases para poder manejar la máquina él solo para dializarse en su propia casa.

«Hoy (por ayer) es el primer día que he hecho todo el proceso sin equivocarme ninguna vez. Eso sí, un sanitario me vigila constantemente. El programa informático de la máquina no es sencillo, no son dos botones como en la peritoneal. Mi monitor me ha dicho que la semana que viene ya empezaré a programar y desprogramar yo solo», continúa un esperanzado Mateu que confía que en dos o tres semanas ya lo podrá hacer él de manera autónoma en su domicilio de Pollença.

Mientras llega el momento, enumera las futuras ventajas. «Estaré en casa, así que podré dializarme cuando quiera de forma mucho más cómoda y sin tener que desplazarme hasta Palma. Podré hacerme sesiones menos prolongadas y diarias con lo que tendré menos efectos secundarios. Y eliminaré las toxinas de forma más regular, lo que también me permitirá no ser tan exigente con la dieta», apunta recordando que los pacientes con insuficiencia renal toleran mal el potasio y el fósforo, presentes en casi todos los alimentos. 

El propio Mateu ha de calcular cuidadosamente, gracias a una app, la cantidad de estos minerales que contienen los alimentos que consume en su día a día. «Muchos alimentos han de ser cocidos dos veces, las patatas han de estar en remojo 24 horas antes de su consumo y cambiándoles el agua cada 3 o 4 horas. Ternera solo puedo comer una vez a la semana... pero cuando empiece el tratamiento domiciliario podré mejorar la dieta», confía.

Por todos estas ventajas y mientras llega el ansiado trasplante, Mateu ya cuenta los días que restan por tener a la máquina a la que aún mira con respeto en el salón de su casa.

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