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Opinión

Company, el único candidato del PP que no presidirá Baleares | Por Matías Vallés

Biel Company.

Durante cuarenta años, se ha cumplido la ley inexorable de que todo candidato autonómico del PP acababa por ser elegido presidente de Balears. Cabeza de cartel, triunfo asegurado. En un síntoma del poderío hegemónico que han ejercido sobre la comunidad, los populares no postulan aspirantes, sino que instalan a sus digitados en el Consolat. Las elecciones son un mero trámite.

El axioma de la candidatura con triunfo garantizado se ha cumplido con el invicto Gabriel Cañellas, con un Jaume Matas también triunfal pese a sus dos derrotas, y con el entonces desconocido José Ramón Bauzá. La tradición se invierte desde ayer mismo con Biel Company, el único candidato del PP que no presidirá Balears.

Siempre queda la incógnita de qué hubiera ocurrido si Madrid hubiera concedido una segunda oportunidad al dimitido, pero no apuesten a que Company’23 se distinguiera demasiado de Company’19. El triunfo imposible no solo mide la insignificancia política del candidato destituido y sustituido, sino sobre todo el debilitamiento del PP balear. Pasaron los tiempos en que podían presentar con éxito al palo de una escoba.

La salida a escape de Company a mediados de legislatura vuelve a demostrar que el PP perdona a corruptos sin sonrojarse, pero tiene poca paciencia con los perdedores. Y el todavía presidente regional llevaba colgada esa etiqueta hasta el punto de declararlo irrecuperable. Cuesta imaginar cómo hubiera logrado disimular su ignorancia de los usos parlamentarios y de la realidad balear sin el báculo de Antoni Costa, el diputado ibicenco que ahora asume una portavocía que ya ejercía de facto.

De hecho, el hundimiento definitivo de Company coincide con su cansino quehacer parlamentario. No ha colocado a Francina Armengol contra las cuerdas ni en una sola ocasión, en medio de una pandemia feroz y en una región devastada por la mayor crisis económica de su historia.

Pablo Casado está deslumbrado y aterrorizado a la vez por Díaz Ayuso, la autora de una victoria que puede aplastar al presidente estatal del PP. Dos factores bloqueaban la traducción a Balears de un fenómeno similar al madrileño:

1) El candidato balear se llama Company, que encima se ha dedicado a no ser él mismo. Se ha inventado un personaje tolerante en sus antípodas, con una pésima interpretación.

2) En las elecciones madrileñas arrasa la presidenta de la comunidad, que aquí se llama Armengol.

Los populares corrigieron ayer la primera disfunción, a falta de saber si Marga Prohens basta para superar el segundo obstáculo. A Company solo le faltó asegurar que le habían ofrecido la secretaría general de la OTAN como premio de consolación, pero la mezcla de indignación y tristeza le rezumaba por los poros. Si tenía pensado marcharse, ¿para qué incorporó a Jaime Martínez en Palma, un movimiento en clave electoral que debió encomendar a su sucesor?

Todos los candidatos del PP balear tuvieron que abandonar la presidencia regional de la formación en circunstancias deshonrosas, pero al menos se jubilaban con una (Bauzá), dos (Matas) o tres (Cañellas) estancias al frente del Govern. En cambio, Company no gozará ni de un retiro dorado como eurodiputado de Ciudadanos.

No tomarás el nombre de Cañellas en vano. Company supone el enésimo intento de reproducir el carisma del fundador del PP balear. Funciona la conexión agrícola entre ambos, aunque el president más longevo de Balears nunca hubiera trasladado su ironía al humor grosero que caracterizaba al actual president, antes de ser sustituido por su maniquí. Imitar al único patriarca balear con doctrina propia, el cañellismo, es más difícil de lo que parece.

-¿Qué piensa de la civilización de Occidente?, le preguntaron al líder chino.

-Me parece una buena idea, respondió.

En esa línea, Company encarna el mayor fracaso en la reinvención de una marca desde la Classic Coke o la Pepsi Crystal. El capataz de los ganaderos, que interrogaba a Bauzá sobre opciones sexuales indeseables, gozaba de más opciones que la insípida versión ahora periclitada. El enloquecido discurso de asunción de la presidencia ayer entregada, que Company interrumpió abruptamente «porque mi hermana ha de darme un masaje», ofrece la versión autentificada del personaje.

Si la autonomía de la que presume el PP balear conduce a nombrar a candidatos como Biel Company, bienvenida sea la ocupación por parte de Madrid, que por lo visto se ha tomado en serio las expectativas abiertas por la coronación de Isabel Díaz Ayuso. La campeona del primitivismo se caracteriza por una naturalidad que inspira una confianza ruborizada. El mallorquín solo comparte el sonrojo con la presidenta madrileña.

La intervención quirúrgica del PP balear a corazón abierto es una pésima noticia para la continuidad del PSOE, que monopoliza el Govern sin ninguna concesión a sus socios más hipotéticos que reales. Armengol pierde a su peor enemigo, el que le causaba menos complicaciones. Gana a cambio a su mejor enemiga, un motivo de preocupación inesperado en la molicie inmovilista del Consolat.

Los amigos de un análisis agrícola de la política mallorquina, tan fértiles en las ágoras nacionalistas, advertirán un desplazamiento del poder del PP desde Palma hacia la zona meridional de la isla, donde los alcaldes populares han aplaudido con alborozo la autopista ecosocialista.

Sin embargo, ni los izquierdistas con mayores anteojeras han evitado un escalofrío ante la ejecución sin contemplaciones, Casado ha levantado el toque de queda de la política balear. En cuanto a la sustituta inevitable y primera candidata popular que participó en un Acampallengua, la congresista Prohens arranca desde fuera, sin escaño donde bregar en el Parlament. Hay un precedente, la mayoría absoluta del Jaume Matas recién llegado de Madrid en 2003.

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