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El sector de los cruceros critica que Baleares no haya hecho un piloto

La demora del Govern en aprobar el protocolo, ahora para escalas nacionales, hace peligrar el posicionamiento del puerto de Palma

Cuatro cruceros en el puerto  de Palma, en  el verano 2019.

Cuatro cruceros en el puerto de Palma, en el verano 2019. Manu Mielniezuk

Mallorca fue el primer destino en abrirse al turismo internacional con el plan piloto que fraguaron los hoteleros y consensuaron con el Govern. La imagen de los primeros turistas alemanes que llegaron a la isla fue un gol que se marcó Baleares para arrancar el primer verano pandémico. En el segundo, la comunidad es la rezagada en permitir el regreso de los cruceros con escalas nacionales.

Por fin el viernes la conselleria de Salud, presionada por el Parlament, lanzó el protocolo sanitario que reclamaba el sector, —aglutina a muchas pymes— «hace meses», explica Beatriz Orejudo, presidenta de la Comisión de Consignatarios de APEAM (Asociación Patronal de Empresarios de Actividades Marítimas).

La Plataforma Sí als Creuers respira, pero intranquila porque a mitad de mayo estamos en «un momento crítico», continua la representante de las navieras cruceristas, cuando las compañías ya han planificado sus rutas con los puertos nacionales que abrieron antes. Orejudo critica que el Ejecutivo de Armengol no haya liderado un piloto en turismo de cruceros y que Canarias tomara la delantera con itinerarios interislas, apunta Álex Fraile, portavoz de la plataforma.

La esperanza es el reclamo que supone el puerto de Palma, el segundo a nivel estatal, y la buena situación sanitaria. Así las cosas, también se mezclan en este asunto churras con merinas. El temor a las aglomeraciones en pandemia en un espacio como un crucero en el que prima la interacción social en espacios cerrados, como advierte Salud. Y la diversidad de restricciones en cuanto a entradas y salidas a nivel internacional, nacional y autonómico «en el caso de España», según reza en el protocolo sanitario elaborado por la Conselleria —cada CC AA va a su aire, algunas más a la ‘madrileña’ que otras—. O el otro dilema del Govern: permitir la vuelta de los cruceros con el compromiso adquirido en los Acords de Bellver, al inicio de esta legislatura, de aprobar la moratoria para reducir el impacto de un volumen desmesurado de escalas. En medio de la pandemia. Ahí se suma la presión de la Plataforma contra los Megacruceros. También la de Més con el conseller de Medio Ambiente, Miquel Mir, recordando la emergencia climática en un territorio vulnerable como las islas. O el modelo de un turismo sostenible.

Camarote repleto

Otra emergencia, la reactivación turística internacional, con el lobby hotelero, poco amigo de los cruceros en un verano en el que si todo va un poco mal el archipiélago podría volver a contar los turistas con los dedos de las manos en lugar de por millones.

Es el camarote de los hermanos Marx y el próximo miércoles empieza Fitur. Quién sabe si la vuelta de los cruceros es, o no, otro golpe de efecto del conseller Iago Negueruela y la Agencia de Estrategia Turística de Balears (Aetib) —que ya va por su tercer director en menos de dos años—, para brillar en la gran cita de la feria madrileña, donde cada comunidad autónoma va a hablar de su libro y Pedro Sánchez de un pasaporte sanitario europeo pendiente y urgente de aprobar (otro piloto del que llevamos meses hablando en Balears y pidiendo ser el destino ungido por La Moncloa para supuesta en escena internacional).

Fraile, también portavoz de la nueva Asociación Proguías Turísticos, expone —con la intranquilidad de que le va su vida en ello, «cada vez tenemos menos excursiones» —, la urgencia de recuperar lo antes posible el tráfico de cruceros. «Me preocupa ser uno de los últimos puertos» por el efecto de ese retraso en el posicionamiento para la comercialización, y hace constar el trabajo realizado por la Autoritat Portuària de Balears y de Rosana Morillo, directora general de Turismo y vocal del Consejo de Administración de la APB.

Haya navieras cruceristas que navegaban ya en agosto de 2020, y en Canarias desde noviembre, dice Fraile, y diversidad de protocolos del sector por los que guiarse para hacer el balear. A las islas se han adelantado ya Andalucía, Valencia e incluso Barcelona, «empieza a finales de junio», agrega Orejudo. «Llevamos dos meses de retraso, la temporada empieza en marzo», dice, esperando que «en julio ya haya alguna escala».

La presidenta de los consignatarios defiende que podríamos haber seguido el ejemplo canario y «haber tenido uno o dos cruceros piloto interislas en noviembre o diciembre».

Fuentes del sector achacan todo el retraso al departamento de Patricia Gómez y creen que el Govern «puso en cuarentena» el protocolo sanitario «por el problema de los cruceros» en Baleares en alusión a los anticruceristas y la promesa de la moratoria. Y desde la plataforma se lamenta que en todos estos meses ni siquiera la conselleria de Salud ha recibido a sus representantes.

Álex Fraile repasa el apoyo recibido por el ayuntamiento de Palma, el Consell de Mallorca y el Parlament. El pleno de la cámara esta misma semana aprobó por unanimidad reclamar al Govern la aprobación del protocolo sanitario. La popular Salomé Cabrera defendió el regreso de los cruceros, acusando al Ejecutivo de Armengol de obstaculizarlo «por omisión». Una proposición no de ley estaba aprobada ya desde el verano pasado y los diputados llaman a que la Aetib desarrolle una estrategia sobre el turismo de cruceros. La pelota está en manos del tercer director de la Aetib, Xisco Mateu, quien ha asumido el cargo hace menos de dos meses.

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