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Opinión

Jueces epidemiólogos | Por Matías Vallés

Imagen del mazo de un juez.

La máxima jerarquía que puede alcanzar hoy un ciudadano es el rango de epidemiólogo. Sin embargo, hasta los científicos se han quedado sin respuestas. Seis meses de estado de alarma debían reducir los 360 casos de covid por cien mil habitantes a 25, según Pedro Sánchez, pero España está en 220. Balears presenta unos datos esperanzadores, pero más elevados que los 50 por cien mil que propiciaron la deserción masiva de británicos y alemanes a media temporada de 2020. Aparte de que algún experto deberá explicar que la comunidad peor vacunada se halle entre las más protegidas contra los contagios.

El estado de alarma ha sido un fracaso epidemiológico, con regiones españolas por encima de la India. En casa, los datos son soportables con un millón de nativos, pero las curvas saltan por los aires al insertar a cinco millones de turistas volanderos, en lo que sería otro reinicio catastrófico. La vacunación no está, pero se la espera. Estados Unidos, y no será la última cita, inyecta dosis en los supermercados con mejores balances.

Los datos epidemiológicos españoles y sobre todo baleares solo permiten alcanzar una conclusión: No hay conclusión posible. La estrategia que adoptan los científicos en estos casos consiste en hacer trampas, agigantando los sesgos caprichosos. La literatura confirmará que no abundan los estudios con resultados indefinidos o no determinantes. Siempre hay una tesis.

La traición de los expertos condujo ayer a Francina Armengol y a Carmen Calvo a adoptar una solución de emergencia, en vísperas del final del fallido estado de alarma. Se ha optado por conceder el título de epidemiólogos a los jueces, de los tribunales Superior y Supremo. Los gobernantes no buscan una razón, buscan una excusa. Por mucho que el juez sea peritus peritorum desde la ley de Enjuiciamiento Civil del XIX, su sentencia compartirá la arbitrariedad de los datos viciados de partida.

Dos consideraciones finales. Quienes se refugian en restricciones extremas bajo el subterfugio de salvar vidas que no respetan en otras enfermedades, deben explicar por qué Biden ha escuchado al prestigioso Centro de Control de Enfermedades o CDC para permitir que los vacunados paseen sin mascarilla. Y quienes menosprecian el papel de la economía en pandemia, harán bien en refrescar un párrafo de Stefan Zweig en su inigualable El mundo de ayer: «Nada envenenó tanto al pueblo alemán -conviene tenerlo siempre presente en la memoria-, nada encendió tanto su odio y lo maduró tanto para el advenimiento de Hitler como la inflación». Un índice económico.

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