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El trabajo dignifica... ¿o no?

Empleados denuncian la situación de precariedad y explotación laboral por la que están atravesando, con salarios bajo mínimos y contratos inestables u La pandemia ha acelerado la sobrecarga de trabajo entre algunos sectores

Una empleada limpia la habitación de un hotel en una imagen de archivo.

«Sólo pedimos que nos valoren, porque muchas veces parece que existen escalones, empleados de primera y de segunda». Ayer, 1 de mayo, se celebró el Día Internacional de los Trabajadores como una jornada reivindicativa del movimiento obrero y las huelgas durante la Revolución Industrial. Un hecho que implicó muchos cambios, especialmente con la llegada de la jornada laboral de 8 horas.

Sin embargo, todavía siguen existiendo puestos que sufren precariedad y explotación, cuyo reconocimiento está muy lejos de ser el adecuado, tanto a nivel económico como personal. ¿Cuál es la situación física y psicológica que atraviesan estos trabajadores? En este reportaje, Diario de Mallorca ha contactado con testimonios de los empleos más precarizados. Por ello no aparecen los nombres de estas personas, para proteger su identidad frente a posibles consecuencias laborales por sus declaraciones.

Una de las principales quejas por parte de estos empleados es el esfuerzo que deben realizar si quieren formar parte del mercado. «La sobrecarga es impresionante, una persona en seis horas tiene que limpiar una planta entera, 29 habitaciones, sin ningún tipo de descanso. No se puede aguantar», sostiene una trabajadora de limpieza que forma parte de la concesionaria de Son Espases. Argumento que también comparte una empleada del Aeropuerto de Sont Sant Joan: «la jornada es maratoniana, sales de tu casa a las cinco de la mañana y llegas a las doce de la noche. De hecho, en plena temporada alguna vez salía a las dos de la mañana de un trabajo y entraba a las seis al otro. Una auténtica locura».

Salario bajo mínimos

La propia empleada del aeropuerto afronta actualmente dos trabajos a la vez para «sobrevivir»: «es la única manera que tengo para sustentar a mi familia, porque con los sueldos tan escasos no te llega». No obstante, este sacrificio que llevan a cabo en las tareas profesionales no se ve reflejado en las nóminas: «la gente que hace ocho horas y lleva veinticinco años aquí sigue cobrando mil euros al mes, es una vergüenza. Se les olvida que sin nosotros sería imposible contar con un hospital en condiciones», asegura la trabajadora de limpieza. Además, la temporalidad en los contratos tampoco se ajusta a las necesidades de estas, según explica la operaria aérea: «llevo más de una década como profesional en este sector y nunca he tenido un contrato fijo, se lo cuento a mis amigos y no se lo creen. Al final, Son Sant Joan bate récords todas las temporadas turísticas y los trabajadores batimos récords en precariedad».

Asimismo, Mercè García, vicepresidenta de Graduados Sociales de Balears, considera que la estabilidad laboral ha decaído de forma importante en los últimos meses, aunque nunca ha sido el tipo de empleo destacado en las islas: «las empresas que tienen trabajadores en ERTE no pueden contratar a nadie ahora mismo. En Balears, al contar con un sector turístico muy importante, se firman muchos contratos temporales, porque cuando acaba la temporada las empresas ya no necesitan a tanta gente».

Efectos psicológicos

Por otro lado, el concepto económico no es el único problema que denuncian estos trabajadores, ya que también sufren una serie de efectos psicológicos que les provocan estrés y ansiedad. «El trato es horrible. Te dicen que no sirves para limpiar, te humillan y luego vienen de dos en dos para decirte las cosas. No son nada humanitarios, esto parece una dictadura. Cuando se pagaba el parking, las limpiadoras éramos los únicos trabajadores de aquí que lo teníamos que abonar», declara la empleada de la concesionaria.

«Llevar dos trabajos a la vez y tener que estar pendiente de cuadrar todos los horarios te genera mucho estrés; la mochila con la que cargas encima es muy grande», apunta la trabajadora del aeropuerto. Desde otra perspectiva, la llegada de la pandemia podría haber acelerado la precariedad laboral según los testimonios, porque han tenido que hacerse cargo de más responsabilidades.

«Las empresas tienen pérdidas y aplican recortes, por lo tanto, el trabajo que antes hacían cinco personas ahora lo tienen que hacer dos. Al final cedemos a la precariedad porque no nos queda otro remedio», exponen. Una situación que tampoco se atreven a denunciar por miedo a represalias: «te tienen enganchado porque si te quejas seguramente te acaben despidiendo. Vives con cierto miedo a lo que puedas decir».

ERTE en pandemia

Para paliar los efectos negativos de la crisis económica, el Ejecutivo puso en marcha los Expedientes de Regulación Temporal de empleo (ERTE), una herramienta que ha sido muy positiva desde la perspectiva de Mercè García, de Graduados Sociales.

«Las empresas no están funcionando al 100%, no les quedaba otro remedio que no contar con los trabajadores. Sin embargo, con el ERTE se ha intentado proteger a aquellos que no disponían de la cotización suficiente. Los fijos discontinuos han quedado bien protegidos con los ERTE», explica García. Frente a la precariedad y la explotación laboral aún vigentes en algunos casos, la única solución posible, según la propia García, pasa por el control de la Seguridad Social, y sobre todo, una sensibilización por parte de las empresas: «se tiene que generar un registro de las horas que lleva a cabo el trabajador e imponer sanciones a aquellas entidades que no cumplan los requisitos. Pero lo más importante es la concienciación de las empresas con sus empleados, entender la importancia que tienen para su negocio».

Por último, las empleadas precarizadas piden más apoyo por parte de las instituciones, ya que lo consideran fundamental para acabar con esta situación tan extrema. «Tienen que entender lo que estamos pasando con este tipo de trabajos. Confío en que, con la llegada del verano, la situación mejore y las empresas contraten a más gente, liberándonos de esta sobrecarga que tenemos encima», señala la empleada del aeropuerto.

«Lo único que pedimos es que se nos tenga en cuenta, que nos hablen con respeto, en definitiva, que nos traten como a cualquier otro trabajador. Seguiremos luchando para que esto pueda cambiar y tengamos un empleo digno porque también lo merecemos », concluyen.

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