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Opinión

Sa Nostra, caja B del Govern | Por Matías Vallés

La antigua sede central de Sa Nostra en las Avenidas de Palma.

La antigua sede central de Sa Nostra en las Avenidas de Palma. Lorenzo

La primera reacción, al comunicar que la Audiencia Nacional juzga a Sa Nostra por una de sus inversiones disparatadas, no es la exclamación:

-¡Qué me dices!

En realidad, la noticia se recibe con una interrogación:

-¿Por cuál de ellas?

Es significativo que el proceso tenga lugar en el Madrid de las balas encartadas, y que ninguna instancia mallorquina participara en la investigación. La vergüenza colectiva existe, aunque jugar a Sa Nostra después de muerta equivale a montarle un proceso al franquismo. La caja de ahorros pertenece a la Memoria Histórica, aunque su director general plenipotenciario Pere Batle prefiera jugar a la amnesia, al definir al fallecido Martín Gual como «altamente profesional».

El proceso póstumo hace justicia a una institución que cifra el inicio de su descrédito en un cementerio, Bon Sosec. Aquella empresa faraónica y descabellada emitió las primeras señales de que algo olía a podrido en la caja de ahorros, y todavía quedaban dos décadas para su extinción. El banquillo también explica la jubilación más precipitada que anticipada de Pere Batle en 2009. Y dado que la operación presuntamente corrupta remite a Son Bordoy, toda Mallorca coincidirá con el sempiterno primer ejecutivo en que «volvería a tomar esa decisión». Lo haría, sin duda, y ahí está el problema.

La primero diluida y después extinguida Sa Nostra era la caja B del Govern de turno, el poder de Batle en su ascenso fulgurante de botones a director general se circunscribía a obedecer sin discusiones cualquier directriz emanada del Consolat. No cabe olvidar la orden del presidente Llorenç Huguet al consejo, «hay que aportar a Urdangarin porque Matas lo dice». Por eso los muy enconados PP y PSOE se conjuran en alianza imbatible, cuando el Parlament iluso se plantea una investigación del funcionamiento de la entidad, que servía de desagüe al bipartidismo. Por si no se entiende, es la izquierda quien ha dejado accidentalmente la puerta abierta a la urbanización masiva de Son Bordoy, que se juzga en Madrid.

Nunca fue una entidad financiera, y sus dirigentes se hubieran ofendido si se les asignara este rango. Como prueba al ácido, el Banco de España emplea una operación descacharrante de Sa Nostra para explicar en foros nacionales y planetarios el desastre de gestión que llevó al colapso de las cajas tras la crisis de 2008. Cabe recordar que en la fantasmagórica operación que enterró millones de euros en Miami, se informó a la cúpula de que todo se debió a un fallo en la comprensión del inglés de los contratos. Inigualable.

Pere Batle no esperaba regresar a escena, cuando se retiró a sus posesiones del sur de Mallorca. Sin embargo, los enterradores de Sa Nostra se negaron a cargar con el peso muerto que les había legado el mejor interlocutor de que dispusieron los Governs. A su lado florecieron el citado Martín Gual, Juan Piguillem, Vicente Grande o Matthias Kühn. La historia sería más dura que el tribunal, pero nadie se atreve a escribirla.

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