Guillermo Colom Bruno, «en Guiem de Raixa», ha dejado un gran vacío tras su partida. Somos una legión de amigos que, aunque sabíamos que estaba enfermo, nos hemos quedado impresionados con su muerte.

Guiem era de sonrisa eterna y de ánimo inagotable. Su alegría de vivir la expresaba con los colores siempre alegres de su vestimenta. Nunca se quejó de su enfermedad y todos pensábamos (queríamos creer) que su optimismo vital le hacía inmortal.

A Guillermo resultaba imposible conocerle y no pasar a engrosar su lista interminable de amigos. Tantos y en tantos países que habrán de pasar muchos días para que la mala noticia de su desaparición llegue a todos los rincones donde le aprecian de verdad, como Argentina, Cuba o Santo Domingo.

Los aeropuertos y los aviones no solo eran su lugar de trabajo sino también su segunda casa. En el aeropuerto de Palma conoció a su mujer Ofelia, y allí hizo amigos en todas las compañías: en Spantax, Iberia, TAE, AirEuropa, Aviaco, Aerolíneas Argentinas… Su simpatía llegaba a todo el mundo y el cariño se volvía recíproco, no sólo con los pilotos, sino también con las azafatas, los coordinadores, y el personal de tierra. Muchos comandantes actuales tuvieron a Guillermo Colom como apoyo en sus inicios y eso no se olvida fácilmente.

El poder de convocatoria que tenía no lo tiene nadie. Se ha ido un personaje único e irrepetible

Por supuesto, una personalidad peculiar como la suya, en una sociedad tan cuadriculada como la nuestra, a veces podía desconcertar o producir rechazo, pero quienes le conocían pueden dar testimonio de su bondad y su generosidad.

Sus amigos le teníamos siempre dispuesto a hacer cualquier favor que se le pidiera, por difícil que fuera. No tenía imposibles y, gracias a su prodigiosa memoria, sabía todos nuestros números telefónicos para organizar en un momento una comida, un viaje o una celebración. También para recordar anécdotas y contar el chiste más divertido. Muchos nos hemos quedado sin organizador, sin aglutinador que reúna a grupos de amigos, de pilotos, de colegas o de compañeros. El poder de convocatoria que tenía no lo tiene nadie. Se ha ido un personaje único e irrepetible.

Su muerte ha ocurrido en un día nublado por la tristeza. Pero volverán los días soleados que tanto gustaban a Guillermo Colom y le recordaremos con su sonrisa y la alegría de sus colores. Pero estos días, sin él, nos hemos quedado en blanco y negro.