La crisis del coronavirus ha alterado el curso de nuestras vidas como, quizá, nunca lo haya hecho otro suceso de afectación global. Con todas sus consecuencias y daños colaterales, el ser humano ha tenido que adaptarse a la fuerza a todo cuanto ha podido. Tanto a la reconversión del sector de la restauración a la entrega a domicilio o el take away como a nuestros rituales de aceptación de la muerte como el sepelio. 

El detalle que lo cambia todo

La pandemia del Covid-19 será conocida indefinidamente en nuestra historia como una de las crisis de la humanidad que más ha cambiado el mundo tal y como lo conocíamos. A pesar de las distintas plagas que, a lo largo de la cronología humana, han sacudido la existencia, el coronavirus ha sido responsable de una batería de metamorfosis que, paradójicamente, sólo nuestro tiempo ha podido permitir. Con ello, y a pesar del azote económico consecuente de los confinamientos para evitar contagios, algunos negocios y comercios han podido sortear el virus adaptándose a su naturaleza y manteniéndose a flote. Una expresión misma de la mutua supervivencia.

Prueba de ello, y tomando como ejemplo una de las necesidades humanas más compleja en estos momentos, es el portal https://enviocoronas.com/, empresa que ha aumentado su facturación durante esta era debido a que la gente ya no suele acudir tanto a los tanatorios de Mallorca para despedir sus seres queridos. Adversidad, sin embargo, a la que se opone el individuo contemporáneo gracias a su dependencia de uno de los resortes del cambio global que más ha demostrado su valía durante esta pandemia: Internet. El espacio virtual que todos conocemos, pero que hoy en día, se ha enraizado con más sentido en nuestro día a día y de forma inseparable.

Sobreviviendo a la invisibilización social

Los individuos que vertebran una sociedad están programados, válgase la redundancia, para socializar con otros individuos. El diálogo, por lo tanto, no es una mera actividad de ocio, sino que se trata de un proceso social necesario para disponer de cuantos productos y servicios se sirve el ser humano apara abastecer su existencia. Asimismo, a raíz del Covid-19, todos estos procesos se han ido al garete por dos factores. Por una parte, la reducción de las aglomeraciones tanto públicas y privadas para evitar contagios y, por otra parte, la huida de la vida social como consecuencia del mismo pánico social a contagiarse de coronavirus.

Con ello, lugares de reunión en seriedad como los tanatorios de Mallorca han sufrido un progresivo declive de sus asistentes. Especialmente, a causa de que la normativa en caso de fallecimiento por este virus exige que no se visite al fallecido, dado que éste podría seguir contagiado y, por ende, convertirse en emisor pasivo. Como reacción, en el sector funerario, y como atestigua el portal antes mencionado, ha resurgido el envío de flores y coronas fúnebres como acto de presencia ante la imposibilidad de asistir de forma presencial a un velorio o un sepelio. Del mismo modo que las tiendas virtuales o incluso los servicios de take away en la restauración, el ser humano se adapta y explota los recursos de los que ya dispone.

Tratando de dignificar la muerte

Evidentemente, todos sabíamos que habría un modo de seguir adelante a pesar de las circunstancias. Podríamos ir a comprar al supermercado, a una tienda de ropa e incluso a alguna sala de cine, aunque existiera una mínima posibilidad de contagio al hacerlo. Pero, además, los libros se han seguido vendiendo en plataformas online y también han proliferado los envíos de ropa, aparatos tecnológicos y comida. Pero, ¿qué sucedería con aquellos actos de presencia cuya importancia humana trasciende la necesidad de adquirir una novela gráfica o una chaqueta nueva? Como se ha mencionado, Internet apareció al rescate.

La ceremonia del sepelio no es tan sólo una liturgia mediante la que hacer pública la muerte de un ser querido para su última despedida, sino que se trata de un modo de aceptación de la muerte a fin de, subyacentemente, familiarizarse con su naturaleza. Necesitamos el ritual funerario para decir adiós, para dignificar la muerte, para entender cuanto deba suceder después. Y con la pandemia, y añadido el caos de no poder visitar a los enfermos en los hospitales, hemos tenido que buscar otros recursos. Recursos que, a pesar de su sencillez o cierta frialdad por la distancia, han podido transmitir arropo y proclamar un solemne “estamos contigo, aquí, a pesar de todo”. Justamente, es esa la belleza que radica tras todo esto.

Las flores del recuerdo

Las flores y coronas fúnebres, además de un adorno para tumbas y ataúdes, es también un objeto simbólico mediante el que transmitir cuanto aguarda tras la muerte. El individuo que nos deja, deja tras de sí un legado que tanto puede ser un hijo o una hija como el candor de su recuerdo. La vida tras la muerte es ese florecimiento en nuestras mentes, a menudo sorpresivo, cuando en su juego de claroscuros esboza el rostro de un ser querido que nos visita desde la memoria. Es un modo de decirle al difunto que ha florecido en nosotros, que su vida sigue, crece y evoluciona a nuestro paso, atado a estrecho vínculo que se eterniza.

Así, en estos tiempos de incertidumbre y fría distancia, recursos como enviocoronas.com aparecen en nuestro arsenal de sentimientos como un canal mediante el que honrar a quienes se fueron y seguir ahí. Es la adaptación del rito de humanización de nuestra muerte esquivando las fronteras de las circunstancias para nunca interrumpir su curso. Porque el descanso sólo acontece en ambas partes cuando hay una despedida, cuando la jura del recuerdo reverencia al recordado. Y porque el sepelio, como acto último de este vigoroso río que es vivir, es también una rotunda reivindicación de la vida.