La histórica sede de Sa Nostra en el polígono de Son Fuster, en Palma, que durante algo más de una década fue BMN y Bankia, muestra desde ayer el letrero del nuevo propietario, CaixaBank, con la característica estrella de Joan Miró, el artista universal que residió en Mallorca. Es la imagen de una absorción ya anunciada que ahora se irá materializando en las 145 oficinas de Bankia en la isla, así como en el resto del país. Ocurrió lo mismo el sábado en un símbolo de Madrid, la torre Kio que albergaba la sede central del banco nacionalizado y que ya ha sido coronada por la estrella de Miró. A lo largo de todo el fin de semana se han ido sustituyendo los logos de los edificios más emblemáticos de la entidad disuelta y durante los próximos 15 días se comenzará a cambiar la marca en las oficinas, muchas de las cuales están condenadas a cerrar.

En Balears, CaixaBank cuenta con 152 sucursales y Bankia con otras 145, y entre ambas suman más de la mitad de la cuota de mercado y el 72% de las oficinas, algo que no ocurre en ninguna otra comunidad autónoma, por lo que numerosas localidades verán reducido este servicio. Casi el 90% de las sucursales que hasta ahora pertenecían a la entidad bancaria de matriz madrileña eran antaño oficinas de la isleña Sa Nostra, que desapareció con la creación del también extinto BMN. El elevado peso de ambas en la comunidad balear, muy por encima de otras regiones, se debía por una parte a la preeminencia económica antes de la crisis de la covid y, por otra, a causa de la hegemonía que Sa Nostra y la Caixa llegaron a tener en la banca minorista, frente a los consagrados BBVA y Santander en el resto del mercado español e incluso internacional.

Fin a 10 años de historia

Bankia ha puesto fin de este modo a una historia de diez años marcada por la ambición inicial de su creación, la polémica salida a Bolsa, el multimillonario rescate que puso en jaque a toda la economía española y su posterior transformación. A principios de 2010, el exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato asumió las riendas de Caja Madrid, la segunda caja del país y, a mediados de ese año negociaba ya la incorporación de La Caja de Canarias, Caixa Laietana y las cajas de Ávila, Segovia y La Rioja. A ese proyecto se incorporó Bancaja, la tercera caja de España, lo que suponía crear un grupo mucho más ambicioso que requirió desde el primer momento una ayuda de 4.465 millones de euros que vio con buenos ojos el Banco de España en tiempos de Miguel Ángel Fernández Ordóñez y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Así comenzó en marzo de 2011 la historia de Bankia, que consiguió dar el salto al parqué en julio gracias a la confianza y el apoyo de miles de clientes que luego vieron cómo la economía volvió a caer en recesión. La llegada al poder de Mariano Rajoy a finales de ese año y una nueva forma de gestión de la crisis impulsada desde el primer minuto por Luis de Guindos desde el Ministerio de Economía supuso un nuevo reto para Bankia, que, al igual que el resto del sector, tenía que hacer frente a un volumen extraordinario de provisiones.

La diferencia es que a Bankia no solo le penalizaba su exposición inmobiliaria, sino también su enorme tamaño, y los inversores empezaron a señalar a la entidad como el foco de los problemas del sistema financiero español y, por ende, del conjunto de la economía española. Finalmente tuvo que ser rescatada con casi 18.000 millones en ayudas públicas, más otros 4.400 millones ingresados durante su creación.