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Opinión

En boca de todos, aunque sea para mal

German Chancellor Merkel speaks at the Bundestag, in Berlin

German Chancellor Merkel speaks at the Bundestag, in Berlin

Una aragonesa residente en Alemania explica que puede viajar desde ese país a Mallorca como turista, pero no a Zaragoza para visitar a su abuela. Se refiere en realidad a los destinos extranjeros en general, por qué tenía que citar la isla. La candidata de Más Madrid a dicha comunidad no quiere que su capital se convierta en «Magaluf». Pudo hablar genéricamente de turismo de borrachera, pero tenía que señalar en el mapa. Y la situación viene empeorada por los rivales que la contradicen, al grito de «Madrid no tiene nada que ver con Magaluf».

¿Qué les ha hecho Mallorca? Por si los casos provincianos fueran insuficientes, la isla desata una crisis de Estado en Berlín. Quienes se quejaban de que una mención minúscula en un artículo de prensa perturbaba su negocio estival, enemistan ahora a la isla con los alemanes a mogollón. Merkel le ha cogido más ojeriza a Mallorca que a Trump.

El discurso de Merkel sobre el Himmel y el Hölle, remover el cielo y el infierno para evitar los viajes a la isla, es probablemente la mayor denigración de la historia, procedente de un país al que Armengol abrió los brazos y a cargo de la estadista más reconocible de la actualidad. Pudo apuntar a otro lugar, pero el magnetismo de Mallorca es irresistible.

Este odio destructivo hacia la isla solo se conocía hasta ahora en los políticos corruptos locales. Los propios turistas que han logrado aterrizar en Mallorca en condiciones ímprobas reniegan del viaje, porque «queríamos unas vacaciones en el Báltico, pero no podemos desplazarnos dentro de nuestro país». La isla está en boca de todos, aunque sea para mal. El futuro, si lo hay, decidirá el impacto de este diluvio de publicidad negativa sobre las cifras de visitantes.

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