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La investigación por pederastia a un cura de Ibiza debe acabar en 90 días

El Vaticano obliga desde 2019 a que los obispos investiguen todas las denuncias por abusos sexuales a niños cometidos por religiosos

Sergio Lleó, el primero de los cuatro denunciantes, en la puerta del Obispado de Ibiza

Sergio Lleó, el primero de los cuatro denunciantes, en la puerta del Obispado de Ibiza

A elección del Papa Francisco al frente de la iglesia católica y a la jefatura del Estado del Vaticano en 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI, ha supuesto un gran avance para la investigación de casos de abusos sexuales a menores de edad y a personas vulnerables a manos de clérigps, y también en la investigación de abusos sexuales y laborales a religiosas.

A principios de 2019, la Santa Sede celebró una gran cumbre contra la pederastia que fue calificada como histórica por todos los medios especializados. De esta cumbre surgió en mayo de ese año la Carta Apostólica, en forma de ‘Motu proprio’ del Sumo Pontífice Francisco, ‘Vos estis lux mundi’ [’Eres la luz del mundo’], que establece las bases del procedimiento de investigación de abusos sexuales a menores y personas vulnerables.

Esta norma vaticana obliga a investigar todas las denuncias de las que se tenga conocimiento y centra la investigación en el ámbito local. Es decir, el Papa subraya que los obispos deben informar a la Santa Sede de todos los abusos sexuales de los que haya noticia, esclarecer los hechos y tomar medidas cautelares contra los religiosos en el caso de que en las denuncias se encuentren visos de verosimilitud.

La carta, además, establece de forma muy concreta cómo se debe llevar a cabo la investigación y marca unos plazos para llevarlas a término. Si en estos momentos la Archidiócesis de Valencia y el Obispado de Ibiza están investigando los abusos sexuales supuestamente perpetrados por un sacerdote de Ibiza al menos a tres menores de edad en los años 90, y a una persona de 28 años en situación de vulnerabilidad en 2006, es porque al Santa Sede les ha obligado. 

Así lo reconocen ambas instituciones, que por lo demás mantienen un silencio absoluto sobre el caso de este sacerdote. Él tampoco habla, no se defiende pese a las graves acusaciones que se están lanzando contra él: manoseos en el pene a dos niños de 10 y 11 años, a otro muchacho de 16 y a una persona, ya mayor de edad, a la que ayudó económicamente cuando él y su familia estaban en situación vulnerable. Según el artículo 14 de la Carta Apostólica ‘Vos estis lux mundi’, la archidiócesis de Valencia y el obispado ibicenco tienen 90 días para concluir la investigación. 

La carta vaticana comienza reconociendo la gravedad cometer abusos sexuales sobre menores de edad y apela al compromiso moral de los miembros de la Iglesia para acabar con estas prácticas: «Los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas y perjudican a la comunidad de los fieles». «Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia», dice la carta, que apela «a la santidad personal y al compromiso moral».

«Se rieron de mí»

Pero al menos uno de los cuatro denunciantes, Sergio Lleó, que fue quien destapó el caso hace meses en las redes sociales, asegura que antes de publicarlo se lo contó al entonces obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura, y a otros religiosos de la isla, que no hicieron nada e incluso que se rieron de él: «Antes de hacerlo público en redes sociales se lo conté al obispo y a otros sacerdotes, y algunos se rieron de mí, incluso uno me llegó a decir que todos necesitamos amor»

Ya entonces la ley vaticana obligaba a advertir a la Santa Sede, proteger al denunciante e investigar. No parece que fuera esto lo que ocurrió en Ibiza, sino más bien lo contrario. Vicente Juan Segura fue relevado de su cargo de obispo de Ibiza a principios del año pasado y enviado como obispo auxiliar a la archidiócesis de Valencia; el propio prelado dijo que había sido «una decisión del Papa Francisco». La investigación ha sido encomendada por el Vaticano a esta archidiócesis porque en la organización administrativa de la iglesia católica la diócesis pitiusa pertenece a la provincia eclesiástica valenciana.

«Respeto»

Desde que comenzó la investigación y Valencia enviara a Ibiza, el jueves de la semana pasada, a un sacerdote investigador que se entrevistó con Sergio Lleó, tanto la archidiócesis valenciana como el obispado ibicenco mantienen silencio acerca de la investigación que se han visto obligados a llevar a cabo, y piden "respeto" a su labor. 

Casos prescritos

Otro de los denunciantes, el que sufrió los presuntos abusos con 16 años, en 1990, declaró que se siente culpable por no haber denunciado el caso ante la justicia ordinaria, porque considera que de esta forma, tal vez, se podrían haber evitado algunos casos, como los que denuncian los dos chicos que, presuntamente, pasaron por el trance en los años 1994 y 1996, con 10 y 11 años.

A la justicia ordinaria de momento no se la espera. Fuentes judiciales que han conocido los casos a través de la prensa aseguran que los cuatro casos denunciados habrían prescrito, tanto los supuestamente perpetrados en los años 90 como el de 2006. 

«Era vox populi»

Por su parte, al igual que el obispado y la archidiócesis, el sacerdote señalado también guarda silencio y no ha querido responder a las llamadas de este diario. Al menos tres de los denunciantes aseguran que los presuntos abusos a menores y personas vulnerables de este sacerdote eran algo conocido entre muchos de los miembros de la Iglesia ibicenca, y que no hicieron nada para evitarlos. «Era vox populi», dice uno de ellos. Además aseguran que hay más casos. Ellos dicen que conocen al menos una decena.

El sacerdote ha sido apartado, con toda discreción, de sus cargos en las dos parroquias de Ibiza en las que trabajaba, mediante sendos decretos del administrador diocesano de Ibiza, Vicente Ribas Prats. Se anunció el lunes pasado en la web del obispado, que no hace referencia alguna a las circunstancias del cambio y sólo lo justifica aludiendo al "bien pastoral". 

En 1999, este cura era capellán de la cárcel de Ibiza y por ese motivo fue entrevistado por el diario Última Hora de Ibiza y Formentera. El sacerdote dijo en la entrevista: «Todos los presos están aquí [en la cárcel] por algo, eso está fuera de toda duda. Aunque, si nos miráramos a nosotros mismos, descubriríamos que casi todos merecemos estar dentro». «Todos somos pecadores y necesitamos cambiar, arrepentirnos del mal que hemos hecho a los demás».

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