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Grandes meros pescados al volantín

Pesca lamenta que pescadores «retuerzan» al máximo la normativa para aprovecharse de la gran cantidad de peces que hay en El Toro

Esta imagen de los vigilantes de la reserva muestra una inusual captura con un volantín.

Esta imagen de los vigilantes de la reserva muestra una inusual captura con un volantín.

Todo pescador que se precie sabe que una buena jornada de pesca al volantín permite irse a casa con unas cuantas vaquitas, serranos o esparralls con los que cocinar un sabroso arròs de peix. Ahora bien, asegurar que se ha pescado un mero de grandes dimensiones con esta técnica es difícilmente creíble.

El jefe de Recursos Marinos lamenta que son estos malos usos detectados por sus vigilantes y por submarinistas aficionados en la reserva de El Toro lo que les ha llevado a decidirse a aumentar su protección y apoyar la propuesta del ayuntamiento de Calvià.

«Hay pescadores que han retorcido la normativa de la reserva para pescar de manera ilegal y aprovecharse de la gran cantidad de pescado que hay en ella», lamenta Grau.

El experto recuerda que no se pesca al volantín con grandes plomos, anzuelos de dimensiones considerables y usando calamares vivos como cebo. Tampoco es raro que los guardas de la reserva hayan sorprendido a pescadores faenando al volantín con variadas y bacoretas enteras como cebo, añade Grau.

O que submarinistas aficionados les hagan llegar fotos captadas en el interior de la reserva y en las que se aprecian cigalas enredadas en sedales de pesca o meros con un zoka (señuelo de pesca japonés) enganchado en la boca.

Grau recuerda que en las áreas marinas protegidas donde se permite la pesca de recreo hay sin embargo una serie de limitaciones como un número máximo de capturas diarias, un tamaño superior para poder pescar especies de gran interés comercial (meros) o una obligatoria notificación de las piezas conseguidas.

Veinticinco mil buceadores

Y es que el responsable de Pesca no duda de que detrás de la propuesta de ampliación del ayuntamiento de Calvià subyacen motivaciones no solo conservacionistas, sino también económicas: el pasado año, un ejercicio lastrado por la inactividad provocada por la pandemia de covid-19, no menos de 25.000 submarinistas se sumergieron en la reserva marina de El Toro para disfrutar de su increíble riqueza y vida, sin parangón en otros puntos del Mediterráneo. De ello puede dar fe la más famosa de las oceanógrafas del mundo, la estadounidense Sylvia Earle, que buceó en sus aguas en noviembre de 2015.

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