El angustioso día a día de los empresarios más afectados por las restricciones. Restauradores, gimnasios, parques infantiles y agencias de viaje están en la zona cero de la debacle económica causada por la pandemia. Agobiados por restricciones que les han obligado a echar el cierre o ha dejado sus locales desiertos de clientes.

Cinco de estos empresarios explican su pelea diaria por pagar las deudas y mantenerse a flote en plena tempestad. Son os más golpeados por la crisis pero expresan su convencimiento de que ganarán este pulso.

Juan González, ante su oficina de Amaltea Viajes cerrada en Palma. m.mielniezuk | B. RAMON Manu Mielniezuk

Juan González, propietario de Amaltea Viajes: "Estaba la opción de cerrar y pagar las deudas, pero seguiremos"

La pandemia que ha vaciado hoteles y aviones ha tenido un impacto demoledor en las agencias de viajes, metidas en un largo túnel en el que todavía no ven la luz. «He tenido que sacar 80.000 euros de la caja de reserva, el colchón que teníamos para imprevistos. Estaba la opción de cerrar, pagar las deudas y ahorrarse parte de ese dinero. Pero continuaremos porque creemos que lo hacemos bien. Siempre que el agua no nos pase por encima de la nariz», describe Juan González, propietario de Amaltea Viajes.

La agencia tiene dos oficinas, una cerrada y la otra abierta a media jornada, con una actividad residual. «Esta oficina está cerrada desde noviembre. Quiero pensar que en mayo la gente empezará a pedir viajes para finales de verano y quizás algún crucero por Navidad. Viajar depende de que haya confianza y nuestra recuperación será más lenta que la de otros sectores», afirma resignado.

Maria-Louise Gaefke y, tras la barra, Victoria González en el Up & Down.

Maria-Louise Gaefke y, tras la barra, Victoria González en el Up & Down. GUILLEM BOSCH

Maria-Louise Gaefke, propietaria del Up & Down: "Cuando llegan las facturas escoges cuáles devolver"

Maria-Louise Gaefke regenta el Up & Down, uno de los emblemas de Santa Catalina que ahora se asoma al precipicio. «Cuando llegan las facturas escoges cuáles devolver porque no hay dinero. Dicen que en una semana abrirán las terrazas, pero no nos llegará. Tengo que facturar entre 15.000 y 20.000 euros cada mes para cubrir todos los gastos y ahora tengo cuatro trabajadores, todos en ERTE. Con el dinero que haga de las terrazas no podré sacar a ninguno del ERTE. Yo misma sobrevivo con la ayuda de mis dos hijos», asume. Lo corrobora, por alusiones, Victoria González. «Antes era ella la que nos ayudaba. Este cierre último cierre nos ha hecho mucho daño, aunque los sucesivos toques de queda y la prohibición de fumar ya fue un desastre», valora.

Gaefke reclama «más empatía y humanidad» a las administraciones: «Si hay que cerrar, se cierra. Y yo que ya no soy jovencita también me protejo. Pero ayúdame porque me estás sangrando».

Mercedes Marín, propietaria del parque infantil Mundo Pirata.

Mercedes Marín, propietaria del parque infantil Mundo Pirata. Guillem Bosch

Mercedes Marín, propietaria de Mundo Pirata: "Tengo cero ingresos, cero ayudas y 100% de impuestos"

Aunque Mundo Pirata tiene abiertas sus puertas a los niños, la pandemia ha sumido al local en el silencio. «Llevo diez meses así. Con cero ingresos, cero ayudas y cien por cien de impuestos. No tenemos ninguna ayuda desde que empezó la pandemia. Después de mucha pelea nos han prometido una para el sector del ocio infantil, pero nos han confirmado que a lo mejor sale a finales de abril. Para entonces nos habremos quedado todavía más atrás de lo que estamos», subraya Mercedes Marín, propietaria de un negocio con once años de vida.

«Cuando el colchón se va acabando, te tienes que plantear si compensa. Sobre todo cuando ves que la vacunación va tan lenta. Entonces no sabes si aguantar con la esperanza de que estemos ya en la recta final, o tirar la toalla», destaca. Marín ha decidido seguir en la pelea: «Intentaré aguantar como sea, aunque creo que acabarán desapareciendo la mitad de los parques que había antes de la pandemia».

Pep Nieto posa en el gimnasio Challenge, cerrado por la pandemia. Manu Mielniezuk

Pep Nieto, gerente del Challenge Palma Club: "Somos un gimnasio familiar y estamos en la cuerda floja"

Las últimas restricciones decretadas por el Govern también alcanzaron a los gimnasios que, como el Challenge, suman hoy cuarenta días clausurados. «Estamos preocupados porque en realidad esto lo arrastramos desde hace doce meses y este último cierre no ha llegado ninguna ayuda. Cuando pudimos abrir, trabajamos a un 30% por las restricciones de aforo. ¿Qué pasa con lo que dejamos de ingresar con el otro 70%? Porque los gastos siguen siendo del cien por cien. Es como comprar una camisa y que solo te den las mangas», explica Pep Nieto, gerente del Challenge.

«Somos un gimnasio familiar y no voy a decir que estemos al límite, pero sí estamos en la cuerda floja. Nos mantenemos en parte gracias a ayudas privadas, pero necesitamos abrir ya», asume. En verano hubo un repunte de clientes con ganas de actividad física: «En invierno bajó, pero esperamos que vuelvan. Saben que aquí somos hasta pesados con la higiene».

Hernán Campos y Guillem Miró, en la entradadel Xoriguer.

Hernán Campos y Guillem Miró, en la entradadel Xoriguer. Guillem Bosch

Guillem Miró, propietrio del restaurante Xoriguer: "Dependemos de un crédito después de cinco meses sin trabajar"

«Para nosotros cinco meses sin trabajar es una ruina. Antes no estábamos para tirar cohetes, pero llevamos quince años aquí y siempre hemos podido ir pagando todos los préstamos. La situación ahora es lamentable y básicamente dependemos de que el ISBA nos conceda un crédito, como muchos otros negocios. La destrucción del tejido empresarial en estas islas puede ser brutal», afirma Guillem Miró, propietario del restaurante Xoriguer. «La ayuda de 1.500 euros nos ha llegado, sí, pero son migas comparado con el gasto brutal que tenemos», añade este restaurador. «Las ayudas son totalmente insuficientes, habría que replanteárselo en un gremio como el nuestro», corrobora Hernán Campos, socio y chef de este restaurante ubicado en Santa Catalina.

Miró asume que cuando la curva de contagios se disparó «fue necesario cerrar». Sin embargo, reclama que «convendría abrir el grifo». De lo contrario, advierte, «las colas del hambre serán enormes».