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En contra | Daniel Schönpflug: «El turismo de masas destruye culturas con efecto devastador»

Daniel Schönpflug (Bochum, 1969) es profesor de Historia en la Universidad Libre de Berlín y coordinador del Instituto de Estudios Avanzados en la capital alemana. Acaba de publicar ‘El mundo en vilo’, una indagación en la situación del planeta tras el final de la Primera Guerra Mundial

Daniel Schönpflug, historiador alemán, autor de "El mundo en vilo" a partir de la Primera Guerra Mundial.

Daniel Schönpflug, historiador alemán, autor de "El mundo en vilo" a partir de la Primera Guerra Mundial.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Ser alemán significa sentirse odiado por las guerras mundiales?»

No siempre porque, a diferencia de otros países, Alemania ha ajustado cuentas con su pasado. De ahí el trauma que sufres cuando viajas por América Latina y alguien te suelta que «Hitler tenía razón».

¿España es uno de esos países que «no ha ajustado cuentas con su pasado»?

Los crímenes nazis son más graves que los cometidos por cualquier otra nación, de ahí que la carga de la culpa sea proporcionalmente tan pesada en Alemania.

Jean Daniel me dijo que Alemania no lideraba Europa porque se avergonzaba de su pasado.

Con la reunificación, Francia o el Reino Unido temían que Alemania recuperara su dimensión estelar, pero el país ha dado un ejemplo de responsabilidad y de contención. Merkel ha interpretado a la perfección el papel de mujer más poderosa del mundo, combinado con la apuesta por el multilateralismo y la cooperación.

‘El mundo en vilo’ sirve igual para 1920 o 2020.

Absolutamente. En mi libro empleo la imagen del funambulista que camina sobre el alambre, haciendo equilibrios junto al cielo a riesgo de caer en el abismo. Esa posición coincide con la nuestra. No sabemos qué ocurrirá mañana, una incertidumbre previa a la pandemia.

Se centra usted en 1918, año de la gripe española.

No fue culpa de los españoles, pero el coronavirus ha matado a 2,3 millones de personas y aquella gripe acabó con cincuenta millones en un mundo menos poblado, en un clima postbélico y de hambre, donde era mucho más difícil desarrollar una vacuna.

¿Hitler es el hijo de aquella primera gran guerra?

Sí, de muchas maneras. En Mein Kampf escribe que lloró el día de la abdicación del káiser, y que fue entonces cuando decidió entrar en política. Su carrera está impulsada por su experiencia como soldado durante la Primera Guerra Mundial, reaccionó a la derrota y la humillación. Su bigote recuerda el único aditamento capilar compatible en las trincheras con las máscaras antigás.

¿Mallorca es una colonia alemana?

Es el destino favorito de los alemanes, con los efectos devastadores de un turismo de masas que destruye culturas y logra que todos los lugares se parezcan. La colonización requiere una intervención estatal, pero las consecuencias son igualmente dramáticas.

¿Qué hace usted al respecto?

Viajar abre la mente, pero en esas condiciones es una de las fuerzas más destructivas del planeta. La pandemia nos ha obligado a reconsiderar el nivel de movilidad, y me he replanteado mi comportamiento viajero.

¿Europa occidental podría haber sido comunista?

En Alemania tuvimos un levantamiento comunista completo, los espartaquistas, y la experiencia de la república de Múnich. En aquellos años la revolución rusa era joven y carismática, una empresa utópica y cargada de potencial.

España es un poco comunista ahora mismo.

El comunismo actual no es exactamente como el de los años veinte, íntegramente revolucionario. Los partidos europeos de orientación comunista que conozco aspiran a la reconstrucción pacífica del sistema democrático, no a derribarlo por métodos sangrientos.

Y la extrema derecha florece buscando el equilibrio.

Es la interpretación que daba Hitler. O somos tan poderosos y violentos como los comunistas, o tomarán el poder. Es plausible, pero la reacción fue peor que la amenaza, el antídoto agravó la enfermedad. Las utopías extremas se parecen, quien recurre a los métodos inicuos del enemigo es peor que él.

Nadie está hoy dispuesto a morir por su patria.

Tras la Segunda Guerra Mundial se produjo una desmilitarización mental de la sociedad. El ejército formaba antes parte de la masculinidad. Era imposible ser un hombre si no habías portado un arma, y yo no sabría cómo empuñar un fusil. Las grandes guerras vienen seguidas por décadas de paz, mientras persiste la memoria directa.

¿Qué ocurre tras la desaparición de los supervivientes?

En ese momento tiene lugar un contramovimiento, un resurgir de aquella masculinidad belicista. Lo hemos visto en el asalto al Capitolio estadounidense, con uniformes militares, material de protección bélico y armamento.

Incluso los enemigos más enconados disfrutan con las mismas teleseries.

Es una cuestión casi filosófica. Los humanos compartimos rasgos comunes, los mecanismos duales de comunidad y de enfrentamiento visceral forman parte de nuestro ADN.

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