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amedeo spadaro profesor de economía y gestión pública en la uib

Amedeo Spadaro: «No creo que la temporada alta pase del metro y medio»

«Cada empresa cerrada por la covid es un fracaso colectivo»

Amedeo Spadaro: "Cada cierre de empresas por la covid es un fracaso colectivo" G. Bosch

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Amedeo Spadaro: "Cada cierre de empresas por la covid es un fracaso colectivo" Jaume Bauzà

Amedeo Spadaro (Italia, 1970) reprocha a las administraciones públicas una gestión «poco eficaz» de la pandemia que ha devaluado el bienestar de la población. Combina sus pasiones por la economía y el fútbol como profesor en la UIB y presidente del San Francisco de la División de Honor juvenil. No regatea ninguna cuestión.

¿Después de los ERTE van a venir los ERE?

Eso pinta. Hay que empatizar con todos los sectores. Por un lado tienes a las administraciones públicas intentando hacer su trabajo de protección social. Por otro lado tienes a las empresas y a los trabajadores. Las empresas pueden ser empáticas y solidarias, pero al final si los costes superan a los ingresos tendrán que cerrar. Ahora los ingresos son entre pequeños y nulos, y la previsión es que este año veremos poco o nada de turistas extranjeros. Es difícil pensar que las empresas podrán sustentar el coste del trabajo.

¿Qué va a pasar con esa masa de trabajadores que no van a encontrar ocupación?

El papel del sector público tiene que ser importante en cuanto a protección social y ayuda a su reconversión. Aquí tenemos a una masa de trabajadores con unas competencias profesionales muy definidas por la demanda de trabajo que genera el sector turístico. El mercado de trabajo no los va a poder absorber a corto plazo, así que hay que ayudar a que se reconviertan. Eso requiere un esfuerzo por su parte para reciclarse, y también un esfuerzo de las instituciones por ayudar a esa reconversión.

«No creo que la temporada alta pase del metro y medio»

¿Lo peor de la pandemia está por llegar en términos de coste económico y social?

Todavía no hemos alcanzado el pico. Quiero ser objetivo y hay que decir claro que cuando hay crisis económicas persistentes, sus efectos no desaparecen en dos meses. Pueden durar años. Es un shock que va más allá de Balears. Socialmente, asistiremos a una persistencia de problemas: la brecha entre los que menos tienen y los que más tienen aumenta; desaparece la clase media, hay más desigualdad y pobreza, y disminuye de manera dramática el bienestar social.

Esa desigualdad ya era muy profunda antes de la pandemia. Es difícil de entender en una potencia turística como Balears.

Esa es la fotografía del sistema económico balear: producir mucha riqueza porque vende un producto de mucho éxito internacional, pero repartirla de manera desigual. Si cogemos los últimos 30 años como referencia, vemos que la remuneración del capital invertido ha subido mucho, mientras que los salarios se han mantenido constantes. Hablamos de una economía que requiere mucha mano de obra poco cualificada, y un capital invertido en infraestructuras hoteleras, logística y marketing. Al final tienes a muchas familias que trabajan e ingresan poco. Y a unas pocas familias, las que han invertido, que ingresan mucho. El mercado es así, es muy cínico, y genera una distribución desigual de la tarta. La nueva socialdemocracia acostumbra intervenir muy poco para corregir. En Balears eso ha fallado y con la pandemia se ha acentuado.

¿Ha fallado el sector público?

Intento ser objetivo, evitando análisis de tipo partisano. Reconozco la dificultad de gestionar la pandemia y la valentía de tomar decisiones como encerrar a la población en su casa. Pero soy muy crítico con la gestión, más a nivel del Gobierno español y europeo. En marzo llegó un virus que provocó una saturación del sistema sanitario. Así que se optó por confinar a la población tres meses para ganar tiempo y muscular el sistema sanitario, muy debilitado después de años de recortes. Pero, ¿musculamos el sistema sanitario? Muy poco. Así que perdimos tres meses, con un alto coste económico y también en términos de libertad. Después desescalamos y otra vez restricciones. Un deber fundamental de un político es el de mediar en la búsqueda de soluciones entre diferentes actores. Hay que escuchar a los médicos, claro, pero también a los economistas, empresarios, educadores y psicólogos. Pero se ha delegado en los médicos todas las decisiones. Nunca deleguen completamente en los técnicos la resolución de los problemas sociales, se lo dice un técnico. Un médico nunca valorará el coste económico y social de tener a la población confinada porque ese no es su trabajo.

«No creo que la temporada alta pase del metro y medio»

Los restauradores se sienten los principales damnificados. ¿Tienen razón?

No se trata de quién tiene razón o no la tiene. El problema es generalizado: de los ciudadanos, restauradores, hoteleros y el que tiene una pequeña tienda y no vende un pimiento. Sin interacción humana, no generas interacción económica. Sobre todo si lo que vendes es turismo. Ahora hablo como un profesional de las Ciencias Sociales. Los indicadores que utilizas para tomar decisiones públicas deben ser robustos, objetivos y fiables porque estás jugando con la libertad de empresas y ciudadanos. Nos bombardean con el número de contagios, y en función de eso se decide si se cierra o no. Pero obviamente para obtener ese indicador no has hecho test a toda la población, así que es aleatorio. Y hay días que haces dos mil test, y otros días veinte mil. Por eso el indicador relevante es el número de hospitalizados. Sabemos que uno de cada diez contagiados desarrolla síntomas. Un 4% o 5% de ellos requiere atención médica y una parte más reducida necesitará UCI. Así que organiza tu sistema sanitario para garantizar la asistencia médica de esta parte de la población. Sabiendo además que la mayoría son personas mayores de 70 años con tres patologías. Se trata de organizarse para protegerlos bien, sin necesidad de generar los costes económicos y sociales que provoca atacar globalmente el problema.

¿Cree que en el debate entre salud y economía se tendría que haber prestado más atención a la economía?

El debate es entre salud y bienestar económico, que no es lo mismo que economía. El gran error es haberse olvidado casi totalmente del bienestar económico de la población. La gente está al borde de los nervios.

No se ve un gran descontento social, más allá de algunas protestas. ¿Le sorprende?

No, porque a pesar de todo la gente puede comer. El descenso del bienestar económico ha sido importante, pero para la mayoría de la población asumible. Pero ya se empiezan a acabar los recursos propios y los de la familia.

Hay muchas esperanzas depositadas en que la temporada alta sirva para remontar.

Deseo que sea alta, pero no creo que llegue más allá de metro y medio. Estamos en febrero, todavía encerrados. Nos siguen vendiendo el apocalipsis y continúa el clima de histeria global. La gran esperanza eran las vacunas, pero Europa está fracasando en la vacunación. Nunca entenderé por qué Europa se baja los pantalones ante empresas privadas, por potentes que sean. Al final el turismo necesita confianza y dudo que cambie este clima los próximos cuatro o cinco meses.

¿Hay que cambiar de modelo o llenar los hoteles?

Hace tres meses tuve una conversación con un importante hotelero de la isla sobre esta cuestión. Ambos coincidimos en que un cambio de modelo no debe significar un cambio de producto porque el turismo es una mina de oro para toda la sociedad. Ese oro debe repartirse mejor, pero hay que cuidarlo. Hasta ahora hemos tenido turismo de masas de baja calidad. ¿Creemos que seremos competitivos por este camino o es la ocasión para intentar traer más calidad? Ese es el camino que deberíamos explorar. Claro, otra cosa es cómo dices a los actores económicos que reconviertan sus hoteles de mil habitaciones en hoteles de cien. Pero vale la pena, en Mallorca hay mercado para atraer turismo de dinero.

Aguarda una lluvia de millones de euros de Europa para el rescate. ¿En qué es más urgente gastarlo?

En protección social. Buena parte de la población va a necesitar ayuda pública porque si no, va a tener que ir a comer a la Cruz Roja. Otra prioridad es inyectar liquidez en las empresas, desde un bar hasta una multinacional hotelera, todas la necesitan. Con subvenciones o crédito barato, pero hay que ponerlas en condiciones de superar este bache. Cada cierre por culpa de la covid es un fracaso de la colectividad.

¿Le gusta más la economía o el fútbol?

El fútbol es una metáfora de la vida y por tanto también de la economía. Me apasionan las dos cosas.

¿La pandemia ha pinchado la burbuja del fútbol?

Muchísimo. Y con respecto a la pandemia, el fútbol base es un ejemplo de gestión no óptima por el poder público. No ha habido ni un brote, pero nos someten al mismo tipo de restricciones que a otros sectores. Es otro ejemplo de que un calibraje más fino hubiera sido más eficiente y te hubiera generado menos costes económicos. Todo esto hará mucho daño al fútbol base si la situación se alarga.

Le pregunto como economista y entendido en fútbol: ¿Qué le parece el contrato de Messi?

Llevo años estudiando la economía del fútbol. De hecho, los sueldos de los futbolistas son públicos. Para mí es como haber descubierto el agua caliente. Sí puede parecer indignante que, vista la situación del 98% de los comunes mortales, una sola persona gane tanto dinero solo porque le pega bien al balón. Pero es igual de indignante que un director general de una gran multinacional gane tres veces más. O un gestor de fondos de inversión, que gana treinta veces más. Pagas mucho a ese jugador, pero al final aumenta el valor de tu club más de lo que te has gastado.

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