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Opinión | La consellera miente más que el obispo

Creíamos que a estas alturas ya estábamos inmunizados de la nula capacidad de la consellera de Salud para gestionar esta crisis sanitaria. No obstante, Patricia Gómez continúa sorprendiéndonos. El martes pasado se sacó de la manga un ‘la consellera responde ante los ciudadanos’, en el que contestaba en streaming a las preguntas de los contribuyentes. Uno le preguntó por qué había permitido la vacunación irregular del obispo de Mallorca. Gómez no se limitó a echar balones fuera; más papista que el Papa, mintió aseverando que «monseñor Sebastià Taltavull acude cada día a comer y cenar, utiliza sus servicios médicos y se vacuna de la gripe» en la Casa sacerdotal de la diócesis, para justificar así que se colara y se pusiera las dos dosis que le eviten contagiarse de la covid.

El obispo no come ni cena en la Casa sacerdotal. El obispo tiene una cocinera particular que le prepara las comidas en el Palacio episcopal, donde habita. En cuanto al segundo argumento, cualquier mallorquín que acuda a su centro de salud y lo pida se puede vacunar de la gripe. Si en cambio va ahora y solicita la vacuna contra la covid ¿en serio piensa la consellera que se la van a poner?

La defensa de Patricia Gómez del prelado es insultante porque va más allá incluso de lo que el propio Taltavull se ha atrevido a falsear. Lejos de investigar el chanchullo, la consellera le da su nihil obstat. Claro que viendo ahora el serial de altos cargos de Salud que se han vacunado sin que les tocara, cómo va a extrañarnos que la socialista se preste a bendecir la coartada episcopal.

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