Eugenio d’Ors definía a Madrid como la ciudad donde «cada día a las siete das una conferencia o te la dan». En Mallorca se actualiza en que «cada día ves el nacimiento de una plataforma, o te apuntas a una». La difícil gestión y sobre todo digestión de la «noche sin fin» (Macron) de la pandemia ha transmitido la impresión del fracaso de la política, que se traduce en la multiplicación de iniciativas paralelas. Las hay aterciopeladas y manejables, como el manifiesto-vídeo de cinco minutos de duración que el psiquiatra Miquel Munar, antiguo diputado del PP, ha convertido en un rap superventas por su solemnidad. Ha creado el movimiento Plataforma Vacunas: Salud y Economía, donde reside su convicción de que «sobran trumpitos y faltan Marco Aurelios, quiero coger el bastón y hacer de Gandhi, porque en esta isla hay mucho tiburón y yo soy un gerret».

El tono medio aburguesado corresponde al mayor éxito hasta el momento, el medio centenar de plataformas apiñadas por Afedeco en torno a una extensa regañina a la clase política en general. En la síntesis de Bartolomé Servera, vicepresidente de la patronal de Comercio y «portavoz del grupo empresarial mientras no se diga lo contrario, porque esto son arenas movedizas», no se alinean con la derecha porque «nuestro mensaje se dirige también a la oposición». Una transversalidad que da sosiego, hasta que el empresario de distribución de alimentación traduce su discurso en un radical «dejad de hacer el idiota cada martes en el Parlament». Coincide en el meollo, si no en el lenguaje, con la invocación de Munar a que los diputados «dejen de discutir tonterías, que se guarden la demagogia para otras cosas». Desde esta perspectiva pragmática, el médico señala que «acabo de hablar con personas que me dicen que pueden traer la vacuna rusa Sputnik a Mallorca cuando yo quiera».

El llamamiento de Miquel Munar en favor de una vacunación rápida que salve la economía de Baleares Redacción

El descrédito de los cauces oficiales alcanza su mayor grado de estridencia en Víctor Sánchez, el alma del movimiento callejero Resistencia Balear que ha desafiado las prohibiciones de Aina Calvo y que «acabará en plataforma o ya veremos». Tras colarse en una reunión con Iago Negueruela, este «camarero durante veinte años» y exvotante de Podemos niega cualquier connivencia con un Govern que ahora asegura «comprender» a los manifestantes. «No, no, no, no, qué van a comprender. No comprenden nada. Si me comprendes, deja de cobrar. Con dos mil euros ya estaría muy bien». En la competición por la descalificación mejor temperada, se impone Servera al recordar que «los ingresos del colectivo de Govern y oposición no merman, no hay ningún político en las colas del hambre».

Es innecesario consignar que las iniciativas propiciadas por la pandemia proceden del segmento conservador del espectro político, dada la tradicional hibernación de la izquierda también extraparlamentaria durante los Governs progresistas. La efusión de manifiestos y plataformas comparte otras características, como el énfasis en la desastrosa situación económica, «que de cero a diez de gravedad, está en un doce» en labios de Servera. La novedad reside en la fijación con los sueldos intactos de los políticos, de acuerdo con el muy repetido eslogan de Sánchez, «si yo no trabajo, tú no cobras». De hecho el manifiesto de las decenas de patronales orbita alrededor de la convicción de que «no cabe duda de que existen dos mundos, el político y el resto de la sociedad. El político, que no ha perdido prebendas en los últimos doce meses, y el resto de la población que se encuentra inmerso en el caos».

De hecho, el manifiesto de Miquel Munar no hubiera logrado una difusión equiparable en circunstancias menos dramáticas. Ha impactado el tono sosegado y casi fúnebre, acompasado a la plaga, de un médico que huyó de los populares por desavenencias con Bauzá para refugiarse en UM. También se ha beneficiado de su grado de desconocimiento, el espectador desea descubrir la identidad de este hombre sobrio que parece dispuesto a conseguir las elusivas vacunas. Una de sus personas más cercanas, reacia a la vacunación pero muy próxima a la redacción de la intervención, resalta con cierta preocupación que «hacer política fuera de la política no es bueno, los profesionales del asunto se revolverán contra quienes consideran intrusos». Mientras tanto, el médico se maravilla al comprobar que «a veces funcionan las cosas que parecen imposibles. Todo el trabajo lo han hecho las redes sociales, llevamos ocho mil adhesiones y a este paso superaremos las cifras por la lengua y contra el TIL de Bauzá. Mi vídeo fue un escándalo tan grande que se cayó el sistema. Tuve que pedir ayuda, soy un simple llubiner».

Confluencia empresarial

No es la única referencia al último Govern del PP, unas evocaciones que deberían inquietar al actual ejecutivo autonómico. Servera recuerda que no se registraba una confluencia similar en la cúpula empresarial «desde la foto de CAEB en la que retiramos el impuesto de envases del Govern Bauzá». Y mediante la cual también se cobraron la cabeza del vicepresidente que inspiraba el gravamen, Josep Ignasi Aguiló. «No era nuestra intención cargarnos al número dos, pero es cierto que ocurrió así». Aunque el borrador del manifiesto vigente fue redactado en Afedeco, su portavoz insiste en que «no es CAEB, ni PIMEM, ni Afedeco, no hay protagonismos». Será, pero Munar admite que «hoy (martes) me han recibido en CAEB», otra prueba de la hibridación de las propuestas. Con menos licencias diplomáticas, Sánchez considera que las patronales «han traicionado a sus socios» y que lo están pagando en defecciones.

La ambivalencia de los manifiestos y plataformas llega al extremo de que un emisario del Consolat se puso en contacto con las patronales enardecidas, para preguntarles si el manifiesto iba contra Armengol. Por lo visto, no les tranquilizaba el párrafo bucólico que empieza por «Sabemos, presidenta, que usted quiere lo mejor para nuestras islas», compensando a continuación con un zarpazo a Pedro Sánchez. También Munar considera que «la presidenta no es la culpable, no querría estar en su piel», al mismo tiempo que exhibe su debilidad estructural de promotor como bandera blanca de la paz. «Estoy yo solo y gente de mi entorno, somos cuatro y el de la guitarra, me inspiró el vídeo de Miguel Lázaro». Se refiere al líder del Sindicato Médico, entidad que también firma el manifiesto de las patronales en una nueva encrucijada de propuestas. Para Sánchez, solo la dimisión de la titular del Govern y la convocatoria de elecciones puede aliviar la situación. ¿Para presentarse a diputado? La ambición política es la característica que hermana a los improvisados promotores de plataformas y manifiestos.

Durante seis años, Armengol ha mimado más a las patronales que a sus sufridos socios del Govern, sobre quienes ha descargado los escándalos del sexenio. Sin embargo, la desesperación ha tensado las coaliciones de conveniencia. La CAEB ha tenido que resignarse a la convocatoria unánime de las patronales, aunque ha intervenido para suavizar un texto con demasiados ingredientes de Servera. El impulsor pretende que «no ha habido muchas correcciones, si tenemos en cuenta los intereses en juego. Se han tocado prácticamente comas, ya me entiendes. De lo contrario, me borro y me voy». Carmen Planas, líder de la patronal balear con cargos y dietas a merced del Govern, puede ofrecer a la presidenta socialista la complicidad que le otorga el conocimiento interno de los movimientos en curso.

Sindicatos

El Govern progresista había concentrado sus esfuerzos en domesticar a la sociedad civil, con notable éxito en operaciones fantasiosas como el Régimen Especial. Los dóciles sindicatos han perdido fuelle, ni siquiera sirven como correa de transmisión gubernamental. Entidades acrisoladas como Gob y Arca ceden protagonismo, la crisis desplaza incluso a iniciativas más cercanas como Terraferida, Palma XXI o Vianants en Lluita. El desembarco de los líderes improvisados transcurrirá en armonía, salvo que la calle decida lo contrario. En este apartado, el manifiesto patronal surge de quienes «callamos y esperamos», frente a quienes «se manifiestan semanalmente» porque «ya no tienen ni para comer», pero se remacha que «no nos faltan ganas de gritar». Servera reconoce que las manifestaciones «con miles de personas son un disparate en la situación actual», pero plantea una clara disyuntiva al Govern. «O nos atienden, o que se entiendan con la calle». Y las sanciones astronómicas no disuaden, Sánchez presume de que «todo el mundo que me llama se ofrece a pagarme la multa, pero la abonaré yo con lo poco que me queda».

Con la pandemia marcando el ritmo y la llegada anémica de vacunas, la situación del poder ha adquirido en Mallorca una fluidez sin precedentes. Un vídeo de cinco minutos cautiva a miles de apolíticos, la patronal suscribe un texto prerrevolucionario, un descamisado no descubre las reglas de la movilización de masas en Lenin, sino en el examen concienzudo del Portal de Transparencia del Govern. Sostiene Víctor Sánchez que «allí me enteré de los doscientos asesores, y yo no puedo poner un plato ni servir un cachopo. Empecé a sumar, y blasfemé, la gente pasa hambre y a los gobernantes hay que pagarles eso para que se vayan de fiesta».