«La situación del área de críticos es crítica... nunca mejor dicho», advierte en tono serio el doctor Antonio Moreno, subdirector médico de Son Espases, antes de entrar en la unidad de cuidados intensivos. La principal UCI de las islas, la mejor equipada técnica y humanamente, está sometida desde hace semanas a una profunda ampliación ante la magnitud de casos graves de covid que han ido llegando con el pico de contagios. Su personal no oculta que esta ramificación conlleva hándicaps: «Aquí los errores se pagan muy caros», sentencia sin ambages Celia Sánchez, la supervisora de enfermería.

Los números son brutales: «en situación normal», señala el doctor Moreno, «esta UCI tenía 32 camas de críticos, cuatro de semicríticos y 10 de reanimación posquirúrgica». Hoy son 94 las camas de críticos activas. Solo para enfermos covid Son Espases dispone de 56 camas, de las cuales el día del reportaje -el jueves pasado- había ocupadas 48 (el 86%). De las restantes 38 camas UCI para enfermos no covid, solo quedaba una libre. El hospital tiene capacidad para ampliar hasta las 108 camas UCI si mañana se desmadra con la llegada de más pacientes ibicencos, o hubiera un repunte entre mallorquines. El problema no son las camas ni los respiradores; falta personal cualificado para atenderlas. «Recursos aquí siempre hemos tenido, además hemos sido muy cuidadosos, lo que no hay son enfermeras, no se encuentran, los bolsines están agotados porque no los han cuidado. Aunque son profesionales excelentes, trabajar con personal sin experiencia en UCI no te da la misma seguridad», afirma Celia Sánchez.

Una sanitaria preparando los boxes de la unidad de cuidados intensivos.

Es el peor momento en esta trinchera contra el coronavirus. La supervisora de enfermería del área UCI y Urgencias del hospital de referencia de Balears acusa, como todo su equipo -«antes de la pandemia éramos ciento una enfermeras; ahora rondamos las doscientas»- un profundo cansancio, luchando sin tregua y a brazo partido contra el coronavirus. «En ningún momento hemos estado libres de enfermos covid, el mínimo habrán sido seis u ocho. Llevamos diez meses o más trabajando sin parar con esta situación», explica el doctor Julio Velasco, jefe de la UCI de Son Espases. Este barcelonés, toda una personalidad en el mundillo sanitario, celebra orgulloso el hito de que «ningún profesional se ha contagiado de covid manipulando a pacientes dentro de la UCI» desde que se inició la pandemia. El equipo de 21 médicos que dirigía se ha ampliado ahora hasta los 29.

En plena tercera ola, y pese a que Mallorca está doblegando la curva de nuevos contagios, la presión hospitalaria sigue siendo muy elevada en el conjunto de Balears, especialmente por el descontrol de casos en Eivissa, con el hospital de Can Misses absolutamente desbordado. Son Espases es el complejo que acoge un mayor número de pacientes graves de covid, la panorámica dentro de la UCI impacta profundamente. Un choque de bruces con la cara más feroz del coronavirus, la que hincha los cuerpos, deforma las caras y destruye las identidades, ante la impotencia de sanitarios y familiares.

La ternura se abre paso dentro de la dureza de la UCI. La esposa de un paciente covid con carga viral ya muy baja le aguanta la mano. Manu Mielniezuk

La presión y carga de trabajo que soportan los profesionales hace mella. «Estamos con todos los permisos y licencias suspendidas, aunque se hace un esfuerzo muy grande porque sabemos que debemos seguir en primera línea, pero es angustioso», remarca Sánchez. «La ratio al cien por cien ahora mismo no la podemos cumplir, estamos entre comillas trampeando las ratios. Debería ser una enfermera para cada dos pacientes, y a veces 1/1, pero la ratio es demasiado ajustada. No llegamos», remacha la jefa de enfermería.

«Estamos agotados, estamos muy cansados», repetirá hasta en cuatro ocasiones ante el silencioso asentimiento de sus colegas. «Necesitaríamos un relevo», se sincera Celia Sánchez -una «muy buena profesional, todo nervio, sin ella no sé qué haríamos», dirá sigilosamente después al periodista un compañero médico-.

El doctor Jaime Herrero, "uno de los mejores médicos que tenemos aquí dentro", en un box. Manu Mielniezuk

La supervisora denuncia «falta de previsión a todos los niveles», por supuesto en el político, y se muestra indignada al preguntarle qué siente al ver imágenes de relajación social en la calle, o polémicas como la vacunación irregular de monseñor Sebastià Taltavull. «¿Sabes qué pasa? Cuando estás tan cansado te haces selectivo al político, al obispo y al sursum corda. La vacunación del obispo me importa un bledo», zanja. «No digas palabrotas, Celia», le reprende afectuosamente el doctor Velasco. «No digo palabrotas, Julio, ya estoy cansada», vuelve a insistir Celia Sánchez. Ella solo prioriza «cuidarnos entre nosotros, hacemos muy buen equipo entre médicos y enfermeras».

Máster acelerado

Dentro de la UCI de Son Espases se nota enseguida que la pandemia ha sido un máster exprés para todos, la dureza se afronta ahora con mayor conocimiento que en marzo-abril del año pasado. No obstante, hay cosas que no cambian. «Lo que te llevas a casa es la dificultad de tener que informar a los familiares, que en muchos casos llevan semanas viniendo cada día, de que por mucho que quieras las cosas no están yendo bien para su enfermo», confiesa su impotencia Patricia Cocostegui.

Esta pediatra catalana está haciendo su residencia, y se ha encontrado de repente con que «por la mañana atiendes a pacientes de cien, ciento veinte kilos, y por la tarde a bebés prematuros de seiscientos gramos, es un contraste». «Ahora mismo tenemos a tres pediatras intensivistas que nos ayudan, la suya es una colaboración fundamental», subraya el doctor Velasco, jefe de la UCI.

La UCI de Son Espases: así es la zona cero de la Covid Bernardo Arzayus

La escasez de personal capacitado para atender a pacientes críticos ha podido suplirse con la incorporación de especialistas y enfermeras de otras áreas y servicios no esenciales del hospital a la UCI. Es el caso de Ana García, que de ser supervisora del área de infecciosos de medicina interna apoya ahora a las enfermeras de la unidad de cuidados intensivos. García explica «el largo proceso» de los pacientes covid en UCI «por los problemas de oxigenación, que obliga a sedarlos e intubarlos en muchos casos durante semanas».

Aunque acostumbrados a ver de todo, «tenemos nuestro corazoncito» y siempre hay casos que te dejan marcado, recalca la joven pedriatra Cocostegui. En la unidad en la que está hay cierto pesar porque «hace pocas horas hemos perdido a un paciente que llevaba 114 días ingresado, y no pudimos hacer nada más por él».

El mallorquín Jaime Herrero, «uno de los mejores médicos intensivistas que tenemos aquí dentro» -dirá su jefe Velasco- también las ha visto de todo color, pero incluso así lamenta casos como la muerte «de una paciente de 25 años, que sin haber pisado un hospital más que cuatro meses antes para dar a luz, falleció» en la UCI por covid. «Es frustrante», dice apesadumbrado.

"Me importa un bledo la vacunación del obispo, cuando estás tan cansado te vuelves selectivo al político y al 'sursum corda'"

A este doctor, como al resto de sus compañeros de UCI le molesta sobremanera la gente que se salta las restricciones y se toma a la ligera la covid. «El 27 de diciembre volvía de estar de guardia, venía de ingresar a siete pacientes -¡siete!-, y me encontré un botellón debajo de mi casa. Fue indignante», recuerda.

En medio de esta guerra, afloran datos positivos «comparándolo con la primera época, cuando esto explotó y evidentemente teníamos más inexperiencia» en tratar a los enfermos de covid que entraban en la UCI, reseña Jaime Herrero. El médico recuerda cómo entonces «la mitad [de los ingresados] no salían, o sea, era cara o cruz». Ahora «parece que ha mejorado un poco». Con todo, «tampoco es para tirar cohetes, si se me permite la expresión. Desgraciadamente, todavía uno de cada tres se queda».

Con los boxes llenos de pacientes sedados, familiares angustiados, los casos que se disparan a la mínima... los profesionales de la UCI siguen dándolo todo y no se rinden. «Aquí en ningún momento hemos perdido la humanidad». Palabra de la combativa enfermera Celia Sánchez.

La UCI de Son Espases: así es la zona cero de la Covid Bernardo Arzayus