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Armengol pierde la inmunidad y el rebaño | Por Matías Vallés

Puede presumir de la primera comunidad que ha vacunado a un obispo, con dosis del Govern

Armengol pronostica para "mediados de año" la "normalización de la situación" en Baleares

Armengol pronostica para "mediados de año" la "normalización de la situación" en Baleares

Balears bajó el pasado lunes milagrosamente, y por primera vez en dos meses, de los doscientos nuevos contagios diarios de coronavirus. El prodigio ocurre un día antes de que Francina Armengol rinda cuentas contra su voluntad en el Parlament, sobre la gestión de la crisis. Tras la intervención de la presidenta, se recuperan los dramáticos 600 contagios habituales, con una tasa de positividad desatada del diez por ciento. Es una gobernante mágica, ha entendido que las estadísticas cumplen la misma función que los espantapájaros.

Un año después, cada día es el peor día de la pandemia en Balears. Armengol se confió y no se confinó, porque pensaba que solo tenía que derrotar a Biel Company, una tarea que hasta un político lograría con diez minutos de dedicación diaria. La facilidad conduce a la molicie, y la presidenta perdió la inmunidad en el horario de toque de queda que ahora abraza con furor de conversa.

Neutralizar al PP balear es fácil, los populares llevan años derrotándose a sí mismos sin ayuda exterior, pero vencer a la derecha y al coronavirus a la vez complica un poco las cosas. La pérdida de la inmunidad de Armengol conduce al actual extravío de su rebaño, porque los socios siempre menospreciados por el PSOE se han tornado volubles. Ya pagaron el retroceso de 2019, la senda actual de Més y Podemos apunta a la extinción.

El conjuro de Armengol no podía durar eternamente, la mirada habitual de superioridad era ayer de recelo hacia su entorno. La dirigente socialista no puede quejarse de recibir críticas excesivas en las vacunas flacas, porque no matizó las alabanzas desmedidas en tiempo de vacunas gordas.

Armengol solo podía presumir ayer de ser la primera comunidad española que ha logrado vacunar a un obispo, ya que la dosis que recibió ilegalmente Sebastià Taltavull llegó forzosamente del único receptor y proveedor de vacunas autorizado, el propio Govern. En cambio, la presidenta se embarcó en un cuento de la lechera sobre lo mucho que vacunaría si recibiera productos Pfizer de Madrid. ¿Ha viajado a la capital, para agarrar por las solapas a Illa/Sánchez por permitir descaradamente que Balears tenga más muertes de las que le corresponden demográficamente?

La recuperación se mide en meses, y a 2021 solo le quedan once. Armengol se encomendó a ganar la Bonoloto de las futuras vacunas, una fabulación que no tranquilizará a los mercados emisores ni reactivará el turismo. La única verdad imagológica es que el comisario europeo Didier Reynders se fotografió el lunes enarbolando un mapa de Europa en el que Balears aparece en la zona rojo plus, donde no se recomienda viajar ni en peligro de muerte. Un excelente comienzo para la campaña de verano.

Según confesó la propia Armengol, en Balears no hay ni tres mil personas vacunadas, una miseria de once mil si se acepta la dosis inicial. Menos de un uno por ciento de la población en cinco semanas. A este ritmo, la recuperación de la inmunidad de Mallorca es más aventurada que la de su presidenta.

Más ambivalente resulta el argumento de que Balears se anticipa en las restricciones. Ergo, Armengol ha exigido un mayor sacrificio a los mallorquines, sin mejorar apreciablemente los resultados ni beneficio alguno. Hoy, y a salvo de otra cabriola estadística del Govern, la isla multiplica por veinte los datos de contagios que Sánchez propuso como meta al decretar el estado de alarma, y por cinco los que causaron la huida en masa del turismo alemán en agosto.

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