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Patrimonio le dio el ‘Fortuna’ al Rey y también se lo quitó

Los hoteleros mallorquines que pagaron el yate a Juan Carlos I a escote se sorprendieron al ver que era recogido por un cargo del Gobierno, propietario del Fórmula 1 de los mares

Llenar el depósito del ‘Fortuna’ costaba unos 25 mil euros, desembolsados por su propietario que no era el Rey, sino Patrimonio Nacional.

Llenar el depósito del ‘Fortuna’ costaba unos 25 mil euros, desembolsados por su propietario que no era el Rey, sino Patrimonio Nacional.

Lady Di inspiró el mayor obsequio recibido por Juan Carlos I. La princesa del pueblo y su esposo aparente, Carlos de Inglaterra, viajaban en el vetusto Fortuna de los años ochenta cuando tuvo que ser remolcado al puerto de Sóller por dos pesqueros, tras sufrir una avería en sus sistemas eléctricos. Esta humillación internacional llevó al caprichoso monarca a solicitar un recambio por todas las vías posibles, hasta el punto de que Felipe González abandonaba una audiencia en Marivent al grito de «el Rey necesita un yate nuevo». Esta frase no solo resultaría hoy obscena en un líder de izquierdas, lo cual demuestra el cambio de sensibilidad en torno a la figura del Emérito.

La última conmoción provocada por Juan Carlos I se ha desatado al desvelar eldiario.es que Patrimonio Nacional paga en la actualidad a los asistentes regios en Abu Dabi. Como de costumbre, en Mallorca puede doblarse la apuesta, porque el organismo público abonó durante casi quince años todos los gastos del nuevo Fortuna, botado con el milenio. La institución era la verdadera propietaria del yate de veinte millones de euros, un regalo al monarca por parte de los hoteleros mallorquines.

También fue en la isla donde Sabino Fernández Campo declaró que «el Rey no puede admitir regalos como un yate, porque se crea una obligación». Estas opiniones le costaron el cargo al legendario jefe de la Casa, que ya logró interceptar el obsequio al monarca de una embarcación de recreo a cargo de los entonces pujantes Mario Conde y Javier de la Rosa.

Con Fernández Campo destituido, Juan Carlos I no aceptó sino que prácticamente impuso la cuestación de los empresarios turísticos mallorquines. La excusa para la última edición del Fortuna era recompensar la promoción que los veraneos del Jefe del Estado suponían para Mallorca. Sin embargo, los hoteleros quedaron sorprendidos el día de la entrega del yate en el Dique del Oeste palmesano. Al acto no asistió ningún miembro de la Familia Real, sino el prosaico responsable del Patrimonio Nacional al que quedaría adscrita la embarcación.

Llenar el depósito del Fortuna costaba 25 mil euros, por no hablar de los ingentes gastos de mantenimiento que correrían a cargo de los ciudadanos y teóricos propietarios, a través del organismo que hoy depende de la vicepresidenta primera del Gobierno. Puede alegarse que numerosas singladuras se encuadraban en la representación estatal ejercida por el monarca. Con todo, a menudo era el Rey en solitario quien se colocaba al mando de la nave. O servía de refugio exclusivo para la familia de Cristina de Borbón y Urdangarin, que también tuvieron que refugiarse en el Port de Sóller con motivo de una circunnavegación procelosa de la isla.

Juan Carlos I puede decir como Job que «Patrimonio me lo dio, y Patrimonio me lo quitó». La Casa del Rey atribuyó la falsa renuncia al yate en 2013 a un ejemplo de «austeridad» de Juan Carlos I, y de solidaridad con las tribulaciones de los ciudadanos. En realidad, fue el propio Mariano Rajoy quien transmitió al monarca en La Zarzuela que el Gobierno iba a retirarle su costosísimo juguete, en un veredicto innegociable.

En contra de la jactanciosa voluntad de ahorro esgrimida por palacio, Juan Carlos I quedó notablemente afectado por la pérdida de su Fórmula 1 de los mares. Se quejó amargamente a sus íntimos de lo que consideraba una intromisión gubernamental en su área de competencia. Y aunque a Rajoy le corresponde el mérito de haber afrontado la indignación de Su Majestad, el Gobierno solo actuó con singular rudeza porque tenía pánico a que se desvelara el coste auténtico para el Patrimonio Nacional del sustento de un yate regio.

El yate del Rey, o mejor dicho de los ciudadanos, siempre tuvo su base en Mallorca. Su salida a la venta fue el primer indicio que tuvo Juan Carlos I de que su inviolabilidad se tambaleaba. El coste público total del Fortuna sigue sin conocerse.

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