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Oriol Lafau: «Ahora sabemos de nuestra fragilidad, pero tener miedo es bueno»

«El personal sanitario siente decepción con una población que no lo está haciendo tan bien mientras ellos se cargan de trabajo»

Cansancio, frustración, decepción e incertidumbre son las palabras que definen el estado de la población en general G. Bosch

Oriol Lafau (Badalona, 1968) vela por la salud mental de los ciudadanos de las islas desde hace más de cinco años. Psiquiatra y coordinador de Salud Mental del Govern, habla de naturalizar la tristeza derivada de la pandemia, de vivir el día a día y de no tener miedo a tener miedo.

Desde que empezó la pandemia hemos pasado por muchos estados mentales. ¿En cuál estamos ahora?

Estamos en una situación compleja a nivel de bienestar emocional. Las palabras que definen el momento actual es cansancio, frustración, decepción e incertidumbre. Sales a la calle y ves que la gente no está como antes de la pandemia. 

Usted tiene una receta para sobrellevarlo: vivir el día a día.

Partimos de una premisa muy estudiada: el 90% de las premoniciones fatalistas que nos hacemos nunca se llegan a cumplir. Hay una frase que lo define: ‘El sueño de la razón produce monstruos’. Porque seguramente no se llegará a cumplir casi nada de lo que imaginamos. Por eso es importante que nos centremos en lo que tenemos ahora. Si nos fijamos demasiado en el futuro o en el pasado, crearemos un malestar emocional que nos podemos ahorrar. Por tanto vivamos lo que tenemos hoy, como máximo lo que tengamos mañana. E intentemos resolver los problemas que tenemos hoy, no los que podemos tener mañana. De lo contrario, mermaremos nuestra salud mental.

Y no hay que sentirse culpable por estar triste.

No, tenemos que poder validar estas emociones negativas. Estamos muy acostumbrados a que todo tiene que ser positivo, poner cara alegre y ser simpáticos. Pero en estos momentos estamos tristes, cansados y angustiados. Y además es lo normal, si estuviéramos encantados de la vida en esta situación seríamos Robocop.

¿También son normales episodios de ira y frustración como los que vimos en la manifestación de la semana pasada a favor de la restauración?

Son normales y todos los hemos tenido en algún momento de nuestra vida. Pero hay que tener cuidado con cómo canalizamos esa ira. Tiene que haber manifestaciones, pero tienen que ser seguras porque si no, ponemos en riesgo a la población. Tenemos que manifestarnos de otras formas. Por ejemplo, en las redes sociales, donde conseguirás más repercusión que si llevas cuatro mil personas a la Rambla. Manifestemos nuestra incomodidad, pero de forma segura.

Según el INE y la información que maneja el Observatorio de Suicidios de Balears, no se ha constatado un aumento de suicidios en las islas, al menos durante la primera mitad de 2020. ¿La tendencia puede cambiar?

Es cierto que al principio de la pandemia no constatamos un aumento de los suicidios; al contrario. En estos momentos no tenemos datos, pero espero que los tengamos dentro de no demasiado tiempo. ¿Qué podemos esperar? No lo sabemos porque nunca hemos vivido una situación igual. Pero la sociedad está pasando por una situación muy compleja en la que las personas tendrán más tendencia a deprimirse en los próximos meses: porque les falta un trabajo, comida o no pueden cubrir las necesidades que antes sí cubrían. Detrás del 90% de casos de suicidios hay una depresión. Si aumentan las depresiones, seguramente veremos un aumento de conductas suicidas. 

La pandemia ha golpeado sobre todo a los mayores, muchos de los cuales la están viviendo en soledad o con mucha angustia por el miedo a un contagio. ¿Les preocupa ese grupo de edad?

Nos preocupa la salud mental de todo el mundo, pero nos centramos en dos grupos: población mayor y niños. Muchos mayores están viviendo la pandemia en completa soledad. Tienen más riesgo de contagio que el resto y además tienen miedo a la muerte porque la ven muy cerca y ya han perdido a muchas personas. Así que su estado mental está más en entredicho que el de personas más jóvenes. Por otro lado, sabemos que tienen mucha experiencia de vida, han pasado por muchos duelos y momentos complejos. Así que también tienen experiencia para resolver estas situaciones. 

¿Y los niños?

Son una esponja. De alguna manera chupan las energías que tienen a su alrededor y en estos momentos las familias están más tristes. Muchas veces los niños son los primeros que dan la cara a la hora de expresar la tristeza. Se ha incrementado el número de consultas de salud mental infantil-juvenil y tenemos que tener cuidado con este colectivo. 

También está siendo muy duro para los profesionales sanitarios, que han encadenado olas sin haber podido desconectar. ¿Cómo se van a recuperar después de soportar toda esa presión? 

Desde el principio pusimos a su disposición recursos específicos para atenderlos. En abril y mayo hubo un montón de solicitudes de atención, unas quinientas. Con el tiempo estas visitas disminuyeron y estos últimos meses se han hecho 22. Esta diferencia tiene dos lecturas. Puede que hayamos aprendido a gestionar la situación y sufrimos menos. Pero hay otra teoría que se acerca más a la realidad. Al principio de la pandemia toda la sociedad iba a una, estaba el objetivo común de derrotar al virus y los aplausos. En aquel clima era más fácil pedir ayuda, pero en estos momentos el personal sanitario siente decepción con una población que no lo está haciendo tan bien, mientras ellos se cargan de trabajo. Esto lleva a la culpabilización del otro, a la queja, y se instala un clima que no favorece que se pida ayuda. Están quemados, trabajan en una situación muy difícil, se pasan una hora para ponerse y quitarse el EPI y hay miedo a contagiarse. Por no hablar de los que trabajan en una UCI y ven muertes cada día. Pensamos que pedirán ayuda más adelante, y tenemos que ayudarlos a pedirla si no están bien.

El coordinador autonómico de Salud Mental recomienda pedir ayuda «a quien lo esté pasando mal».

Hay muchos muertos cada día y la suma desde el inicio es enorme. Pero a veces es como si los hubiéramos invisibilizado.

El cerebro humano se defiende ante informaciones sobre el número de muertes, situación de las UCI... Se anestesia y no recibe más información. Hubo cuatro muertos en la explosión de Madrid y nos impactaron más que los cuatrocientos fallecidos registrados aquel mismo día por covid. Es un blindaje contra el sufrimiento extremo para no hacerse daño. 

Una vez se haya vacunado el número suficiente de personas y la pandemia se considere bajo control: ¿Habrá una explosión de euforia y consumismo?

Hablar de resiliencia en este momento, oír hablar de que saldrá bien... Me crispa porque creo que no es el momento. Pero si hablamos de eso, confío en que habremos aprendido la lección. Y no saldremos desbocados, sino tranquilos. Es lo que pienso y es también mi deseo. No hay que salir de forma egoísta, y el aprendizaje es que tendremos que vivir más como una sociedad en red.

Saldremos tranquilos, ¿y también más miedosos?

Sí, pero ser miedoso es bueno, es una gran ventaja. Con la pandemia nos hemos dado cuenta de nuestra fragilidad. Y cuando alguien se mira en el espejo de su fragilidad, tiene más miedo y toma más precauciones. 

¿Estamos preparados para otro confinamiento duro?

Sí. En marzo y abril el clima social era diferente. En ese momento todo el mundo tenía las normas claras e iba a una. Eso generaba bienestar emocional. Por tanto, un confinamiento total puede ser positivo porque nos une como sociedad. Estamos preparados para poder hacerlo. Fue una situación de luna de miel, hay más sufrimiento en este momento, en esta situación de semiconfinamiento en la que hay cosas que hacen que nos crispemos. En cambio, aquellos primeros meses hubo menos urgencias e ingresos de salud mental, y menos prescripción de psicofármacos. 

Se lo pregunto como psiquiatra: ¿vale la pena tratar de convencer a un negacionista de la pandemia de que el virus existe?

Normalmente son personas muy enconadas en una posición. Diré que prácticamente delirante. Según su definición, delirio es un pensamiento inasequible a la razón. Se parece a lo que le sucede con un negacionista, es my difícil que cambie de opinión. Vivimos en una sociedad en la que hay un porcentaje de personas, afortunadamente pequeño, que no cambiará de opinión.

Sin ser negacionista, hay una parte significativa de la sociedad que desconfía de la vacuna. Se oye mucho eso de ‘que se vacunen primero otros’.

Esa frase me da mucha rabia. Pero se tiene que entender el miedo a la vacuna y rebatirlo con la razón. Tenemos que confiar en que científicos de primer nivel han hecho un producto eficaz. Además es la única herramienta que tenemos y no hay plan B.  

¿Cómo estaremos cuando acabe todo?

Bien, nuestro cerebro está acostumbrado a pasar por muchas vicisitudes. Me preocupa más qué repercusiones tendrá la crisis económica o el duelo por los fallecidos para la salud mental. Los profesionales de la salud mental recibiremos más visitas y tendremos que estar muy pendientes del sufrimiento de la gente. Si alguien lo está pasando mal, tiene que ir a su médico de atención primaria y pedir ayuda porque esa es la mejor manera de prevenir. 

«Ahora sabemos 
de nuestra fragilidad, pero tener miedo 
es bueno»

«Ahora sabemos de nuestra fragilidad, pero tener miedo es bueno»

Oriol Lafau (Badalona, 1968) vela por la salud mental de los ciudadanos de las islas desde hace más de cinco años. Psiquiatra y coordinador de Salud Mental del Govern, habla de naturalizar la tristeza derivada de la pandemia, de vivir el día a día y de no tener miedo a tener miedo.

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