La única obsesión del Govern que venía a cambiar el modelo económico y fomentar el tejido productivo de Balears es que en mayo empiece la temporada turística, algo que nadie puede garantizar porque depende de la coyuntura europea. 

Un efecto colateral que ha tenido el alboroto callejero ha sido azuzar la vacunación, que se desarrollaba con cuentagotas. A finales de semana Salud se ha puesto las pilas. 

En medio de las críticas, Francina Armengol cuenta con varias bazas a su favor: la principal, que sigue sin tener oposición ni un rival a su altura. Después de hacer el ridículo en agosto al posicionarse en contra de las mascarillas obligatorias, que al día siguiente Alberto Núñez-Feijoó ordenaba en Galicia, Biel Company no ha dado pie con bola. La exigencia de cribados masivos en todos los pueblos, su única iniciativa seria. 

Armengol conserva los 32 votos que le dan mayoría, y el flirteo con El Pi y Ciudadanos le da holgura cuando Més per Menorca se le rebela. Podemos no existe -son ofensivas e impresentables las dos comidas de 24 y 26 personas de su consellera Mae de la Concha con el ministro Luis Planas, en plenas restricciones de seis-, y Més siempre acaba capitulando. Quedan más de dos años y medio antes de que Armengol vuelva a medirse con las urnas; tiempo de sobra para remontar. Jugará a su favor si abren los hoteles. «Si eso no ocurre, entonces te diré que sí estamos muertos. Hoy por hoy, no», sentencia un armengolista de pro.