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La segunda oleada deja en Balears 400 fallecidos más de los esperados

La mitad de las defunciones se atribuyen oficialmente a la covid, pero más de doscientas no figuran en las estadísticas de Sanidad

La segunda oleada deja en Balears 400 fallecidos más de los esperados.

La segunda oleada deja en Balears 400 fallecidos más de los esperados. Manu Mielniezuk

Pedro Sánchez fue el primero en confesar que el millón de españoles contagiados oficialmente de la covid podía elevarse en realidad a tres millones. La misma fluidez de las cifras se aplica al número de fallecimientos, lo cual ocasiona en Balears un desfase del cien por cien. Según la última entrega quincenal de datos del Instituto Nacional de Estadística, la comunidad habría registrado un exceso de cuatrocientos fallecimientos solo durante la segunda oleada de la pandemia, con respecto a las cifras esperadas siguiendo la tónica de años precedentes.

Tal como adelantó este periódico, 177 de las defunciones adicionales respecto a las esperadas se corresponden con los fallecimientos registrados oficialmente por el ministerio de Sanidad, y atribuidos a la pandemia tras convalidar los datos del Govern. Sin embargo, esta asignación parcial deja un plus de 230 óbitos inesperados y tampoco explicados. En porcentajes, equivalen aproximadamente a un diez por ciento de las cifras probables durante un periodo no traumático. Aunque adscritos a otras causas, resulta evidente que buena parte de los óbitos están ligados a la pandemia, y cuesta atribuirlos a las fluctuaciones habituales de las tablas de mortalidad. Se reproduce el baile de cifras reconocido por Sánchez, ahora en el balance enlutado del coronavirus.

Evolución de los ingresos en UCI durante la segunda oleada DDM

Las cifras oficiales españolas de fallecidos por la covid han sido tan distorsionadas que han suscitado el descrédito estadístico del país en toda Europa. Los datos del INE vendrían a confirmar que en Balears se ha procedido al mismo enmascaramiento. Tradicionalmente, las autoridades sanitarias han empleado criterios muy restrictivos, para consignar solo los muertos por coronavirus, una distinción sutil frente a los muertos con coronavirus. Sin embargo, la doctrina nítida de la Organización Mundial de la Salud obliga a asignar a la pandemia toda defunción en que el virus haya jugado un papel, aunque solo sea circunstancial y no afianzado por la batería de test. La sospecha se considera un positivo.

Dado que buena parte de los 230 fallecidos de más no fueron sometidos a una PCR ni a un estudio forense posterior, nunca se sabrá cuántos de ellos cumplen con los requisitos de la OMS para ser introducidos en el saldo trágico del coronavirus. Esta ambigüedad diagnóstica enturbia la medición fiable de la tasa de mortalidad de la enfermedad. La resignación a los datos oficiales conlleva un porcentaje del uno por ciento de defunciones respecto a los contagios reconocidos, con una distorsión claramente desfavorable para los pacientes de edad muy avanzada. A la vista de los datos del INE, esa proporción se dobla fácilmente.

Comparativa de ingresos durante las dos oleadas DDM

Los cuatrocientos muertos adicionales desde julio suponen un porcentaje, sobre las tablas totales de mortalidad esperadas, por encima del quince por ciento. Entre las hipótesis de este incremento que dejan de lado la covid, se cuenta precisamente la intuición de que la atención concentrada en el coronavirus ha descuidado la vigilancia de otras enfermedades, una circunstancia que ya fue advertida por los cardiólogos durante la primera oleada.

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