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Opinión

«¿En mallorca cabe el ave?»

Álvarez Cascos fue degradado a ministro de Fomento en el segundo mandato de Aznar. Coincidió en Balears con el primer Pacto de Progreso. Estaba tan obsesionado con las inversiones en trenes de alta velocidad, que desde su ministerio llegó a plantearle al Govern:

-¿Seguro que en Mallorca no puede montarse un AVE?

Es difícil encontrar una mejor síntesis de la indiferencia madrileña hacia la comunidad balear. Ante la imposibilidad de un alta velocidad Palma-Artà, surge el Convenio de Carreteras firmado con Zapatero, y que en esencia significa aportar dinero a espuertas para un concepto superfluo o destructivo.

La clave de la generosa asignación finalista radica en el destinatario del dinero, que genéricamente cabe denominar el club de las constructoras del AVE a La Meca. De ahí que, en cuanto el Consell de Armengol introdujo la picaresca de cobrar primero y gastarse el dinero en vicios, surgiera la exigencia de pagar solo por certificaciones de obra ejecutada. Intrusos abstenerse, no debe haber otros beneficiarios foráneos de la sociedad secreta.

En la actualidad, el solo planteamiento de una ampliación de la red viaria mallorquina provoca náuseas, aunque no se haya aprendido que la concentración de la población es la primera garantía de la difusión de pandemias. Gastar en asfalto el dinero que falta para mascarillas o test masivos adquiere una dimensión obscena en plena matanza de la covid. La demanda de los ecologistas es racional, un dato que impide su materialización.

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