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La venta de viviendas se hunde en Balears en el otoño de la pandemia

Las operaciones efectuadas en septiembre registran un descenso del quince por ciento, según los datos del Instituto Nacional de Estadística

Viviendas en construcción.

Viviendas en construcción.

El voluntarismo de las plataformas inmobiliarias, empeñadas en que todo funciona a la perfección en el mercado balear, acaba de ser desmontado por los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística. De acuerdo con el número de compraventas de viviendas registrado durante el mes de septiembre y difundido ayer, Balears es la segunda región que experimenta un descenso más acusado. Su descalabro solo se ve superado por Euskadi.

En el primer mes de otoño después de la covid, el hundimiento interanual de Balears se redondea en un quince por ciento. El shock de septiembre alcanza al 24 porcentual en Euskadi. La caída de la venta de viviendas en el archipiélago multiplica por catorce al retroceso estatal, fijado en el 1,1. El desplome del engranaje no era inevitable, según demuestra el aumento de operaciones en Extremadura por encima del cincuenta por ciento. En la misma línea, las castillas han gozado de una efervescencia en el rango de las dobles cifras, pese al duro castigo sufrido durante la pandemia.

La síntesis de la tabla inmobiliaria de septiembre apunta a que los compradores no buscan tanto la seguridad frente al contagio, sino los espacios abiertos. De ahí los pronunciados descensos de Madrid y Cataluña, locomotoras habituales del tráfico residencial. En cambio, el batacazo balear se asocia con mayor argumento al descenso del flujo de viajeros con el extranjero, de nuevo a causa de la pandemia. En esta línea, comparte la tónica negativa con otras comunidades de estirpe turística, como Canarias o Valencia.

El bajón en las compraventas llega después de la parálisis total que propició el confinamiento, por lo que Balears se halla lejos de recuperar la tónica habitual en años precedentes. Los datos de 2018 y 2019 mostraban un mercado mucho más robusto, pero la tendencia avisaba ya por entonces de una ligera debilitación, que se ha precipitado con la crisis del coronavirus.

Parón en las compraventas inmobiliarias en Mallorca, solo superado por el País Vasco.

La caída rotunda del quince por ciento en el número de operaciones no ha venido acompañada ni de lejos por una rebaja de los precios de los inmuebles en la misma proporción. Al igual que ha ocurrido con otros sectores, los propietarios han optado por capear el temporal, a falta de decidir hasta cuándo pueden mantener el músculo de su oferta sin atrofiarse. Al igual que el aumento de infecciones «tensiona» en la terminología del BOE los recursos sanitarios, también el contagio de la inactividad inmobiliaria detectada por el INE aproxima al colapso a los servicios financieros. De ahí que algunos expertos vaticinen una corrección inevitable en las pretensiones desfasadas de los vendedores.

La caída de ventas en septiembre no solo confirma el impacto psicológico de la pandemia, avalado también esta semana por una encuesta del CIS. Demuestra sobre todo que existe una crisis de confianza en el futuro, agravada en Balears por unos precios muy por encima de la media estatal. La atonía general convive con una notable actividad en segmentos selectos del mercado. Por ejemplo, se han esfumado los compradores de apartamentos en edificios compartidos. Por contra, los intermediarios resaltan que se ha disparado la solicitud por parte de ciudadanos extranjeros de casas aisladas, un refugio habitual en las zonas rurales y sobre todo en la Tramuntana. De nuevo, la prosperidad de esta variedad se corresponde con el temor generalizado en Europa a confinamientos de larga duración.

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