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La isla es el trampolín para llegar a Alemania y Francia

Los migrantes irregulares reciben atención sanitaria y se cubren sus necesidades básicas antes de enviarlos a la península dentro de un programa de ayuda humanitaria

Cruz Roja ofrece la asistencia humanitaria que incluye la atención sanitaria y necesidades básicas.

Cruz Roja ofrece la asistencia humanitaria que incluye la atención sanitaria y necesidades básicas.

Mallorca no es más que una casilla por la que es necesario pasar para llegar a la meta. Porque para una gran parte de los migrantes que llegan en patera a las costas de la isla el objetivo final es poder entrar en otros países europeos, como Francia o Alemania. Muchos de los que han arribado durante los últimos días se van a embarcar en breve para recalar en Madrid, Barcelona, Zaragoza o Valencia, ciudades que, a diferencia de Palma, disponen de plazas para estancias temporales en el marco de los programas de ayuda humanitaria del Gobierno central, ante la imposibilidad de alojarse en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), cerrados a causa de la covid-19 pese a que ya se ha ordenado su reapertura, según pone de relieve la directora de Salud y Emergencias de Cruz Roja Balears, Victòria Avellà.

La entrada de la última oleada de migrantes ha tenido varias características que la han hecho especial. En primer lugar, por el número. Si en ocasiones anteriores, no se llegaba a los 50, en este caso se ha llegado a las 241 personas repartidas en 16 pateras.

En segundo lugar, en otras ocasiones se ha detectado la presencia de menores, pero siempre rondando los 17 años con la pretensión de encontrar un empleo y viajando solos. Pero en esta última oleada hay dos madres, una con un pequeño de dos años y la otra con hijos de once y alrededor de 16 años, se añade.

Y el tercer factor que hace que todo este caso sea especial se llama coronavirus, que está obligando a modificar los procesos habituales para atender a estas personas.

Victòria Avellà señala que una vez detectada la llegada de inmigrantes en pateras a las aguas de las islas, se produce la intervención de los cuerpos de Seguridad del Estado y de Salvamento Marítimo, que son los que reclaman la participación de Cruz Roja para la prestación de la ayuda humanitaria.

Atención al migrante

La primera actuación en materia de ayuda humanitaria corre a cargo de Cruz Roja y consiste en la atención sanitaria, aunque hay que tener en cuenta que los migrantes que llegan a Balears proceden del norte de África y no presentan un deterioro físico como el de muchos subsaharianos que desembarcan en Canarias o Andalucía tras una penosa travesía. Eso hace que la migración irregular que recala en el archipiélago esté compuesta principalmente por varones jóvenes y sanos, que en la mayoría de los casos, lo más que presentan es alguna pequeña herida por un accidente durante una corta travesía o indicios de una insolación.

Debido a la pandemia, en estos meses hay medidas adicionales, como la toma de temperatura con cámaras termográficas, que ofrecen mayores garantías en relación al resultado y al mantenimiento de las distancias.

También se cubren sus necesidades más básicas con la entrega de ropa seca y de abrigo, kits de higiene y alimentos, en este último caso sobre todo bocadillos de queso o de atún para evitar la carne de cerdo, dado que la mayoría son musulmanes.

Por su parte, la Policía Nacional procede a hacer la ficha de cada persona y se le otorga un numero de identificación de extranjero (NIE) provisional.

A su vez, la llegada de menores en esta ocasión provoca la intervención del correspondiente departamento del Consell de Mallorca, que presta una atención especial a éstos y a sus madres.

También se ha contado con la colaboración del Ejército, que ha aportado las tiendas y camas de campaña para su uso por parte de estas personas.

Todos estos pasos se han dado en una terminal del Dique del Oeste de Palma, al aportar un espacio amplio, diáfano y con servicios para poder atender a un número tan elevado de migrantes.

Pero en las circunstancias actuales, se hace necesaria la participación de la conselleria de Salud para realizar las pruebas PCR con las que determinar si alguna de estas personas es portador del coronavirus. Estos análisis se han saldado con siete positivos, que además de ser aislados, hacen que tengan que ser confinados los que tuvieron el contacto más estrecho con ellos.

Confinados y no confinados

Dado que han llegado grandes grupos hacinados en pequeñas embarcaciones, la presencia de estos positivos conlleva que el confinamiento puede afectar a más de un centenar de migrantes, que aunque hayan dado negativo en esa primera prueba ahora deberán pasar un segundo PCR dentro de una semana.

Los que no son portadores de la enfermedad y además no han tenido contacto estrecho con los afectados pueden seguir retenidos durante 72 horas. Aquellos que acepten acogerse a los programas de ayuda humanitaria podrán desplazarse a partir de ese momento hasta los centros de acogida de que se dispone en diferentes ciudades españoles de la península (se les facilita el billete de barco), disfrutando ya de libertad de movimientos mientras se tramita su posible expulsión de país.

Pero esta última previsiblemente no llegará a producirse porque el objetivo de la mayoría de estos migrantes no es quedarse en España, sino partir con la mayor celeridad posible hacia otros países europeos, como Alemania o Francia, donde ya cuentan con conocidos o familiares.

Hay que tener en cuenta que, también a diferencia de muchos subsaharianos, estas personas llegadas del norte de África disponen en la mayoría de los casos de dinero y dispositivos móviles con los que ponerse en contacto con sus conocidos para ir hasta su destino final.

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