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Boulevard: Los jueces que no juzgan a Cursach, que cambien de trabajo

Si el epidemiólogo mayor del Reino elige Mallorca para refugiarse de la pandemia desatada en Madrid, entonces Fernando Simón nos indica que no estamos tan mal como pensamos

En plena pandemia, Son Espases  eximía de mascarilla en el hospital,  en la cafetería, en el ascensor. ¿Quién  era negacionista?

En plena pandemia, Son Espases eximía de mascarilla en el hospital, en la cafetería, en el ascensor. ¿Quién era negacionista?

Últimamente cito a menudo mi anécdota favorita de Guillem Vidal, el presidente de la Audiencia de Palma que es quizás el magistrado de mayor prestigio que ha dado Mallorca. El jurista fallecido se hallaba en su década al frente del Tribunal Superior de Cataluña, cuando coincidimos en la playa de Alcúdia. Por entonces ETA mataba a jueces, los había puesto en la diana, y su cargo convertía a Vidal en objetivo preferente. Le abordé sin embelecos:

—Debe ser difícil soportar la tensión de saberse señalado para un atentado.

Sé lo que me hubiera respondido un político, “es muy duro para nosotros y nuestras familias, nadie se lo puede imaginar pero resistimos por un bien superior y blablablá”. Vidal estaba hecho de otra pasta:

—El juez que no aguante la presión, que cambie de trabajo.

Solo es una de sus lecciones, que apliqué a los profesores reticentes y ahora a los seis magistrados seis de la Audiencia Provincial que, como Bartleby, preferirían no juzgar a Bartolomé Cursach por sentirse contaminados. Ni siquiera con la hipótesis tan probable de que el escándalo acabe con una salida a hombros y la proclamación como hijo ilustre. Con lo que cuesta poner de acuerdo a media docena de españoles, han encontrado tan poderosas razones para no enjuiciar al magnate que el cambio de oficio recomendado por su predecesor es casi una imposición terapéutica. 

Los magistrados abstencionistas hablan de “galimatías”, que por fuerza encajo como una alusión personal. Me vence la pereza de auscultar la idiosincrasia local, así que me limito a transcribir a mi mejor corresponsal. “Enormes los jueces, la causa es tan grande que desistimos. Muy buen chiste”. Hay que celebrar el sentido del humor en ámbitos ríspidos como la judicatura.

Los seis magistrados seis sentencian al retirarse. Los trabajadores con ERTE saben cómo reaccionaría un empresario a este pronunciamiento, aquí no habrá merma de honores ni haberes. A propósito, Guillem Vidal también se vio sometido al dilema de sus compañeros, cuando le exigieron que anulara las cintas del caso Calvià con el precedente de la grabaciones invalidadas de Rosendo Naseiro. Qué poco lo conocían. 

Vidal convalidó la incitación monetaria al concejal José Miguel Campos, y no solo condenó sino que se lamentó en sentencia de las escuálidas penas previstas por el Código. Recordó a los condenados que la sociedad sería más dura con ellos que la Audiencia. Cambió la historia de la corrupción en España, también al imponer nueve años de cárcel al magistrado Pascual Estevill. El coraje del juez fallecido es impensable en la Mallorca del coronavirus.

A propósito, si el epidemiólogo mayor del Reino elige la isla para refugiarse de la pandemia desatada en Madrid, entonces Fernando Simón nos indica que nuestro riesgo no debe ser tan grande como pensamos. Cedo gratuitamente este eslogan al Govern para su próximo plan piloto. 

El dióxido de cloro es la sustancia que divide a la medicina convencional del curanderismo asociado con la monja Forcades o con Josep Pàmies. Sin embargo, médicos mallorquines de acreditada solvencia y puestos más que directivos apoyan la utilización de la sustancia tabú contra el coronavirus, en otra demostración de que la pandemia ha saqueado las convicciones más arraigadas. Seguiremos informando y, ante todo, consulte a su médico. Ahora bien, en la imagen letrada que hoy nos ilustra se advierte que Son Espases eximía de mascarilla en el hospital, en la cafetería, en el ascensor. ¿Quién era negacionista?

Este mes ha fallecido en Mallorca Ted Halstead, a resultas de un accidente excursionista. Conmoción en Estados Unidos ante la desaparición del creador de los think thanks cimeros de Washington, un intelectual con tribuna de honor en los medios más importantes del mundo, conferenciante TED y árbitro de un compromiso climático sin vencedores ni vencidos. Un Kennedy contemporáneo. Vean Antebellum, la joya del verano.

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