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Crisis del coronavirus

Los vecinos de Eusebio Estada, resignados a permanecer confinados

La barriada se muestra preocupada por lo que supone esta medida, pero la mayoría cree que es necesaria para contener los contagios

Dos mujeres discuten en una frutería las razones que justifican que se adopten estas decisiones sanitarias.

Dos mujeres discuten en una frutería las razones que justifican que se adopten estas decisiones sanitarias.

Los vecinos de la barriada de Eusebio Estada, y de sus alrededores, estaban ayer resignados y aceptaban que no hay más remedio que adoptar medidas drásticas para que el coronavirus no se extienda. Y si para ello es necesario permanecer confinados durante unas horas y detener la actividad a partir de las diez de la noche, es un sacrificio que están dispuestos a cumplir.

Ayer por la mañana, antes y después de que se anunciaran los nombres de las calles donde se va a aplicar esta medida de contención sanitaria, el ambiente en la barriada era tranquilo. Y es que la mayoría de habitantes conocía con detalle la situación que estaba sufriendo esta zona de Palma, con altas cifras de contagiados y con un centro de salud desbordado por un exceso de pacientes.

Y a pesar de que los brotes en esta barriada están descontrolados, los trabajadores del centro de salud se quejaron de que no se ha aplicado medidas de seguridad para evitar contagios. Los administrativos se han convertido en la primera línea de atención a los pacientes que dicen que sufren síntomas de contagio y se ven obligados a atenderles sin que se haya colocado ninguna mampara de seguridad. Han sido ellos mismos los que han construido una especie de cordón de seguridad para que se mantengan las distancias.

La medida que impone la conselleria de Salut va a afectar, sobre todo, a los negocios de restauración, que a partir de mañana tendrán que cerrar a las diez de la noche. Es el caso del bar Pasodoble, cerca del ambulatorio, en el que sirven cenas todas las noches y a partir de mañana temen que se van a reducir los clientes. Rubén Triviño, un camarero de este negocio, reconoce que hubiera preferido que no se aplicara este confinamiento, pero también cree que “son medidas que tendremos que aceptar”. Está convencido de que está situación dificultará la actividad del negocio, en el que trabajan ocho personas, pero están dispuestos a reducir el horario si de esta forma se contiene el virus.

Y es que hay muchos vecinos que reconocen que en esta barriada de Palma no se han tomado muy en serio las medidas higiénicas que se deben adoptar para evitar los contagios. Es habitual ver pasear personas por la calle sin portar mascarilla y hay muchos vecinos siguen fumando en la calle. Y es por ello por lo que, en cierta forma, se entiende que el virus se ha descontrolado. 

Estamos dispuestos a reducir el horario del bar si de esta forma se contiene el virus

Rubén Triviño - Camarero

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En la frutería Hierbabuena, en la calle Eusebio Estada, los trabajadores comentaban ayer con las clientas que no saben muy bien en qué consistirán las medidas que impone el Govern. Así, Elvira Trapero reconoció que tenía muchas dudas sobre lo que podrá hacer a partir de mañana, pero sobre todo le preocupa si habrá por la calle suficiente control policial para evitar que la gente de la barriada pueda circular libremente por esta a partir de las diez de la noche.

El mismo grado de confusión muestra Encarnación Prades, una mujer jubilada que afirma que solo sale de su casa para ir a comprar a esta frutería, ya que el resto del día prefiere estar confinada. La mujer está sorprendida con el comportamiento que observa en muchas personas de su barriada, pero tampoco está satisfecha con el nivel de información que se les está proporcionando, ya que no sabe cuáles serán con exactitud las restricciones que representa ese confinamiento. Ello, sin embargo, no resta que no sea crítica con el comportamiento de muchos de sus vecinos, pero sobre todo le molesta que todavía se defienda que la pandemia no es importante. “Parece mentira que haya aún gente que siga negando que la situación es grave, porque en este barrio son muchos los que se niegan a ponerse guantes o llevar mascarilla”.

Pedro Cortés es jubilado y vive en una zona incluida en el mapa de confinamiento. De hecho, ya sabe lo que es superar una cuarentena porque uno de sus vecinos se contagió. El hombre cree que lo más importante es que la gente “ha de convencerse de que las normas se deben cumplir, porque de lo contrario no se llegará a controlar los contagios”. Al igual que otros vecinos asegura que no todo el mundo en el barrio cumple con las recomendaciones sanitarias y que es habitual que se cruce con personas que no llevan mascarilla, o la llevan sin taparse la boca, ni tampoco la nariz. Por ello, asegura que la principal culpa de este problema es “la irresponsabilidad que muestra la gente”.

Falta de concienciación

Catalina Moll es propietaria de una pastelería en la calle Eusebio Estada y aunque la limitación del horario no va a afectar a su negocio, sí teme que estas medidas restrictivas puedan limitar la actividad económica en las barriada. La empresaria, que cada día ve a miles de personas que pasan por delante de su negocio, también asegura que son muchos los que deciden no utilizar la mascarilla, por lo que no le extraña que el número de contagiados se haya disparado. “La gente en esta barriada no está concienciada del peligro que corremos y a muchos les cuesta mantener las distancias de seguridad”. Pero aunque esta medida restrictiva pueda afectar a la economía, Catalina sitúa la salud por encima de cualquier otra circunstancia. Reconoce que ella misma está asustada y que en su negocio ha tenido que colocar frente al mostrador una barrera de barriles de agua, para evitar que los clientes puedan invadir el espacio de seguridad.

Parece mentira que aún haya gente que siga negando que la situación es grave

Encarnación Prades - Jubilada

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Fernando Lujón es jubilado y pertenece al grupo de riesgo. Por ello, asegura que más que preocupado, “estoy aterrorizado”, y que por esta razón ha decidido limitar las salidas a la calle, ya que solo abandona su casa para ir a comprar o para acercarse al ambulatorio. También critica la actitud de mucha gente y por ello le cuesta creer que “todos los meses en los que la población ha permanecido confinada, no han servido de nada, ya que los contagios se han descontrolado”. Como ciudadano preocupado para que esta situación se termine, no le molesta que durante unos días no pueda salir de casa a determinadas horas, ya que considera que se trata de un pequeño sacrificio, frente a la gravedad de la pandemia del coronavirus.

Familias con problemas

Miguel Ángel Colom es el presidente de la Asociación de Vecinos de Bons Aires-Arxiduc, y dirige la organización benéfica Avaso, situada en la calle Francisco Sancho, un área que también quedará confinada a partir de mañana. Cada miércoles se reparte desde esta asociación comida para más de 300 personas, que viven por la zona y que se han quedado sin recursos para subsistir. El representante vecinal asegura que no entiende muy bien estas medidas que se están aplicando y pone el ejemplo de la barriada de Son Gotleu, donde el confinamiento únicamente está afectando a la actividad nocturna. “La gente no es consciente de la gravedad de lo que está pasando porque todos los mensajes que está recibiendo son incoherentes”, asegura. El activista asegura que la gente le traslada las dudas que está generando la situación, porque muchos no entienden que estas restricciones se apliquen a partir de las diez de la noche.”Parece que el virus solo contagia a partir de las diez de la noche, mientras que el resto del día no pasa nada”. Como tampoco entiende que ahora que el uso de mascarilla es obligatorio, se está contabilizando el mismo número de contagios que antes de que se adoptara esta medida. Como presidente de la asociación de vecinos fue informado de las medidas que se iban a aplicar, aunque está pendiente de mantener reuniones con el Ajuntamiento de Palma para analizar esta nueva situación.

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