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Psicología

Suicidio: una amenaza creciente

En los últimos seis años, 560 personas se han quitado la vida en Balears

Las llamadas al Teléfono de la Esperanza se han duplicado este año.

Las llamadas al Teléfono de la Esperanza se han duplicado este año. B. Ramon

En los últimos seis años, 560 personas se han suicidado en Balears. Una cada cuatro días, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Tras el descenso de las cifras registrado en 2018, la pandemia que ha sacudido nuestras vidas ha provocado ya un incremento del número de suicidios intentados y consumados, según alerta el decano del Colegio Oficial de Psicología de las Illes Balears (COPIB), Javier Torres Ailhaud, que vincula directamente este aumento a la crisis del coronavirus. Una amenaza creciente, advierte, al tiempo que reclama más recursos en la sanidad pública para detectar casos de riesgo de manera precoz coincidiendo con la celebración, el pasado jueves, del Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

“Es un hecho muy claro que ha habido un aumento de suicidios y tentativas en los últimos meses, relacionados con la situación del coronavirus”, señala Torres. Hasta el pasado 31 de agosto, el Grupo de Intervención Psicológica de Emergencias, Crisis y Catástrofes (GIPEC) fue activado 48 veces por el 112 para atender 21 suicidios consumados y 27 tentativas. Las causas son variadas. “Hay muchas familias que han perdido a seres queridos por la pandemia y no saben manejar la situación de duelo. Muchas personas padecen una soledad que no saben gestionar. Hay gente con trastornos mentales que se han agravado debido a esta situación. Otros afrontan un desempleo que no entraba en su estructura vital: los recursos económicos van a disminuir y esto genera muchos problemas”, apunta.

Durante los meses del confinamiento, los casos de suicidios descendieron. Fue al concluir las restricciones más severas cuando se detectó el repunte. “La gente empezó a ver que la situación se iba a prolongar y empezaron a hacerse patentes las graves consecuencias económicas”, señala el decano del COPIB. Las llamadas al Teléfono de la Esperanza en Balears prácticamente se duplicaron en la primera mitad de 2020, periodo en el que un total de 1.058 personas solicitaron ayuda a la entidad, 24 de ellos por temática suicida, respecto al año anterior.

Para Torres, la relación entre las situaciones de crisis social y el incremento de los suicidios es “evidente”. La recesión económica que comenzó en el año 2008 se tradujo de forma inmediata en un aumento del número de personas que se quitaron la vida en las islas. Durante la década que siguió al crack financiero, en Balears se registraron máximos históricos, con más de cien casos anuales en 2009, 2013 y 2017. Y las cifras pueden ser solo “la punta del iceberg de un problema mucho más grave”, incide Torres. “Hay suicidios que pasan desapercibidos o quedan enmascarados como un accidente de tráfico, por ejemplo”

Las heridas abiertas por las crisis del coronavirus, que tardarán mucho tiempo en cicatrizar, no invitan al optimismo. ¿Cómo evitar que la angustia y la frustración empujen al suicidio? Para el decano de los psicólogos no hay más camino que la detección precoz y la prevención. Lo que implica aumentar los recursos públicos. “Reivindicamos a las instituciones que no se deje de lado esta situación. Pedimos que se refuercen con profesionales de la psicología las unidades de atención y prevención del suicidio en los hospitales, donde el número de profesionales es insuficiente”, reclama. 

Además del servicio que se presta en los hospitales, Torres considera fundamental que se dote a la atención primaria de estos recursos. “Es en los centros de salud donde se puede detectar esa demanda encubierta de ayuda que hace el paciente, que inicialmente no dice que tiene ideación suicida, pero expone situaciones que vive con mucha angustia. Cuanto antes trabajemos con esa persona, mucho mejor. De ahí que hablemos de intervención temprana. Se trata de intentar atajar el problema antes de que se agrave”, señala. “Lo ideal sería que en cada centro hubiera un psicólogo de atención primaria. No es una utopía; en otras comunidades, como Madrid y Navarra ya está implantados desde hace años”, reivindica el decano del COPIB.

Torres reconoce que con los recursos actuales es complicado prestar la atención necesaria en los centros de salud. “Los médicos tienen un tiempo muy limitado. En diez minutos, lo que se hace desgraciadamente es medicalizar y recetar un antidepresivo o un ansiolítico. Pero está demostrado que el trabajo terapéutico es mucho más rentable que una medicación. No es una crítica al sector médico, no quiere decir que en algunos casos deba medicarse, pero debería ser un complemento de la atención terapéutica”.

Hablar del suicidio sigue siendo difícil. Un estigma que dificulta la atención. “Queda mucho por hacer y queremos poner sobre la mesa la importancia de la intervención. Una persona que llama al 112 o la Policía con una ideación suicida, no basta con que a los 10 minutos ya no tenga esa ideación. Hay que hacer un seguimiento y trabajar desde el primer momento”, incide. La situación que ha provocado esa ideación suicida es “difícil de atajar por parte de médicos y psicólogos, no se arregla en dos meses. Lo que hemos de hacer es implementar recursos para trabajar con esa persona el tiempo necesario para que sepa gestionarlo y afrontarlo, y que tenga la capacidad de pedir ayuda en el momento que perciba que está llegando al límite”.

Las familias, pieza clave

El papel de las familias es esencial para hacer frente a esta problemática. Tanto en los suicidios consumados como en las tentativas, en “la familia hay una afectación psicológica que muchas veces no se sabe como atajar”, explica Torres, que insiste en que también ahí “es muy importante el trabajo del profesional de la psicología”

Hace dos años se fundó la Asociación de Amigos y Familiares Supervivientes por Suicidio de las Illes Balears (AFASIB), creada para dar apoyo, información y voz a todas las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido por suicidio y servir de punto de reunión para afrentar el proceso de la pérdida, compartiendo conocimientos y experiencias.

Suicidio: una amenaza creciente

Teléfono de la esperanza

971 461 112

Funciona las 24 horas del día, 

los 365 días del año, y está atendido 

por voluntarios especializados.

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