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Mallorca es el Son Gotleu de la Europa de la covid

La Sindicatura de Cuentas se está desmantelando para nutrir al Pacto, desde la consellera de Hacienda o la presidenta del Consell a la que fuera secretaria general en el Govern Bauzá

El verano sin turistas permite a los hermanos Pau y Martín excelentes capturas en pesca con caña desde la arena de la playa de Alcúdia.

El fin de curso ha estado a punto de preceder a su inicio, una inversión contagiosa de la realidad. Así, el Govern exige a Son Gotleu que no solo se cure, sino que también sane a toda Mallorca. En el último garrotazo, el Financial Times acaba de publicar dos gráficos demoledores, “La tasa de infección de España es la más alta de Europa” y “Cada vez más test españoles dan positivo". El citado país triplica a sus perseguidores.

Coincidimos en que las tribulaciones de nuestros vecinos españoles nos traen sin cuidado. El problema surge con el comentario de un lector del Financial Times a las tablas citadas. “El Gobierno español falsificó los datos de muertos por coronavirus para salvar la temporada turística, y arruinó su credibilidad. Yo tenía planeado visitar Mallorca en marzo, y después de nuevo a finales de septiembre, pero al ver estos números, de ninguna manera”. Estamos peor que España, y lo saben.

En consecuencia, el hotel Jumeirah del Port de Sóller cerró a finales de agosto, el Mardavall interrumpe por dos semanas la actividad en septiembre, el Formentor no admite reservas a partir del día 20. Un daño de dimensiones incalculables en la clientela más deseada. Ya que las autoridades mallorquinas van señalando, la isla es el Son Gotleu de la Europa de la covid. Con los criterios impuestos por el Govern a la barriada palmesana, toda Mallorca debería encerrarse en sí misma

El Govern actúa desde la superioridad moral, que siempre encuentra un sostén estadístico. Los progresistas hubieran censurado salvajemente a Trump, si hubiera cerrado los barrios pobres y negros más afectados de Nueva York. En Mallorca, el confinamiento más exacto enclaustraría a las personas que hayan viajado a los focos de Madrid y Barcelona desde julio, salvo que esta lista incluye a miembros del ejecutivo empezando por su presidenta. Nadie sabe cómo nos metimos en ésta, y todavía menos cómo salir.

Algún confinador debe explicarme por qué puedo comer en un restaurante cerrado, y no puedo beber una botella de agua en el cine. Las empleadas de los bares de salas cinematográficas que se han quedado sin trabajo son mis mejores amigas, ojalá los políticos que las han condenado al paro compartan pronto la experiencia. Y además, no era indispensable. Roselyn Bachelot la ministra francesa de Cultura, le declara a Le Monde que “recuerdo que se autoriza a consumir alimentos en las salas de cine, un elemento de rentabilidad. ¡Te puedes quitar la mascarilla para comer tu popcorn!” En Mallorca, ya no.

La Sindicatura de Cuentas se está desmantelando para nutrir al Pacto. La consellera de Hacienda, Rosario Sánchez, y Cati Cladera son funcionarias de la institución. De allí procede también Carmen Cuart, nombrada directora Insular de Presupuestos por la presidenta socialista del Consell, seguramente por el excelente trabajo de la digitada en el Govern de José Ramón Bauzá. Allí desempeñó la secretaría general técnica de Joaquín García, conseller de Economía del PP.

Se ha extraído asimismo de la Sindicatura al Interventor General, al mismo cargo de la Universitat, a una jefa de área de la Oficina Anticorrupción, a dos inspectores de dicha Agencia y a una jefa de departamento del SOIB. Si desea hacer carrera indistintamente con PP y PSOE, ya sabe lo que le toca. Por cierto, la convocatoria este septiembre de tres jefaturas de departamento en Turismo y SOIB, a decidir por libre designación, se traduce en la dimisión de los predecesores. Es extraño el abandono masivo de puestos a 60 mil euros anuales. No le aguantan el ritmo.    

Pese a todo, hay infinitas perspectivas del verano inédito sin turistas. Por ejemplo, los hermanos mallorquines Pau y Martín muestran, en la imagen que hoy nos ilustra, las excelentes capturas de pesca con caña que han podido realizar desde la misma arena de la playa de Alcúdia.

Ninguna mujer que haya odiado alguna vez a un hombre debería perderse Mujeres que no perdonan, de Camilla Läckberg. Y al tratarse de una autora sueca, todas ustedes ya habrán adivinado que esta invectiva contiene una mención obligatoria a Mallora. “Una foto de Palma” se convierte en la pieza incriminatoria de un desaprensivo que engaña a su pareja. Qué cosas suceden en otros sitios. 

Reflexión dominical embozada: “La prohibición de quitarse las mascarillas afecta también a las máscaras”.

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