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Lletra menuda

Una exquisitez inquietante

Han transcurrido prácticamente cinco días desde el registro de las instalaciones de la Autoridad Portuaria y la imputación de su cúpula y la...

Una exquisitez inquietante

Han transcurrido prácticamente cinco días desde el registro de las instalaciones de la Autoridad Portuaria y la imputación de su cúpula y la presidenta del Govern sigue en silencio. Francina Armengol está entregada a la reflexión y a las cábalas para ver cómo puede maquillar unos nombramientos que siempre se le han discutido y ella jamás ha explicado. Con puertos y amarres de por medio la política adquiere, por lo menos en Balears, mayor intensidad de opacidad y degradación. Solo desde esta triste realidad puede entenderse el atraque fondeado de decisiones inaplazables que mantiene el Ejecutivo autonómico.

El cese de Juan Gual de Torrella no puede prolongarse muchas horas más porque, de lo contrario, el hedor de las aguas pestilentes de la corrupción se volverá asfixiante en el Consolat de la Mar.

Cautela, presunción de inocencia y escasa información son los apelativos en los que se parapeta el Govern y hasta la oposición, para reaccionar a cámara lenta y en diferido ante el volqueo policial de ordenadores y papeles en la sede de la Autoridad Portuaria con la consiguiente puesta a disposición judicial de sus dirigentes. Por supuesto, no haremos quiniela ni borrador avanzado de acusaciones, pero, dado que los presuntos hechos que se imputan no se han obrado con caña de pescar, la cirugía preventiva del cese o la dimisión hubiera sido mucho más higiénica, tanto para las instituciones como para las personas directamente afectadas.

Se está haciendo todo lo contrario. La pasividad se vuelve clamorosa y ante ella la sobredosis de exquisitez y cautela emite un mensaje que causa inquietud y estupor al ciudadana. Denuncias y largos meses de investigación obligan a actuar a todos menos al Govern porque se presume que la entidad que preside Gual de Torrella ha otorgado concesiones irregulares y puede haberse usado el entramado de la Autoridad Portuaria para liquidar deudas de Menú, la quebrada empresa familiar del presidente. No es poca monta entre tanta concesión millonaria de Ports.

Una de dos, o la clase política se ha precipitado al exigir ceses inmediatos en anteriores casos semejantes de corrupción en fase de investigación, o bien los pies de plomo con los que se paraliza ahora obedecen a motivos más oscuros y profundos.

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