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Opinión

La consellera hunde las mascarillas (y al Govern)

"Esta norma cambia poco", "en realidad ya existe la obligación", "es difícil precisar", "yo diría que depende"

La consellera hunde las mascarillas (y al Govern)

La consellera hunde las mascarillas (y al Govern)

Los paseos al lado del mar son marítimos". Esta frase supone sin duda un momento cumbre en la comunicación del Govern con sus ciudadanos. Pronunciada por Patricia Gómez, desmiente con severidad la ilusión de quienes ayer mismo escribían que había costado tres días imbuir a la consellera de Sanidad de la resolución que iba a firmar en solitario, pero que finalmente se había culminado el arduo objetivo.

Es inadmisible que se autorice a IB3 la emisión en directo de una rueda de prensa de Gómez, una programación que solo puede entenderse como un acto de hostilidad hacia el Govern, inadmisible en un medio público. Gracias a este documento para la posteridad, es posible que se acelere un cambio en el Consolat, al mismo tiempo que se fomenta el regocijo de la población tan urgente en tiempos de pandemia.

La teórica consellera de Sanidad no supo explicar la diferencia entre los "paseos marítimos" exentos de mascarilla y otras calles condenadas a su uso, salvo unas misteriosas "corrientes de aire". Acorralada por las preguntas, se excusa en que "esta norma cambia poco" sobre la legislación precedente, lo cual obliga a preguntar por qué se instrumenta una medida coactiva estéril.

Sostiene Gómez que "en realidad ya existe la obligación" de la mascarilla. De nuevo, por qué obstinarse entonces en una resolución redundante. Desliza de repente que las multas serán de "hasta cien euros", cuando le flanqueaba la asesora Marga Frontera que el jueves había anunciado sanciones que arrancarían de dicha cifra. Claro que el retraso infinito en la publicación en el BOIB se debe a "las dudas que había inicialmente", y que desde luego no se han solventado.

La pièce de résistance de la consellera francófona llegó a la hora de retirar la anunciada obligación de mascarilla en bares y restaurantes. Ante la obligada pregunta, empezó con un adictivo "es difícil precisar", aunque llevan una semana precisando la resolución. Se apuntó después a un categórico "yo diría que depende del tiempo". Y cuando parecía imposible empeorar la situación, aclaró que no hay que comer embozado "si entre plato y plato hay poco tiempo". Ya metida en el pozo, siguió aclarando que otra cosa es "una larga sobremesa". Sin duda, una normativa imprescindible por diáfana.

Con diez minutos más de rueda de prensa, Gómez hubiera declarado que el coronavirus no existe. No vale la pena aclarar que donde dice "concurrir" se trata de "incurrir", pero conviene aclarar que la miembro del Govern comisionada por Armengol en una clara elusión de su responsabilidad presidencial, no puede ser absuelta por ignorancia.

Los expertos insisten en que, al margen de la mascarilla, la base del éxito radica en la PCR en origen a los turistas. Y aquí los titubeos de Gómez adquirieron un sesgo culpable. Desvió la atención hacia el especioso argumento de que los test "tuvieron significado en un momento determinado", referido a los nativos cuando se le había preguntado por visitantes del exterior.

En una sola intervención, Gómez no solo hundió la necesidad de las mascarillas, también provocó el naufragio de un Govern que no tiene nada mejor que ofrecer en el momento más arduo de la historia de Balears. Quedó claro que el único objetivo de las mascarillas obligatorias que ya no lo son, y que multarán "los servicios de inspección" (?), es contar con la población autóctona como cabeza de turco. En realidad, hasta el ministro alemán de Sanidad sabe que sus compatriotas desencadenarán el regreso del coronavirus. Y si el control de las bacanales veraniegas corre a cargo del coronel Jaime Barceló, todo está perdido.

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